• REVISTA MANTIS

Traduciendo para todes

El lenguaje no sexista en traducción


Por Lucía Lago -


"Este código compartido, este contrato entre hablantes, esta libertad tiene siempre por límite el deseo de ser comprendidos, porque no hablamos solos ni para nosotros sino para comunicarnos con otros. Ante esa complejidad, solo caben la diversidad y la flexibilidad; por otra parte, la lengua nos da todo el tiempo muestras de saber transformarse sin destruirse y, finalmente, sacudir el lenguaje, es - en palabras de Althusser - una forma, entre otras, de práctica política."


María Teresa Andruetto. Discurso de cierre VIII CILE.


Estoy traduciendo una entrevista para una materia. La entrevistada es parte de un equipo de programación de software, y dice: “The work that we do is way more important”. Tipeo “El trabajo que hacemos nosotros es mucho más importante”. Un momento. ¿Nosotros? ¿Y si el equipo está conformado enteramente por mujeres? ¿“Nosotras”? La nota no lo dice. ¿Qué pongo? ¿Puedo poner “nosotres”? Si pongo “nosotres” no apruebo la materia. Dejo “nosotros”, y me quedo con la sensación de que algo me quedó incompleto.


El lenguaje no binario, que utiliza la “e” o la “x” para evitar el femenino o el masculino, es muy utilizado en algunos ámbitos: en los medios de comunicación feministas, en la política, en las conversaciones con familia o amigues. Pero no es aceptable en la mayoría de los medios para los cuales trabajan les traductorxs o intérpretes (editoriales, productoras audiovisuales, organismos internacionales, empresas de localización de programas de computadora o videojuegos, instituciones académicas o jurídicas). Realizar una traducción con perspectiva de género se puede volver complicado. Sin embargo, muches traductorxs se valen de otros recursos del lenguaje para manifestar una perspectiva (trans)feminista en su trabajo.


Ilustración por María Emilia Giordano -

La Fundéu BBVA (Fundación del Español Urgente), un organismo que, al igual que la Real Academia Española, determina los “buenos usos” del idioma castellano, y una de las autoridades más importantes que toman como referencia les traductorxs en su trabajo, tiene un apartado en su sitio web acerca de las distintas formas de utilizar el lenguaje de forma incluyente o no sexista. Se refiere al lenguaje incluyente con “x” como “un recurso gráfico propio de pancartas y lemas” y recomienda “no emplearlo en textos generales” explicando que la “x” es impronunciable oralmente. No se explaya más ni contempla el uso de la “e”. Sin embargo, contempla otras opciones como el uso de sustantivos colectivos (“el alumnado” en lugar de “los alumnos”), omisiones (“entrada gratuita para menores de 12 años” en lugar de “para los niños menores de 12 años”) o desdoblamientos (“los trabajadores y las trabajadoras”). La gramática normativa académica (de la RAE) considera a algunas de estas opciones como “inadecuadas” o “empobrecedoras”, pero la Fundéu las reconoce como “opciones válidas contempladas en la correcta gramática del español”. También reconoce como correctos términos como “sororidad”, “feminicidio” o “micromachismo” y propone como traducción de “mansplaining” la casi divertida palabra “machoexplicación”. Habla también del femenino genérico (el uso del femenino para denominar a los miembros de un grupo conformado en su mayoría por mujeres). Aclara que “Cuando estos usos se generalicen, cuando la mayoría de los hablantes en su día a día [...] entiendan que el femenino es más adecuado que el masculino en algunas situaciones y lo empleen así, estaremos ante un fenómeno mayoritario [...]. Y entonces la Gramática académica, notaria de la lengua, previsiblemente registrará que el masculino ya no es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto”. Podemos ver que la propia Fundéu, referente del “buen escribir” en castellano, reconoce que la evolución de la lengua está en la boca de les hablantes y no en las páginas de un manual.


María Leticia Cazeneuve, traductora científico - literaria de inglés, suele trabajar para organismos internacionales de derechos humanos, muchos de ellos de la ONU, que no solo permiten sino que requieren el uso de lenguaje no sexista en muchas de sus producciones. Explica que “cuando no encontramos una palabra abarcativa como ‘persona’ o ‘ciudadanía’, piden desdoblar. Siempre es ‘las y los ciudadanos’. Y ese es un punto flaco que tienen, porque ahí están dejando afuera a las personas no binarias”. Cuenta que no tuvo la posibilidad de trabajar con el uso de lenguaje incluyente con “e”, pero habla de una ocasión en la que tuvo que traducir un texto que hablaba del pronombre neutro sueco “hen”, similar al “elle” del español. “El título en inglés era ‘A Pronoun for All’, y yo traduje ‘Un pronombre para todxs’. Porque ahí tampoco iba “todos y todas”, porque era más allá. [...] En ese momento opté por la ‘x’, y salió así publicado. En ciertos ámbitos, lo correcto es usar la ‘x’ o la ‘e’. Eso de que la RAE es la norma depende 100% del momento comunicativo, el espacio y las personas a las que se dirija el texto”.


“Con clientes que sé que no van a chillar, uso sustantivos que no marcan género”, dice Leticia. “Si no encuentro solución, sí uso el masculino genérico. Pero trato siempre de usar construcciones que no marquen género, incluso con clientes que se mofan del inclusivo. Por ejemplo, uso mucho la construcción con ‘quienes’: en vez de decir ‘los que tal cosa’ uso ‘quienes’. Me parece un recurso muy sencillo que no levanta la perdiz. Uso ‘personas’ un montón. Cuando es un cliente que específicamente pide que no se marque género, busco algún recurso de ese estilo. Si el contexto indica, uso ‘x’. Todavía la ‘e’ no la pude usar. Por lo general, se desdobla mucho (en masculino y femenino). Aún no tienen desarrollado lo que es el trabajo humanitario con personas no binarias.”


Gabriela Garrido, traductora pública que trabaja principalmente en el campo farmacéutico, dice utilizar las mismas estrategias que Leticia para evitar el masculino genérico. “Solo una vez, cuando tuve que traducir un artículo para una agrupación feminista, tuve que utilizar el lenguaje inclusivo no binario”, dice Gabriela. “El lenguaje inclusivo, tanto binario como no binario, me resulta sumamente útil y una solución magnífica para eliminar marcas sexistas, en especial el masculino genérico, que me resulta ya arcaico.”


Gabriela es, además de traductora, formadora de traductorxs, y cuenta que en sus clases siempre hace hincapié en formar a sus alumnes en la perspectiva de género: intenta, por ejemplo, “incluir algún encargo hipotético de traducción de un movimiento de defensa de los derechos de las mujeres, como ONU MUJERES”, o hacerles practicar “la reformulación de oraciones con masculino genérico: El hombre es un ser social…. Los seres humanos son seres sociales”.


Encarar una traducción a partir de una perspectiva de género no implica solamente evitar el uso del masculino genérico, sino que requiere una reflexión acerca de los roles de género que asociamos con ciertas palabras. La palabra “homemaker”, en inglés, se refiere a la persona que se encarga de los cuidados de la casa. Traducir esa expresión como “ama de casa”, ¿es correcto? ¿Sería correcto traducir “nurses” como “enfermeras”? La simplicidad de utilizar el femenino en ambos casos no solamente sería incorrecta en varios contextos (ya que es evidente que no todas las personas que ejercen la enfermería o el cuidado del hogar son mujeres), sino que perpetúa una noción que asocia a los géneros con ciertas actividades específicas. En palabras de Gabriela, parte de la tarea que implica encarar una traducción a partir de la perspectiva de género es “evitar feminizar una acción históricamente asociada a las mujeres, como lo son las tareas de crianza de los hijos, el cuidado del hogar y los trabajos no remunerados”.


La lingüística normativa que sostienen la RAE y otros organismos controla las reglas del uso del español en la mayoría de los contextos editoriales y académicos. La RAE ha sido criticada en varias ocasiones por su perspectiva normativa, que pretende fijar el idioma como si este fuera una fotografía, y no el organismo vivo y perpetuamente fluctuante que es. El ser humano no es una roca inamovible, y tampoco lo es ninguna de las herramientas que utiliza para comunicarse y organizarse. El panorama está, despacito, cambiando: el año pasado, la editorial Ethos Traductora sacó a la venta la primera versión en castellano de El Principito de Antoine de Saint Exupéry en lenguaje no binario, traducido por Julia Bucci en el texto y Malena Gagliesi en las ilustraciones. De a poco, los espacios donde trabajamos les traductorxs irán mutando, acomodándose, ampliando sus perspectivas y sus posibilidades; quizás, quién sabe, hasta nos escuche la sagrada Real Academia. O incluso puede que llegue el día en que nosotres mismes dejemos de escucharla a ella.


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