@2019 REVISTA MANTIS

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Parte 2: Todas las vidas. Relato trans: la historia de Viviana González.

...o te pensas que somos menos

o aportamos nada

si le estampamos mariposas revoltosas

a la cara del Ché

Ojalá entendieras antes de correrte

y salir…

Susy Shock

Por Belén Durruty y Julieta Ferrando -


Chamiga, bienvenida


“Yo vivía en Pilar y la zona roja estaba acá, en Palermo. Entonces, cuando iba a la zona roja tenía que viajar tres horas para acá y, a la mañana, tres horas para casa. Entonces quería estar más cerca de la zona roja, porque sentía que era muy pesado el viaje. Y entonces fui a pedir un habitacional a un lugar donde me decían que te daban diez meses y te pagaban la habitación de un hotel por si no tenías dónde dormir.


Obviamente yo no tenía donde dormir, por eso fui a pedir ese habitacional, para estar más cerca del trabajo. Cuando voy, me recibe una persona, una trans venezolana, grande, que tenía un negocio sucio que manejaba ella (o que la manejaban a ella). A ella le daban un dinero, aparte de su sueldo, por debajo, para que ubicara a cada trans en algún lugar para hacer un cursito, algo así, y le daban 900 pesos por ese curso que tenía que estar 9 horas en un mes. O sea... Qué hago con esto… Y me estaba restando tiempo de viaje, me lo estaba metiendo acá por 900 pesos, no, yo necesitaba la habitación de hotel. Ella decía: ‘Existen estas posibilidades: hacer marroquinería, costura…’ Y entre todas las posibilidades salió la palabra ‘escuela’. Yo dije: ‘Cuando tenía que hacer la escuela, lo busqué, lo busqué, lo busqué y lo busqué y nunca apareció esa oportunidad y yo tenía, en ese tiempo, doce años. Y a los veinte, a los treinta. Y con cuarenta y pico, no me vas a decir que me ponga a estudiar ahora.’ ¡No! yo no me veía en el salón de clases, con pendejos de doce años estudiando, y que sean más rápidos para las matemáticas que yo. Aparte, ya iban a ser treinta y cuatro años de que no pisaba un salón de clases. Ni contemplaba la posibilidad, entonces me negué rotundamente. Entonces dije ‘hago cualquier cosa menos ir al colegio.’ No había ido al colegio en muchos años, y aparte, recién estaba volviendo del cáncer, todavía estaba con quimio. Yo le dije: ‘No sé si voy a vivir tres años más, o sea, no me voy a poner a estudiar ahora.’ Y ella me dijo: ‘Tenés que ir al secundario.’ Y yo ‘¡No! ¡Ni loca! No llego a cinco años, me voy a morir antes.’ Y me decía ‘Pero algo tenés que probar.’ No tenía paciencia, no me daban las neuronas para ir al colegio con chicos.

Yo no sabía que había secundarios para adultos.


Fotografía por Solange Avena -

Cuando ella ubicaba a cada persona, le daban una plata extra, y cuando me daban el habitacional, yo el 50% también se lo tenía que dar a ella. O sea que ganaba plata de todos lados. Horrible era, no sé bien la interna de ese curro, y tampoco me interesaba. Entonces, cuando yo me estaba yendo, me dijo ‘Bueno, en algo te tenés que inscribir.’ Y yo le dije que no. Entonces me dijo que existía otra posibilidad.


- Tengo unos amigos que si vamos allá, ellos te firman y vos cobrás el habitacional y no tenés que hacer nada.

- Bueno. ¿Dónde es?

- En Chacarita - me respondió.


Fuimos, subimos a este edificio. Estaba todo oscuro, era todo gris, estaba todo apagado, era el receso de las vacaciones en el 2015. Había una mesita redonda allá, había dos chicas trans y un chico. Yo entré con mi hermana y mi mejor amiga, porque las tres estábamos buscando lo mismo, y estaba este pibe. Ella me dice “hola”, se saludan entre ellos, y nos tomamos unos mates.


- Mirá, te traje una compañera que vino a buscar el habitacional, siéntense, tomemos mate.


Entonces, se pusieron a hablar entre elles. Mientras, yo trataba de ver qué carajo era este lugar, no había ninguna silla, estaba todo oscuro. Pensé que era un depósito. En un momento el pibito me miró y me dijo:


- Chamiga, ¿vos estás bien?

- Si, qué se yo... - le respondí.

- ¿Vos sabés dónde estás?

- No tengo la más puta idea… Yo vine a buscar una firma para el habitacional.


Él la miró a la mujer que me había llevado, y (ella) le dice:


- ¡Ah! ¡Sí! Perdoname, pero le tuve que mentir a esta, porque no quería venir, prefiere seguir vendiendo droga y prostituyéndose. No quiere venir al colegio.


Ella no sabía que yo hubiera dado mi vida por poder estudiar, y mientras lo decía, yo la estaba mirando con una cara de ojete, pensando que era una hija de mil puta. Me trajiste a un colegio cuando te dije que no. Estaba muy enojada yo. Pero cuando me dijo “chamiga”, me gustó como habló él, y le pregunté si era correntino. Fue como volver a mi tierra. Él me dijo: ‘Este es un colegio’. Entonces les dije que me disculpen, pero que no tenía mucho tiempo. Fui engañada, ahí no había ningún habitacional. Entonces les dije: ‘¿Dónde hay que firmar?’ Porque yo pensaba que firmaba, me daban la plata del habitacional y me iba. ‘Esto no parece un colegio’. ‘Sí, si... Ahí tenemos las aulas, los baños’.


Claro, yo me había quedado con la imagen de la primaria: el escenario, el mástil, la bandera, el crepé. Como nunca había visto una secundaria por dentro, no sabía que era tan diferente. Y como yo era re bruta, pasé por adelante de la puerta sin haber leído. Como el pibe me vio que yo estaba muy molesta, ofendida e incómoda, me dijo ‘Bueno, chamiga, pasá que te voy a inscribir’.


Yo estaba muy ofendida y pensé ‘¡Ah! ¡más bien! le digo cualquier nombre, agarro la plata y me voy’. Cuando yo entré ahí me pidió mi nombre completo, y de tan enojada que estaba le dije Viviana Gonzalez. ‘¡Ay, la puta! le dije mi nombre’, pensé yo. Había entrado re segura de que iba a decirle otro.


- ¿Me decís tu número de documento?


Y se lo dije todo completo el documento. Pensé que me estaba metiendo en un re quilombo, pero bueno, por último no venía más y listo. Entonces le pregunté cómo seguía esto, y me dijo: ‘Bueno... el 28 empezamos’.


Y le respondí que no sabía si iba a venir. Se ve que no me conocía muy bien que digamos, porque cuando él terminó de inscribirme, me dijo ‘Bienvenida, chamiga, a la Mocha Celis. Vas a empezar a hacer tu secundario’.


Terminó de decirlo y abrió los brazos y me abrazó. Y de repente... yo venía esperando eso desde que tenía doce años, y el niño poeta que yo había dejado de escribir se había vuelto a despertar. Nunca había escuchado la palabra ‘bienvenida’, (tan) lejos de decirme ‘no podés, no debés, esto no es para vos’. Y yo quería. La vida me llevó treinta años, y cuando lo dejé de buscar apareció. Debió ser la manera en que lo dijo, porque no es lo mismo como fue con él, que me recibió con un abrazo real y cálido y me dijo ‘bienvenida’, y parece ser que yo lo estaba esperando todavía. Yo me había emocionado tanto que cuando terminé de escuchar lo que él dijo, pensé ‘no me quiero morir sin terminar el secundario’. Y cuando salí, y me senté en la misma mesa en que estábamos sentados (antes), y tenía a mi hermana haciendo puchero que se tenía que inscribir también y yo no podía disimular mi emoción, me tapé la cabeza para disimular mi llanto, porque no lo iban a entender. Capaz que para mucha gente es un simple secundario, pero para mí era todo lo que yo en la vida había querido hacer, lo que yo busqué mucho, que me dijeron ‘no’ tantas veces.”


Fotografía por Solange Avena -

Primer día de clases


“Cuando empecé el primer día de clases, me senté en el primer banco. Pensé en mi mamá porque ella y yo buscamos la forma de que pudiera hacer mi secundario. Yo era tan traga, escribía en una hojita de papel poesía, servilletas, afiches, lo que sea. Cuando mi mamá me vio que había dejado de hacerlo, ella se dio cuenta que a mí me estaba doliendo. Y cuando fui con esa noticia, después de tanto tiempo, llena de emoción, ella me dijo ‘Bueno, entonces no vayas más a trabajar, quedate con mi jubilación hasta que termines.’ Y yo pensé que nos íbamos a cagar de hambre. Le dije que yo iba a seguir.


Iba a estar despierta de noche y despierta de día. Eran muy poquitas horas que yo dormía: en el trayecto de Pilar a mi casa, agarraba los útiles y me iba y dormía en el colectivo, o cuando me iba a la zona roja. Se me empezó a complicar, necesité ver otra manera. Entonces tenía que decidir si escuela o trabajo, y la verdad es que no tenía la respuesta en ese momento: trabajar era lo que tenía que hacer y estudiar era lo que quería. Finalmente lo resolví.


El primer día de clase yo me aparecí con un cuaderno blanco lleno de preguntas. Lo loco es que yo llegué el primer día y me encontré con todas mis compañeras de la zona roja. La mayoría de las chicas que estaban trabajando estaban acá. Y ahí me di cuenta de que no era sólo yo a la que le faltaba cambiar la realidad. Pensé cómo es que existía este lugar sin que yo lo supiera. Fue impresionante verlas a mis compañeras vestidas con ropa casual y no con los tacos, pestañas para trabajar. Las vi de día y normalmente no las veía, y eso me gustó mucho más, no quería perderme nada.


Aparece la primera docente, y se presentó así:


- Yo soy la docente de lengua. Mi nombre es María Victoria Aria. Soy militante activista y soy poeta.


Yo pensé ‘¡ay! ¡qué chapa!’. Yo pensaba que ser poeta era salir en los libros. Cuando se presentó diciendo que era poeta a mí ya me había conquistado y dijo: ‘Voy a leerles algo que escribió un alumno mío que se suicidó, Juan. Era poeta y yo no me di cuenta que la estaba pasando tan mal, y podría haber hecho algo. O no, pero podría haberlo intentado’.


Entonces nos leyó una carta. Estaba tan comprometida en la historia que quebré en llanto, y cuando terminó de leerla y me vio así me dijo ‘qué suerte que te gustó’. Entonces dijo algo que tenía muy presente: ‘Busquen al niño que tienen dentro y escriban desde ahí’.


No lo terminó de decir que yo ya estaba escribiendo. Llamé a mi niño de doce años, hablé de la identidad, y cuando vio el mío dijo que yo era poeta. Escribía porque me gustaba escribir, es mi manera más profunda de expresarme. Me pidió el texto para compartírselo a alguien y yo le dije ‘bueno’, y la vi entrando a la dirección mostrando lo que había escrito. Yo pensaba en mis faltas de ortografía y que se iban a reír de mí. Después de la clase de ella sentí que se despertaba mi niño poeta otra vez.


Nos hizo leer un poema de Bertolt Brecht que se llama ‘Empuña libro, hambriento, es un arma’ y, de ahí en más, teníamos que hacer un texto autorreferencial que tenga que ver con nosotros y que habláramos de nuestra vida. Yo no tenía tiempo para sentarme a hacer la tarea porque tenía que estar de noche allá, de día acá, y entonces el tiempo que ocupaba para dormir, lo ocupaba escribiendo. Ya estaba completamente sin dormir. Y entonces, cuando teníamos que entregar, (a) mi hermana, que solamente venía acá y se volvía a casa, le dije ‘¿Qué era lo que teníamos que entregar hoy?’, me dijo ‘teníamos que escribir algo autoreferencial, qué se yo…’ ‘¡Oh! ¡Cierto!’ dije yo.


Entonces, en el camino me puse a escribir, y cuando llegué acá le presenté el trabajo práctico a la profesora. Quedó copada también porque yo hablé, empecé a sacar afuera todo lo que tenía que me molestaba, que era mi trabajo, la prostitución, las drogas, todo eso. Y la profesora, cuando lo vio, le revolvió todo lo mismo, y después la vi que decía ‘Tengo una alumna poeta que yo la voy a empezar a motivar para que siga escribiendo’.


Entonces ella me hizo sentir más segura, y yo empezaba a escribir para cada acto que había. Según el contexto, escribía sobre eso. Me empezó a gustar mucho escribir y después ya era re traga en todas las materias.


Y después ya no tenía más ganas de morir, ya se me habían ido las ganas de querer morir y entonces ya hoy por hoy siento que lo que veo me gusta. Hacer estas cosas me gusta. Si no hubiera salido de la zona roja, hubiera sido esa travesti que fue violentada. La palabra ‘travesti’ te hacía daño porque era la palabra que usaban antes para dañarnos: ‘¡Eeeehhh travesti!’ Esa palabra para nosotras era muy violenta; hasta que yo empecé a encontrar que la palabra me describía, y de repente, que no estaba mal, pero era sacarle esa carga que ellos usaban para violentarnos y apoderarnos de eso. Y después tener herramientas para poder defenderse y poder tener conocimiento de cuántas cosas te negaban, pero no que te lo hayan contado, que te lo hayan hecho ver.” 


Educación Sexual Integral


“El tema de la ESI lo empezamos a ver desde primer año, para nosotres es normal. La ESI es un abanico de posibilidades, hay que hablar de diversidad, de muchas cosas y yo creo que la respuesta la teníamos nosotras. Saber contarla es otro tema. Acá desde primer año que vemos ESI en todas las materias, hasta en matemática.

Estamos en un colegio de inclusión y con perspectiva de género. Porque muchas personas que llegan acá no saben entenderse ni conocerse elles mismes, y (las trans) terminábamos por creer que el hecho de que nos hayan pasado todas esas cosas era nuestra culpa. O sea era nuestra culpa haber terminado en calabozos, que nos hayamos quedado sin estudiar era nuestra culpa, que nos hayan inyectado silicona líquida y no prótesis era nuestra culpa. Era nuestra culpa todo lo que nos pasaba.

Acá terminamos por entender que nosotras no fuimos culpables de nada, eran culpables ellos por no haber entendido en su debido tiempo que nosotras, las trans, no éramos personas a las cuales debían encarcelar, a las cuales había que ir y pegarles, a las cuales había que destinarlas solamente a la zona roja. La prostitución no es una elección, es una imposición que se volcó hacia nuestro colectivo.

Cuando la persona tiene la edad de veinte a treinta años y tenés un gran potencial físico y de repente decidís siendo adulta, bueno, si lo hacés por elección está bien. Pero si lo hacés por necesidad, como cuando tenés doce años, que todavía no tenés preparado tu cuerpo ni tu cabeza para someterte a todo eso... al mismo tiempo, cuando sos muy grande y tenés que recurrir a eso porque es lo único que te queda, es grave. Esos dos extremos son graves. En el medio una decide.


Yo no puedo ponerme en contra de la prostitución porque es algo que me dio de comer, estoy en contra este manejo que para muchas es la única opción que existe. Yo quisiera que la que lo elige sea teniendo otras posibilidades, y que de repente diga ‘Esto me convence más, ganás más plata, más rápido y lo puedo hacer’, pero si ya te cuesta y tenés que ir enferma, o te golpean un ojo una noche y tenés que ir igual maquillada porque tenés que pagar el hotel, y cuando no llegas a pagarlo te echan, eso es feo. 


Proyecto integral


“La ESI en matemáticas se aplica sumando, o sea, estás sumando un nene más otro nene. Todo tiene que ver con une. Para aprender cuestiones en relación a un triángulo, definimos por ejemplo un triángulo amoroso. En cada espacio le encuentran algo.


Tratan siempre de encontrarle la parte no binaria. Es un colegio que no habla de binarismo, porque hablar del binarismo es solamente que tenés dos caminos como opción. Entonces todes les demás quedamos afuera. Cuando vemos paralelas y todo eso, en matemática hay ejercicios de la ESI que utilizamos para aplicar y aprender.

Cuando llegamos a tercer año, acá salimos a dar talleres de ESI nosotres como estudiantes. Fuimos al Bachiller Popular Karakachoff, ese día estuvo bueno porque nos dimos cuenta de cuánta desinformación existe en otros colegios.


Este año sale un kit de ESI que viene con materiales, ejercicios. Lo hicimos les chiques de tercero. Donde hay un poco de psicología, donde yo utilizo el deporte, cómo llevar al deporte la ESI. Pero hay mucho material que viene con folletito, sale este año.

Lo hicimos dentro de la materia Desarrollo de las Comunidades, que es el título que nos dan cuando nos egresamos de la escuela. Sí, sale este año, viene con videos y todo.

Tiene un formato formativo tanto para les docentes como para les alumnes, cómo ponerte al frente de la clase de ESI o cómo tratar a diferentes género.


Ser docente de la Mocha Celis es un trabajito, te digo... Estás trabajando con chiques adultes ¡que vienen con una vida! Vienen con su carácter formado, mal o bien, más con las travas que vienen de haber sido violentadas, que tuvieron una vida que por ahí nunca les gustó. Ya se han cagado a las piñas en la calle por defender sus ideales, y de repente tenerlas sentadas ahí quietitas ya es mucho; ¡tenerlas prestando atención ya es un montón! Al lado tenés a un pibito con auriculares, con gorra y todo eso y allá tenés a uno que es homofóbico, una transfóbica. ¡Hay que juntar a ese equipo y tratar de que convivan!”


Conviviendo y rompiendo prejuicios


“Cuando metés dos gatos en una media, se pelean, se pelean hasta que se terminan amando. Acá es lo mismo. Es cuestión de tratar de llegar a entenderse, todo eso tienen que lograrlo les docentes, porque sino les estudiantes se matan. Y eso ya no está pasando. El primer día que llegué yo, todavía había un poco de eso.

Romper prejuicios. Yo tenía prejuicios. Antes era una persona que repetía lo que escuchaba. Así como hacían los demás para conmigo, yo también inconscientemente lo hacía, porque yo tenía un concepto de la comunidad peruana que eran todos transas, que todos vendían drogas, que eran todos chorros. Yo lo decía. Pero claro, me rodeaba de toda gente que pensaba igual. O sea, de repente nadie me contradecía. No tenía quien me brindara una información, o me facilitara el hecho de verlo desde otro punto de vista y decirme ‘estás confundida y te explico por qué’. Eso en la escuela sí lo aprendí. Al principio lo escuchaba, lo escuchaba, lo escuchaba y después me pasó esto...


Pancho (Francisco Quiñones, director de la Mocha) se enteró que yo era karateca porque todas mis compañeras me decían Karateca. Ese apodo me lo pusieron cuando tenía diecisiete años, iba a competir y cuando salía de ahí me iba a un show a un boliche en donde hacía strip. Les chiques no sabían cómo me llamaba, me decían Karateca porque me vestía con el traje. Y bueno, de repente todo el mundo me llamaba así en la zona roja, hasta el día de hoy. Y cuando llegamos acá, las chicas me recibieron y dijeron ‘eeeehhh, vino la Karateca’, y Pancho pensaba que me decían así porque era una quilombera que me agarraba a las piñas en todos los lugares a los que iba.


Un día, cuando se habló acá de violencia de género, se trató el tema del Ni Una Menos, yo volví a escribir una carta. Escribí la vida de mi mamá y mi papá. La tenía a mi hermana enfrente con todo el colegio. Tuvimos que salir al patio y hablar, contar si conocías a alguien que había sufrido violencia de género, y entonces mi manera de expresar las palabras era de esa forma, escribiendo. Mi hermana me dijo ‘pensar que tuvimos los mismos padres y vivimos la misma vida, pero nunca la escuché dicho de esa manera’.


Yo terminé de decir todo eso y una amiga, antes de que llegara ese momento, me dijo ‘Che Vivi, ¿por qué no le enseñás vos a hacer autodefensa acá a les chiques?’ Porque había muchas chicas que llegaron acá que fueron madres solteras y que fueron violentadas por sus novios. Entonces me dijo que podía enseñar sobre defensa personal. Y entonces cuando le dijimos a Francisco si podía hacer una exhibición de artes marciales, me dice:


- ¡Ah! por eso te dicen Karateca, ¿vos sos una Karateca de verdad?

- Sí, Pancho, yo soy cinturón negro.

- Ahh, yo pensé que te decían Karateca porque eras quilombera.

- No, no, yo soy profesora de karate.

- Sí, claro que está buena la idea, si vos te animás.


Y entonces, yo estaba con un buzo y un pantalón, y cuando terminé de leer el poema, yo le dije que me parecía muy injusto que las mujeres tengan que cobrar por cada gil que anda por la calle. Yo les puedo dar herramientas, que es lo que puedo ofrecer, para que esto no pase más. Me saqué el buzo y abajo tenía la ropa de karate y le pedí a les chiques si podían participar para hacer técnicas, para aprender a defenderse en la calle, y se coparon todes.


Entonces, Pancho me dijo ‘¿Por qué mejor no te ponés a hacer esto y dejás la zona roja?’, sabiendo que él ya sabía que a mí no me gustaba. Y yo dije ‘primero, tengo que alquilar un local’, y no tenía plata para eso, ni siquiera para vivir el día a día... Pancho me dijo ‘Yo te reservo el espacio, acá no tenés que pagar nada y así empezás a dar clases, a todes les chiques del colegio, clases a la gorra, y (podés) convocar a gente de afuera’. Y fue así que yo empecé a trabajar acá y ya dejé la zona roja por fin.”

La historia de Vivi continúa la semana que viene.