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Una historia que duele. Entrevista a Identidad Marrón

Por Camila Pichardo -

Fotografía por Sol Avena -

Identidad Marrón es un colectivo integrado por hijes y nietes de personas indígenas y campesinas de Latinoamérica. Nace hace aproximadamente tres años como un espacio de debate, de preguntas conjuntas, de puesta en palabras de sentimientos que duelen. Duelen porque cuestionan la compleja temática del racismo estructural que hay en Argentina y que resuena en el entramado de la construcción de las identidades. Así lo definen Chana Mamani, trabajadora social y escribiente de relatos eróticos Aymara, y Flora Alvarado, estudiante de Licenciatura en Artes Visuales en la UNA.


Las trayectorias propias convergen —desde distintos tipos de militancia o activismos— en talleres, mateadas o ciclos de cine para tejer experiencias conjuntas. Uno de los principales ejes de los debates es la visibilización de los cuerpos marrones en los productos culturales. ¿Se encuentran? Si están, ¿De qué forma se representan, qué roles ocupan? ¿Se visibilizan de acuerdo a sus mismas percepciones? ¿O son representaciones estereotipadas?


En el mes de abril se llevaron a cabo encuentros/debates con distintas temáticas para poder mirar de adentro para afuera y producir textos propios, que repliquen sus reflexiones y representaciones: ¿La belleza puede ser marrona?, Racialización del trabajo precario, Nuestras representaciones en la televisión, publicidad y cine, y La marronidad, ¿dentro o fuera? de la diversidad LGTBQI+.


“Lo marrón tiene curvas y tiene otras formas de construirse desde la corporalidad, desde la piel. Es habilitarlo y que esa visibilidad pueda surgir desde la palabra hacia una corporalidad política” reflexiona Chana, y se pregunta por los entramados racistas que determinan que lo “lindo” y hegemónico sean los cuerpos blancos.


En el taller Racialización del trabajo precario estuvo como invitada a Doris Rivas, trabajadora del consulado del Salvador en Argentina, que mostró cómo es el panorama de las empleadas domésticas, y cómo estas, en su mayoría, son personas racializadas. ¿Quiénes son las que realizan los trabajos domésticos de limpieza y/o cuidado de niñes? ¿En los hogares de quiénes trabajan? En relación con esta temática, el pasado 8M visibilizaron carteles que llevaban frases como “pagar los aportes de las empleadas también es sororidad” o “somos las hijas de las empleadas domésticas a las que no dejás venir a la marcha”.


Una de las aspiraciones del colectivo es realizar encuentros y debates no sólo dentro sino también fuera de la Capital Federal, ya que la zona del Gran Buenos Aires es el territorio con mayor densidad de población marrón precarizada. Chana afirma: “Quienes efectivamente realizan un apoyo social en los barrios más periféricos somos todas mujeres y disidencias: comedores, copas de leche, laburos territoriales, alfabetizaciones. Cuando hay que estar en las calles hay una estructura de color, y esa corporalidad política que es marrón”.


Los cuerpos que son representados en telenovelas, en publicidades o en el cine como “bellos” son mayoritariamente blancos, eurocentristas y colonizadores. Florencia Mamani, cineasta e integrante del colectivo, produce talleres de cine-debate donde se comparan los estereotipos representados en la pantalla con la realidad. Flora nos cuenta que, por ejemplo, “en los primeros films se han producido representaciones sobre la campaña del desierto donde ni siquiera se ponían personas marrones o indígenas, sino que eran personas blancas pintadas de marrón, algo así como un brownface”.


Flora relata cómo decidió romper con ese racismo que reside en las concepciones clásicas del arte y cómo utiliza su profesión como campo de batalla político: “Me doy cuenta que en los dibujos que hacía antes, pintaba con colores un poco más 'rosita', más piel blanca, y ahora me doy cuenta de que yo no quiero hacer esto. Yo quiero hacer algo que me represente, que me identifique y que sea mi marca de lucha. Entiendo que mi posición, mi lugar, mi corporalidad, representa otra cosa. No voy a seguir con un canon o algo por el estilo, sino que el canon que yo voy a hacer lo voy a hacer yo misma con mis propias herramientas”.


Todas esas representaciones simbólicas encarnan en sus pieles y, a su vez, chocan con un contexto de ascenso del movimiento feminista donde es necesario cuestionar las dinámicas y herramientas de construcción política. “Resaltamos aquellos feminismos que están centralizados, lo cual no es novedoso. Hay una visión bastante blanca, lineal, universal acerca de los cuerpos, del deseo, del erotismo, etc., que (nos) hace justamente repensarnos respecto a la sexualidad no hegemónica”, cuenta Chana. Y en relación a la comunidad LGTBQI+, agrega: “En este sentido, nos preguntamos por los límites de lo que está por dentro o por fuera (de ella)”.


Fotografía por Sol Avena -

Para desplegar sobre la mesa aquellos intersticios por los que se asoma el racismo naturalizado, una de las estrategias comunicativas que utilizaron fue realizar una intervención ilustrativa a la fotografía de portada del libro La revolución de las hijas, de Luciana Peker. La tapa original del libro consistía en fotos de mujeres blancas en una marcha. El colectivo recreó la imagen utilizando fotos de sus integrantes marronas. En el lugar del título aparecían en grandes letras las palabras La revolución de las marronas. Las repercusiones se hicieron sentir en los debates hacia adentro del feminismo. La publicación aclaraba que no se trataba de un ataque personal a la autora, sino una invitación a pensar: ¿Quiénes son las hijas? ¿De qué tipo de revolución estamos hablando? ¿Cómo se construye una imagen? ¿Qué cuerpos aparecen en las tapas de revistas y libros, en general?


Otro de los ejes que atraviesan a la colectiva marrón, es, por supuesto, el de la política institucional. El gobierno actual alienta políticas donde las construcciones de la otredad son racistas, xenófobas y persecutorias. Un DNU emitido por el Poder Ejecutivo en enero admite un plazo de solo tres días para la regularización de trámites migratorios, y en caso de que no se lleve a cabo el papeleo requerido, la Dirección Nacional de Migraciones tiene la obligación de retener a la persona para luego deportarla. Las expulsiones arbitrarias que ocurrieron luego de implementar el DNU violaron derechos esenciales y legítimos, como el principio de reunificación familiar. Ni hablar del trámite para obtener el documento nacional de identidad, que se hace por Internet y puede tardar un año.


“La exacerbación de las políticas actuales es notable, se ataca la alteridad. Ni bien empezó este gobierno, en los espacios migrantes, empezamos a buscar o a generar ciertas alianzas con otros espacios. La persecución va por todo aquel que no es parte de ese proyecto que intentan implementar. El primer saldo fue Milagro Sala. Fue la primera mujer, indígena, marrón, sindicalista, organizativa, que fue privada de la libertad ni bien asumió este gobierno con insultos y agresiones racistas hacia ella. Un odio tremendamente cargado en el cuerpo de una, y todas sus compañeras”, relata Chana.


Identidad Marrón es un colectivo que arroja luz más sobre dudas que respuestas. En esa experiencia compartida de exteriorizar sentires soportados desde la experiencia personal se busca lograr poner en palabras y construir a través de ello una nueva forma de habitar la propia piel: porque lo personal es político y lo que no se nombra no existe, de allí la necesidad de visibilizar el racismo estructural existente.


Fotografía por Sol Avena -

Fotografía por Sol Avena -