@2019 REVISTA MANTIS

  • Instagram - Negro Círculo
  • Facebook - Círculo Negro
  • Twitter - Círculo Negro
  • REVISTA MANTIS

Yo estoy al derecho, dade vuelta estás vos

Por Lucía Lago -


A muchas personas les gusta opinar sobre la forma de usar el lenguaje de les demás. “Estos negros no saben hablar”, le habré escuchado más de una vez a algune señore por la calle, o habré leído en algún comentario de Facebook. “¿Cómo puede ser que una maestra se coma las eses?” “Hablá bien, no hables como villero”. Desde que soy chica, me enseñaron que existe un “hablar bien” y un “hablar mal”. El hablar bien es el castellano que describe la Academia Argentina de Letras; es el que se habla en los noticieros, el que hablaban la mayoría de las figuras públicas, el que hablaba mi familia de clase media. Las personas que se comían las eses, que utilizaban palabras como “wacho” o que usaban una entonación distinta a la considerada correcta hablaban mal. Tinelli hablaba bien, Tévez hablaba mal. Clarísimo. Y que no se le ocurra a nadie hablar como “villero” en un medio de comunicación, en un colegio, en un acto público: no, eso está reservado para la intimidad, para la vida privada. No para el mundo político o público.

Ilustración por María Emilia Giordano -

Esta idea de que hay formas de hablar más “correctas” que otras no es nada nuevo ni propio del mundo porteño. En Estados Unidos, les afrodescendientes hablan una variedad de inglés a la que se conoce como AAVE (Inglés Afroamericano Vernáculo). Elles se comunican perfectamente utilizando esta variedad lingüística, que sin embargo es considerada inculta por la sociedad, manejada en su mayoría por personas blancas. Cuando una persona negra habla con un dialecto similar al de les blanques, le dicen que “habla muy bien” y le felicitan. Su dialecto no es reconocido como válido por fuera de su círculo social. En España, les hablantes de catalán son tratades con prejuicio y hasta discriminades por utilizar su lengua, que es uno de los idiomas oficiales del país. ¿De dónde surge la idea de que hay formas de hablar más correctas que otras? ¿Quién lo decide? ¿El diccionario? Hay demasiados diccionarios como para ponernos de acuerdo entre todos, y hasta existen diccionarios de vulgarismos y de habla coloquial. A pesar de que acusamos a le otre de hablar mal, no podemos definir qué constituye el “hablar bien”. Es un constructo generado a nivel social, al igual que muchas otras normas. Solamente sabemos que si alguien no cumple con ese esquema, habla mal; si habla mal es alguien que no está educado, y seguramente sea un “negro”, un villero, un pobre, alguien cuya actitud no hay que imitar sino evitar.


Hablemos un poco de teoría. El lingüista anti-Macri más importante del siglo 20, Noam Chomsky, desarrolló una teoría que se llama “gramática generativa”. No me voy a meter en detalles aburridos, pero sí me gustaría rescatar una de sus ideas más importantes: todos los seres humanos tenemos lenguaje en la cabeza. Todes nacemos con un organito en el cerebro que dice “el idioma va aquí”, y a medida que vamos creciendo, llenamos ese organito con español, con chino mandarín o con lengua de señas argentina. A menos que tengamos un ACV o una rara enfermedad genética, o que suframos un muy fuerte daño cerebral a causa de un golpe, este órgano es igual en la cabeza de todes. Y la función que cumple es satisfacer una de las necesidades más importantes que tenemos las personas: comunicarnos. Y cumple su función muy pero muy bien.


Imaginemos algo. Si tenemos un país en el que la mayoría de la gente habla castellano, y el país tiene el tamaño suficiente, las personas que viven al norte van a interactuar entre sí, las que viven al sur van a interactuar entre sí, y así. Con el correr del tiempo, las personas del norte van a desarrollar su forma de hablar, las del sur la suya; van a ir generando vocabulario nuevo, estructuras gramaticales nuevas, entonaciones nuevas para las palabras. Si pasa mucho tiempo, y si estas poblaciones no se hablan casi nada entre sí, puede que llegue un día en el que ya los del norte y los del sur no se entiendan más. Así de fuerte es la evolución lingüística, y así es como aparecen los idiomas.


Así, también, es como se desarrollan las tonadas y los dialectos. Esa es la razón por la que une argentine habla distinto a une venezolane, y por la que une rosarine habla distinto a une entrerriane. Pero la diferencia entre dialectos no implica siempre una distancia geográfica.


Pensemos en las diferencias que se pueden dar dentro de una misma sociedad, como el ya mencionado caso de la comunidad afro en EE.UU. Esa variedad del inglés apareció porque un grupo social fue separado de otro, y en consecuencia, su desarrollo lingüístico también. A este tipo de dialectos, asociados con un grupo social determinado, se los llama sociolectos (en el caso de las personas afro-estadounidenses se puede hablar, también, de un etnolecto: un dialecto asociado a un grupo étnico). Este inglés no es inferior al inglés que se habla en la Fox News, solo es distinto.


Esta clase de separaciones lingüísticas se extienden, también, a los grupos de clase. Así como les negres desarrollaron su propio dialecto en EE.UU., en todas partes del mundo quienes forman parte de la clase trabajadora, les desocupades y las personas que sufren la marginación social desarrollan su propio sociolecto. Estos sociolectos no están “mal”, ni son incorrectos, ni son deformaciones de la lengua castellana. No consideraríamos incorrecta la forma de hablar de una persona cordobesa sólo por hablar como hablan les cordobeses; no hay razón para determinar que como hablan algunos grupos de clase es incorrecta. Lo único incorrecto en el mundo de la lingüística es no tener en cuenta ni respetar el idioma o la forma de hablar de otra persona. La próxima que nos preguntemos por qué alguien habla de una forma que no nos gusta, cuestionémonos primero por qué a nosotres nos molesta tanto, y pensemos que siempre otra persona opina lo mismo de nosotres.