• REVISTA MANTIS

Turba

Por Catalina Goldszmidt -

Fotografía por Florencia Berdichevsky -


Las boleadoras pegan en el piso y retumban en el tímpano de todes les que estamos sentades en la sala del Portón de Sánchez un lunes de un octubre que ya se acaba. La actriz, Iride Mockert, las revolea cada vez más fuerte y tras el tercer grito sapucai que lanza, declara: “Tengo el corazón cargado de pólvora caliente”. Sus trenzas, con destellos rosas y violetas, bailan alrededor de su cara en esta obra que se ha dado por llamar Turba.


“Comienza como todo lo que principia”, dice para dar inicio del monólogo Iride, que en esta realidad se llama Turba. Cuenta una historia que ya pasó y que quiere contar bien, pero además la actúa. Iride interpreta a Turba y también a su hija, Plomito, a quien se llevaron en un colectivo mientras a ella la metían adentro de un auto. “Tengo un varón sobre mis muslos” va a decir Turba, ahora privada de su libertad, cada vez que piense en lo que quiere hacer pero no puede; el varón que Turba atiende en el prostíbulo al que la confinan y a quien Iride Mockert, a veces, también le da vida. Es una sola mujer en el escenario, y cada centímetro de las tablas se inunda de una actuación que arrasa con la fuerza de una venganza latente hecha poesía. 

Las bombachas caen al piso y esperan ser arrancadas otra vez por un nuevo cómplice de esta trata. Y con él aparece la pregunta, el ofrecimiento de un menú de personificaciones imposible de creer: “¿Jardinera o activista?” “¿Maestra o poeta?” En ese instante se siente que en alguno de todos los aspectos que componen a Turba, todavía existe una viveza que la mantiene despierta. 





En esta obra hay cumbia, hay poesía y hay esperanza; sin embargo, no deja de ser una representación artística del oscuro pantano del mundo donde hay lugar para la trata de personas, el tercer negocio criminal que más da de comer al monstruo del capitalismo desde la sombra, después del narcotráfico y del negocio ilegal de armas. Turba se mete dentro del barro con su escenografía rosa y su relato que, aunque poético, nunca deja de doler. Es la tensión constante de una realidad que está ahí nomás. Plomito ahora es cantante de cumbia y sigue buscando a su mamá, mientras te pide que hagas palmas.


A ella también la explotan. “Un día supe que ese amor era trabajo esclavo” grita entre sus letras. No es una novedad, son varios los casos de explotación laboral que nacen a partir de un engaño romántico.



En entrevista con CNN, un ex proxeneta cuenta cómo era el proceso de robar una mujer: “Mientras más rápido se enamoran ellas y se van contigo, más rápido empieza el negocio a generar dinero, y menos efectivo tienes que gastar llenándolas de regalos y sacándolas de paseo”. Al menos en este caso, a Plomito la esclavizan para cantar y en un bar que, al parecer, no está tan lejos de donde se encuentra su mamá.

Turba tiene un plan, y se lo dice a su amiga, la Verona, para tranquilizarla cuando aparecen los ataques de ansiedad. Algún día, sueña, podrá escaparse, se van a poder tomar el 128 rojo para el otro lado y andar hasta “hundirnos en el mar” o “volar, pero volar en serio, volar volar volar por arriba de las montañas, por arriba de las montañas altas y blancas como merca en navidad y sentarme a mirar la espuma de la mar fluorescente desarmándose contra las rocas”.




Y vos, que estás sentade en una butaca, que te espera tu casa a veinte minutos, te sumergís en este mar de bronca y necesidad de libertad por los cincuenta y cinco que dura la obra. Porque en esta realidad sos esto, pero en otra podés ser Turba; porque otra persona así lo decide, un día tu destino pierde el sentido y terminás preguntándole a un tipo que no conocés si quiere “culo o teta”.

Turba se presenta los lunes a las 21 hs en el teatro El Portón de Sánchez. Vayan si desean descubrir la incansable actuación de Iride Mockert, el texto cargado de poesía de Laura Sbdar y la notable dirección de Alejandra Flechner. Tres mujeres al frente de una obra para mantener viva la llama del recuerdo de lo que pasa detrás de todo, en este caso, la trata de mujeres para la explotación sexual.




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