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Voicot, con V de Veganismo

Por Emilia Holstein -


“Antes fuimos publicistas y fotógrafos, fuimos escritores también, pero ahora somos activistas por los derechos animales no por un tema de sensibilidad, sino por un tema de justicia”. Así se definen les integrantes de Voicot, con V de veganismo. Desde el 2010 Malena Blanco y Federico Callegari se encontraron en la necesidad de construir un espacio para modificar la situación de los animales y cómo la sociedad los percibe. Así nació Voicot, una combinación entre arte, profesión y activismo que fue creciendo sostenidamente.


En busca de ser coherentes con sus pensamientos y sentimientos en relación a los animales, Blanco y Callegari probaron distintas formas de ponerse en acción en pos de una realidad más justa para humanos y animales. Primero crearon la Fundación Amora, que buscaba educar sobre los animales: entenderlos como seres sintientes y concientizar acerca del sufrimiento al que son sometidos. Pero no se sintieron del todo cómodes con la tarea de hacer talleres y recorrer espacios educativos, así que en 2014, en un viaje laboral a Nueva York, realizaron su primera acción en la Fashion Week. En ese momento, el boicot se pensó para sabotear a las grandes marcas y transmitir un mensaje contrahegemónico. “La primera remera la dibujó Fede y puso ‘Fuck Fur Fashion’, todo a mano. Somos publicistas y pensábamos en cómo hacer para que la gente llevara el mensaje, por eso las remeras”, explica Malena acerca de la experiencia.



“Ahí arrancamos los dos, arrancó el amor y arrancó todo. Fue todo al mismo tiempo. En Voicot encontramos un espacio para activar los dos”, dice Malena Blanco quien hace hincapié en el trabajo a pulmón que representaron los primeros años. En un proceso progresivo y orgánico ambes fueron construyendo el movimiento artístico, aprendiendo de manera autodidacta aquello que necesitaban para lograr difundir el mensaje lo más lejos posible, desde serigrafía para estampar remeras hasta la manera de filmar y editar videos de realidad virtual. “Hasta el día de hoy el 100% de los productos que vendemos de Voicot, más allá de sostener el movimiento, están pensados para que hagas activismo, para que te nutras la cabeza y las ideas con libros, para que lleves el mensaje”, comenta la fundadora.


Voicot fue pensado desde las posibilidades que les brindaban los conocimientos previos que tenían en el ámbito de la publicidad. Ambes habían trabajado por años en una industria que les decía que “publicidad es venderle a la gente todo lo que no necesita”, frase que resuena en Blanco desde que comenzó en el rubro y a la cual han intentado deconstruir desde la organización. Siempre desde la perspectiva del activismo por los derechos de los animales, la organización se plantea profesionalizarse y ser un espacio donde las personas puedan encontrar el placer de llevar adelante su vocación y que también les permita trabajar en línea con su ideología. “Desde lo personal creo que el movimiento tiene que profesionalizarse. No puede seguir siendo gente compasiva que le gustan los animalitos y hace todo pidiendo favores. Creo que la gente tiene que cobrar por esto. Yo quiero que la gente trabaje en esto”, dice Blanco y recuerda que esta es la manera en la que se organiza la mayor parte del activismo, al menos a nivel nacional.


Desde esta perspectiva el movimiento artístico se desarrolló exponencialmente en el último tiempo. A partir de distintas colaboraciones de entidades internacionales, que les permitieron entender cómo funciona este tipo de activismo en otros países, Callegari y Blanco realizaron acciones de investigación tanto escrita como audiovisual y múltiples campañas artísticas para visibilizar los métodos sanguinarios que se utilizan en la industria ganadera local. Sobre cómo había sobrellevado la experiencia de documentar la realidad de los mataderos, Blanco responde: “Es algo que está pasando y que va a pasar. Vos sos una herramienta. Cuando lo pensás así, más allá de que hay algo que se te rompe para siempre, sos fría. Sabía que no iba a salvar a ese animal, pero sí a un montón más si lograba hacer que la gente viera lo que está pasando”. Cada investigación y acción artística fue para elles un aprendizaje que les llevó a desarrollar cada vez nuevos y mejores métodos para que el mensaje se difundiera sin depender de sus cuatro manos, que comenzaban a ser insuficientes. “Pensamos una forma de organización, como otras organizaciones, donde cualquiera puede hablar, y no se necesite de los creadores o fundadores. La forma es ‘Difusión B’, el marco activista de Voicot: son células independientes que salen a pegar afiches”, devela la activista. Estos afiches a los que refiere son los clásicos de los recitales de cumbia. Los eligieron por ser económicos y simples de producir. Hoy en día los venden al costo para que cualquiera pueda pegarlos, y también se pueden descargar en PDF desde su página.


En el crecimiento de la organización se ve reflejado un cambio profundo en la sociedad que está cuestionando muchos aspectos cristalizados de su conformación. Blanco recuerda que el veganismo no es sino otro de los tantos movimientos que se oponen a la opresión del sistema. Es un punto de partida desde el cual todas las desigualdades se hacen evidentes. El veganismo y el activismo por los derechos de los animales llevan a cuestionarlo todo. Con su pañuelo verde en la mochila, Blanco sostiene que hay que empezar a levantar juntes todas las banderas por un mundo más justo, y pensar la lucha de manera interseccional.

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