• REVISTA MANTIS

Un día me pintó relatar para compartir

Por Jesús Vázquez -

CABA, 14 de marzo 2020


Hoy no fue un día más. Me levanté temprano, me bañé y salí corriendo al Joaquín. Necesitaba de esa rutina que siempre hago antes de rendir: tomar el colectivo, ir a un bar, pedir un tostado y un café con leche. Esperé a mi compañera. Después, rendimos y nos fue bien.


Era una materia que me voló la cabeza. Se llama “Aspectos históricos y antropológicos de la sexualidad”. Pude entender muchas más cosas que antes. Nunca me había dado cuenta de que, con terapia, talleres que hice, reiki y biodecodificación, ya había iniciado mi proceso de deconstrucción, algo de lo que se habla tanto hoy en día.


La materia en cuestión, en pocas palabras, trata la opresión de las mujeres en nuestras sociedades. Jamás imaginé que la opresión hacia ellas llegaba hasta tanto, hasta ser regaladas, hasta ser propiedad del hombre inclusive hoy en día.


Esto me llevó a pensar en las disidencias. Ahí, comprendí, me encuentro yo.

Fotografía por Florencia Berdichevsky -

Este verano fui a un camping con una amiga. Al llegar tomamos el único lugar libre. Este lugar que era al lado de dos grupos de hombres. No pararon de mirarnos. Yo sentado y mi amiga haciendo el fuego. A ella le encanta la onda camping y hacer fuego. Los tipos miraban desencajados con miradas cuestionadoras y murmurando. Claramente, les hicimos estallar los estereotipos de género. Después fuimos al pueblo y mi amiga me dijo: “todos nos miran”. Ella no estaba acostumbrada a esta observación.


Su comentario me hizo pensar y por dentro dije “yo esto lo vivo día a día, desde el momento uno en que tengo recuerdo”. Siempre sentí estar en un cuerpo equivocado, sentía que no me pertenecía. Yo quería hacer otras cosas, no las de los varones. Siempre sentí que estaba mal lo que sentía; poco a poco fui construyéndome como menos que el resto. Por tener esta corporalidad y gustos que no fueron diseñados para este cuerpo llevé el estigma del trolo, del puto del aula, el gay. Fui el blanco de insultos, desaprobación constante de casi todo el mundo. ¿Por qué hablás así? ¿Por qué te movés así? ¿Por qué sos tan afeminado? Caminá y hablá bien que pareces una loca. No hablés así. Un varón no hace eso. Eso no está bien.


Con el pasar de los años, me tuve que reinventar, me tuve que “deconstruir” y comenzar el largo e inacabado proceso de aceptación. Comencé a valorarme, a aceptarme y no juzgarme como lo hacían los demás. Sí, es cierto que la cosa empieza a cambiar cuando te querés pero, en un mundo que te dice que lo que hacés no va, es muy difícil. Conmigo no pudieron “normalizarme” del todo. Creo que ese es mi gran acto de rebeldía en esta vida. Destruyeron mi ser hechos del pasado, en complicidad con el patriarcado despiadado, pero así, de todas maneras, prefiero pensar que todo tiene cura, solución y salida.


Ahora, sé que me fui por las ramas, pero así soy. Me gusta volar y soñar.


Lo que mi amiga sintió ese día de camping, yo lo sentí desde que estoy en este mundo. Me sigue pasando, me siguen descalificando por no ser la masculinidad esperada, por no seguir a la manada. Ahora siento que comprendo más la situación de la mujer. Me pusieron en ese lugar de lo anormal, de lo que no se entiende. ¿Por qué es así?


Gracias al feminismo, sobre el que estoy leyendo en el postítulo, en esta materia que rendí, me veo desde otro ángulo. Ya entiendo por qué quieren denigrar, descalificar a las feminazis. Vienen a cuestionar esta masculinidad opresora, que quiere y tiene poder en la mayor cantidad de quehaceres cotidianos. Obvio que esto es sólo una partecita del feminismo.

Fotografía por Florencia Berdichevsky -

No sé. Me pintó escribir. Todavía me queda un sabor amargo de ese camping. A veces me preguntan por qué no querés ir a tal boliche, a tal lugar con tales personas. Y es por esto. A esta altura de mi vida quien me descalifica con tan solo un gesto se convierte en el que está en la vereda de enfrente, sea machirulo o machirula, porque de esas mujeres también hay y en el camping no faltaban, eh. Dudo que una sociedad sea feliz en su conjunto si seguimos así en el 2020.


De todos modos, hoy comienzo a sentir orgullo de lo que soy. Me siento feliz de no estar en la norma y de querer mi cuerpo. Este cuerpo de varón para esta sociedad, este cuerpo que tiene otros gustos y no por eso es menos que el resto. Mi esperanza es que las nuevas generaciones no pasen por estos mandatos que tanto daño hacen a hombres y mujeres.


Quizás mi relato ayude a alguien, quizás se lo pasen por el culo. Lo que tengo claro desde hace un tiempo es que quiero que mi voz sea escuchada, registrada y respetada. Escribo para hacer catarsis, acomodar mis ideas y compartir mi sentir.


@2019 REVISTA MANTIS

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