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Todas las vidas. Relato trans: la vida de Viviana González. Parte 3.

“Instaría a todas las personas,

sean de la orientación sexual que sean,

de la identidad de género, de la nacionalidad,

de la etnia que realmente

se atrevan a vivir en sus propios términos,

porque sino, ¿qué sentido tiene la vida?”

“En un mundo de gusanos capitalistas, hay que tener mucho coraje para ser mariposa"

Lohana Berkins


Por Belén Durruty y Julieta Ferrando -


Para todes


“Yo soy profe de muchas actividades de contacto. Toda mi vida hice deportes de contacto, enseño boxeo por un lado, gimnasia por otro, y autodefensa. Después se empezó a decir autodefensa feminista, para que las chicas puedan sentir que tienen un espacio en el que puedan sentirse más cómodas. Las clases feministas las doy en los espacios donde me convocan. Acá di un par de veces, pero la idea es que yo quiero ser abierta a todos los géneros, porque no sólo la mujer es violentada en la calle, también son violentadas las maricas, las lesbo. Hay más géneros.


Hay feministas radicales que no aceptan que haya una marica o un chico trans. Y a mí me parece que eso no debería pasar, porque a nosotras nos están haciendo lo mismo que ellas denuncian. Nos dejan por fuera pensando que ‘a vos no te va a pasar’. ¿Por qué? Si a nosotras también nos pegan, a las maricas también les pegan, a las lesbo también les pegan. Me pasó muchas veces que cuando yo había puesto en una publicación que iba a dar un taller de autodefensa feminista, salieron chiques maricas diciendo ‘¿Y nosotres podemos ir a eso?’ Y a mí me pareció que sí, por lo tanto les dije que sí, que no había problema, sin consultarlo con ellas. Después ellas me vinieron con reclamos: ‘Ah no no, porque si va a haber maricas, nosotras no queremos’. Ellas ven al feminismo desde el biologicismo. ¿Qué onda? ¿Por qué se habían negado tan rotundamente?


Fotografía por Viviana González -

Entonces no me quedó más que adaptarme a cómo querían (las organizadoras) que fuera. Me vi en la situación de tener que decirle a una marica lo que yo ya había escuchado tantas veces en mi vida: ‘no, no podés, esto no es para vos’. Hasta que me enojé, y les pregunté ‘¿los chicos trans tampoco pueden participar?’ Me respondieron que ‘no, no, porque se rehusó a ser mujer, para ser hombre’. Y yo les dije ‘Locas, si se bajan los pantalones, se va a parecer de la cintura para abajo más él a vos, que yo a vos’. ¿Cuál era la onda? la que está dando la clase es una trava y no querés que vengan maricas, ni tortas... o sea, no me pareció justo. Dejé de dar clases a las feministas radicales. Pero no es que quiero dejar de darles, quisiera que ellas acepten que están confundidas. Por ahí las convenzo, hubo un par de grupos que las convencí.” 


Nacimiento de la mariposa


“Esto vino de mejor en mejor. No sólo a mí me generó la posibilidad de crecer, sino que me hizo entrar en confianza conmigo misma. Había perdido la confianza de que podía hacer eso y tantas otras cosas. También tuve apoyo de todas las agrupaciones. Elles confiaron más en mí que lo que yo en mí misma, porque hubo tanta violencia ejercida en mi cuerpo que hasta yo dejé de apostar en mí. Soy una persona que se retiró del mundo de las artes marciales siendo campeona invicta con títulos nacionales de primer puesto, entonces yo podía chapear con eso. Pero la confusión que te provoca el mal vivir hace que pierdas toda seguridad. Así son las personas que todavía están en la zona roja. Creen que no pueden salir de ahí. Bueno, yo tuve la suerte de que en mi vida apareció la Mocha Celis. De haber sido otro colegio, no hubiera sido lo mismo.


Recuerdo el primer año que dejé mi trabajo, que obviamente me costó un montón. Mi mamá nos daba 100 pesos para que vayamos tirando todo el día en el colegio. Mi hermana y yo veníamos acá y tomábamos mate todo el día porque no queríamos gastar esos 100 pesos, porque a la vuelta queríamos comprar comida para llevar a casa para comer con mi vieja. Y yo, que era una adicta al cigarrillo y que me gustaba fumar, no tenía para comprarlos, entonces andaba levantando colillas por todas partes. Y fumaba así. Así estuve todo el año hasta que empecé a trabajar acá (en la Mocha) dando clases de artes marciales.

Un día, cuando yo estaba dando clases acá, vino una chica que era del otro colegio, del Bayer. Vio que yo estaba dando defensa personal, y ella es de la agrupación Mala Junta. Dijo ‘Che, esto está genial para que lo vengas a hacer en nuestra casita de Ferrari, ¿te parece si le digo a mis compas y ponemos una fecha para que nos des un seminario?’ Le agradecí infinitamente y pensé que iba a ser otra entrada de dinero para mí. Y todo arrancó en Mala Junta, y de ahí me llamaron de otro lado, otro lado, otro lado, y fui a varios lugares a trabajar. Entonces ya guardé mis tacos, mis zapatos y dije: ‘esto nunca más, nunca más voy a volver a trabajar de prostituta’. Terminó, por fin terminó”.


Reparación Histórica


“El hecho de que te digan ‘Bueno, perdónennos, con ustedes nos confundimos... Perdón por haberlas metido en cana, perdón por haberlas violentado, perdón por haberles negado estudiar, está bien, ahora se llaman como quieren’... Pero en el camino, ¿qué pasó? Muchas compañeras murieron, a muchas las cagaron a tiros, a muchas las mataron, yo las vi. Algunas terminaron años en calabozos, y la gente se enferma de tener una mala vida así. La gente (trans) tiene un promedio de vida de 35 años, y llegan a los 35 a duras penas. Mueren debajo de los puentes las que no tienen para pagar el hotel, y mueren abrazadas por el desamor de toda la sociedad. Y eso fue culpa de ustedes, porque el hecho de haber(nos) metido en cana hizo que la gente nos viera como que éramos malas personas.


No solamente el hecho de que nos encarcelaran, sino (también) ese travesticidio social que se vivió durante muchos años, hicieron que haya perdido a muchas amigas, muchas amigas. Y hay un cementerio de cuerpos enterrados sin nombre, porque muchas nadie sabe quiénes eran. Nadie las reclamó y toda esa gente quedó en el camino.

¿Y ahora qué? Con documento y un dinero, ¿ya está? ¡No, faltan un montón de cosas todavía! Por ejemplo, un par de compañeras están detrás de ‘Reconocer es reparar’, y creo que es una forma de demostrar que ustedes nos dañaron, pero por eso ¿tienen que darnos algo? ¿por qué, qué onda? Yo soy una sobreviviente del promedio. Soy una sobreviviente, pero tengo un cementerio en la memoria de las que no lo fueron. Y a las que llegaron a ser de ese promedio no llegaron enteras, llegaron lastimadas, dolidas, hay heridas en tu memoria que no cierran todavía, hay cosas que si te ponés a pensar… ¡uf! ¿cómo sobreviví a todo esto? Pero bueno, en ese momento lo normalizás porque pensás las cosas deben de ser así. Pero no, no tendría por qué haber sido así. No tenía porqué haber sido así. Una mierda.


Hasta ahora, el cupo laboral sigue encajonado, Reconocer es reparar está por caer... Pero, pará, vos nos hiciste un daño de por vida a las que sobrevivimos. Y el daño de las que se fueron. O sea, ¿por qué? Si nosotras no nos lo merecíamos. Ustedes nos lastimaron. Y la reparación es una manera de que elles digan ‘Bueno, está bien... nos costó esto haberlas lastimado’ Pero algo les tenía que costar, porque a nosotras, muchas, pero muchas, nos costó la vida”.


Fotografía por Solange Avena -

¡Se viene la Vivi!


“Bueno, pasaron los tres años, y como era de saberse, ahora estoy en la facu, estoy estudiando Lengua y Literatura. En el Instituto Superior Joaquín V. González. ¿Sabés por qué terminé en el Joaquín? Porque una vez fui a contar mi relato a una mesa de género y había unes chiques maricas que habían tirado la propuesta de hacer eso ahí, hablar desde las disidencias, y los directivos de Joaquín les dijeron que no. Que no se podía hacer esa mamarrachada. Y entonces agitaron, agitaron, agitaron hasta que lo consiguieron, les aceptaron la petición. Hasta cierto punto, porque pidieron un aula, y no se la dieron. ‘Si quieren hacerlo, háganlo en el hall de entrada’, les respondieron.

El día que me convocaron, me fui de acá con un docente. En ese momento ya era la presidenta del centro de estudiantes de acá. Cuando llegué, la gente me miraba. Y elles hablaron (de cosas) relacionadas con la formación.


Me dejaron para lo último, y hablé de mi experiencia como estudiante y de lo que significa para las trans el hecho de poder estudiar. La importancia que tiene para nuestro colectivo poder vivir ese derecho, y que no está todo terminado...


La gente se había conmovido, porque hay gente que no sabe bien cómo era/es la vida de una trans antes. Y tampoco se imaginan que para une sea tan importante estudiar, como en mi caso. Y cuando les cuento cómo llegué hasta ese momento, todo lo que pasó desde que llegué ese primer día a la Mocha, el día en que me inscribieron, y sentir la misma emoción hasta el día de hoy… ¡Guau! Creo que fue el cambio que dio vuelta mi vida. Fue cuando la vida se empezó a volver a poner a mi favor. Es poder mirarme al espejo, es poder reconocerme como trans. Yo conté eso frente a esa gente que se conmovió muchísimo.


En un momento yo dije (algo que) para mí fue un chiste. ‘Bueno, yo ahora estoy buscando facultad, universidad, para el año que viene, ya que supuestamente debería arrancar una carrera. Nunca digan que venga al Joaquín V. González’. Y les chiques saltaron de alegría a vociferar ‘¡Siiiii! ¡Vivi! Tenés que venir acá! Tenemos que romperle el culo a estos hijos de puta... Tenés que venir'. Me contaron que en estos 115 años nunca había ido una trans. Y yo dije ‘bueno’...


Para serte realista, no sabía qué quería estudiar. O sea, tenía un montón de opciones y quería ser docente de lengua, es lo que más me gusta, pero quería hacer otras cosas también. Y finalmente, cuando elegí estudiar lengua, mis opciones fueron en el Joaquín o en Puan, y a Puan no podía, porque me queda en la loma del… Viviendo en Pilar, te imaginás el recorrido que tenía que hacer para llegar hasta allá. No, no llegaba. Había muchas docentes de acá que trabajaban en Puan, y me decían que vaya. Pero yo me había dado el gusto de ver ese pequeño grupo del Joaquín que estaba re motivado, tratando de hacer ruido en cuanto a las disidencias, siendo tan poquitos para todo lo que significa la institución. Y yo dije ‘me parece que vamos por acá, a estos les falta un poquito más de ruido’, jajaja. ¡Y aparte, verles tan emocionades! Entonces fui y me inscribí. Cuando me inscribí, en mi facebook puse ‘estoy preinscripta en el Joaquín V. González, en la Carrera de Lengua y Literatura’ y empezaron a caer del JVG un montón de likes. Y decían ‘¡Si! ¡Se viene la Vivi, se viene la Vivi!’.


Y el primer día pasó. Estaba recontra re nerviosa, porque imaginate que para mí la universidad tampoco es la Mocha. Es un lugar bastante conservador. Pero hay muchas docentes que están amotinadas con ese tema. Imaginate que yo llegué y era la única trans, en medio de todes, y para variar, con mi llamativo pelo verde. No conozco bien a todes les que conforman hoy el centro de estudiantes, pero están bien empoderades. Cada tanto te tiran unas datas terribles, y yo estoy re feliz de estar ahí.

Toda esta semana pasada no pude ir porque estoy operada. Tengo cáncer de vuelta, una vez más. Ya tuve cáncer antes, pero viste que la vida no me la hace fácil, siempre me pone algo para que me sea más difícil. Pero si no fuera así, no sería mi vida. Yo creo que si fuera muy fácil, no sería mi vida la que estoy viviendo. Y lo del cáncer me (lo) enteré ahora, así que acá me tienen... acá me pusieron un catéter de titanio. Me están por hacer un robot. Claro, me dieron radiación y todo, y yo pienso ‘¿Esto me va a dar superpoderes o algo así?’ Bueno, me operaron la pierna, tengo un montón de operaciones. Ahora en quince días empiezo con la quimio. Ya le avisé a les docentes que por ahí no voy a asistir a todas las clases. Pero... Ay, sacarme a mí de ahí es lo que peor me pasa, porque amo estar ahí adentro. Aparte, cuando entré el primer día, es como que todes mis compañeres eran re bochos y dije ‘Uh, qué lindo que está esto’. Porque aparte tiene que ver mucho con lo que me gusta a mí, que es leer y escribir. La matemática en cambio no, la odio...


Así que bueno. ¿Qué decirles? Hay que vivir la vida. ¿Renovamos el mate?”


Entre lágrimas y risas, llegamos a la última parte de este relato, que nos ha conmovido y ayudado a entender un poco más lo que es ser trans a quienes no pertenecemos al colectivo. Al mismo tiempo, ha hecho eco en compañeras/os/es, que sintieron reproducirse en las palabras de Vivi todas las injusticias y discriminaciones que día a día sufren por elementos políticos y sociales que marginan y denigran a quienes no entran en la heteronorma.


A esas personas les decimos que desde Mantis apoyamos sororamente sus luchas, y nunca dejaremos de reproducir sus voces. Gracias por darle más color a la vida de todes.


Así concluye el relato de Vivi, por ahora, ya que quien viva tan intensamente como ella, sabrá lo que vale un instante de su vida. Defendámosla.