• REVISTA MANTIS

Si sabés cocinar te podés casar

Por Tais Chiurazzi -


*Nota editorial: La mayoría de las fuentes utilizadas para elaborar esta nota no incluían información sobre identidades trans, travestis y no binarias. Al citar estas fuentes, se habló solamente de mujeres y de varones. Como indica el informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, “a pesar de la vocación de trabajar desde la perspectiva de género, hasta ahora las estadísticas oficiales han reproducido el binarismo sexual. Por este motivo, el presente informe utiliza la división ‘mujeres/varones’ en el léxico general”.


Históricamente, y hasta el día de hoy, las tareas domésticas son asignadas a las personas percibidas socialmente como mujeres. Es un mandato patriarcal que recae sobre las feminidades. Estas tareas son inculcadas desde la niñez: les niñes percibides mujeres, en general, aprenden estas tareas desde una edad temprana, mientras que en la mayoría de los casos les niñes percibides varones no. Hasta el día de hoy se sigue diciendo “si sabés cocinar ya te podés casar”, como si la función de la mujer en el matrimonio fuera alimentar al varón.


También podemos ver este mandato reflejado al momento de hacer regalos, cuando vemos que a las pequeñas se les regala para jugar una cocinita, mientras que a los niños se les regalan autitos. Podemos cuestionar si una pala y una escoba son juguetes, pero sin dudas son regalos que reflejan la idea binaria que tienen los roles de género, que se establecen como naturales desde el nacimiento. Según una encuesta realizada en Estados Unidos por Meryland Population Research Center, los niños de entre 15 y 19 años pasan 30 minutos al día realizando tareas domésticas, mientras que las niñas de la misma edad dedican 45 minutos diarios a estas actividades. La idea de que los varones y niños participen de las actividades de la casa no debe ser concebida como una ayuda, sino como una responsabilidad. 


Estos mandatos se establecen en la niñez y continúan durante la vida adulta, ya que lejos estamos de que las tareas del hogar sean repartidas de forma igualitaria. Según la encuesta del trabajo no remunerado y uso del tiempo realizada por el INDEC en el año 2014, las tareas de cuidado y/o domésticas son realizadas en un 76% solamente por mujeres y feminidades. 

Fotografía por Mora Garzón -

Según la Unión Intercontinental de Amas de Casa, en el mundo hay alrededor de 2.000 millones de mujeres que trabajan en el hogar, por supuesto, sin retribución. En Argentina son, aproximadamente, 6 millones de mujeres. En nuestro país, se pudieron jubilar aquellas mujeres que ejercieron labores de ama de casa. La ley 26.970 fue promovida, en el 2004, por el entonces presidente Néstor Kirchner, reconociendo el trabajo de aquellas que no habían tenido un sueldo durante muchos años. La ley había sido sancionada en 1995, pero nunca había sido promulgada. Hay que tener en cuenta que esta ley tampoco incluye a todo el mundo: pudieron acceder a la jubilación las mujeres nacidas a partir de 1955 que tenían 18 años o más en 1973 y que, desde entonces, habían realizado aportes durante al menos cuatro años hasta el 31 de diciembre de 2003. Actualmente, la ley fue prorrogada hasta 2022 para las mujeres que en dicho año tengan entre 60 y 65 años. Desde las leyes laborales, llevar adelante un hogar y educar hijes (si les hubiera) no son considerados trabajos, cuando en realidad sabemos que sí lo son. 


La desigualdad en números


Siguiendo con el análisis y teniendo en cuenta que las sugerencias que ofrece el motor de búsqueda Google están basadas en lo más buscado por la gente, y que, por lo tanto, pueden ser tomadas como un reflejo del imaginario social, si hacemos el ejercicio de buscar en Google la frase “tareas del hogar”, la primera sugerencia brindada por el buscador es “tareas de la mujer en el hogar”. Estas tareas son vistas como una obligación para las feminidades en todo el mundo, teniendo en cuenta el sistema patriarcal en el cual nos inscribimos, pero debería ser una tarea en conjunto con les que conviven.


Las tareas domésticas realizadas históricamente por las feminidades son trabajo no reconocido, y por ende no remunerado. Según el informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, el 88.6% de las mujeres le dedica a las tareas del hogar un promedio de 6.4 horas semanales, mientras que solamente el 57.9% de los varones las realizan, y solo les dedican un promedio de 3.4 horas semanales. Las mujeres que componen el 22.4% restante realizan tareas domésticas, pero les dedican menos horas y/o reciben ayuda de otra persona.


Sin embargo, este no es el único ámbito en el que podemos observar y analizar la desigualdad de género. Hablar de brecha salarial parece repetitivo, pero esta sigue existiendo. El informe indica que las mujeres ganan, en promedio, un 29% menos que sus pares hombres por realizar las mismas tareas en un mismo puesto.


Otro ámbito en el que se ven las desigualdades es en el de las licencias. Según la Ley de Contrato de Trabajo, la licencia por maternidad es de 90 días, mientras que la licencia por paternidad es de tan solo 2 días. De esta forma, la crianza y cuidado de les niñes terminan recayendo principalmente en las mujeres. En varios países de Latinoamérica, como Uruguay, se ha ampliado el rango de la licencia paterna a 13 días. La diferencia no es muy grande, pero ayuda mucho más que 2 días. Poco a poco, se están generando diferentes cambios en las legislaturas que ayudarán a que la brecha se achique, pero este proceso lleva tiempo. 


Cuando a la desigualdad estructural le sumamos una pandemia y un contexto de cuarentena, las tareas laborales y domésticas se multiplican. No solo hay que ordenar y limpiar la casa, sino que además hay que mantenerla libre de virus. Aquelles que tienen hijes se encuentran obligades a cumplir con sus tareas laborales, y al mismo tiempo ayudar a les niñes, quienes requieren más asistencia para cumplir con sus tareas escolares.


Las tareas de acompañamiento en la etapa escolar suelen recaer sobre las feminidades de la familia. Desde Grow Género y Trabajo, una organización que tiene como enfoque promover la equidad entre mujeres y varones en el ámbito laboral, se realizó una encuesta sobre el tiempo y la dedicación que invierten, tanto hombres como mujeres, en el cuidado, la limpieza del hogar y el cuidado de les niñes (entre otras actividades) desde que comenzó el aislamiento preventivo en nuestro país. Los varones duermen, en promedio, una hora más por día que las mujeres. Ellas le dedican dos horas más al cuidado de les niñes, una hora más a ayudarles con sus deberes escolares, y destinan una hora más a limpiar y desinfectar. Les xadres de familias monoparentales duermen mucho menos que aquelles xadres de familias en las que hay dos o más adultes, ya que el tiempo que tienen lo destinan a acompañar a sus hijes en tareas y a cuidarles. 


Campaña Cuidar en Igualdad


Con el acompañamiento del Estado, se comenzaron a realizar proyectos para redistribuir las tareas domésticas. El Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades lanzó la Campaña Nacional de Cuidar en Igualdad. ¿De qué trata la misma? Es un programa que comenzará a establecerse a lo largo del tiempo, llevada a cabo por la recientemente conformada Dirección Nacional de Políticas de Cuidados. Este organismo será el encargado de coordinar todo el proyecto, en conjunto con los diferentes ministerios, y realizar un acompañamiento federal de todo el país. La idea central del mismo es brindar apoyo y visibilización en las tareas de cuidado.


Esta campaña tiene como objetivo recuperar la federalidad, es decir, conocer la situación de cuidados a lo largo y ancho del país. Además, será llevada a cabo con un enfoque de género, de forma integral y generando conciencia en la responsabilidad colectiva sobre el derecho a cuidar y recibir cuidados.


Pero, ¿a qué hace referencia la Campaña Nacional de Cuidar en Igualdad cuando habla precisamente de cuidados? En el resumen ejecutivo de la campaña, se explica: “En la Argentina, como en todo el mundo, hay muchas formas de familias, hogares, organizaciones e instituciones. Lo que tienen en común estas diversas formas organizativas, más allá incluso de la diversidad cultural, es que en todas ellas se realizan tareas de cuidado. Éstas se vinculan con todo eso que se hace para que los hogares, las familias y organizaciones funcionen; básicamente, es todo lo que hacemos desde que nos levantamos: la gestión mental y práctica de diversas actividades incorporadas a modo de costumbres y hábitos cotidianos que permiten sostener la vida, como realizar compras, cocinar, limpiar, vestir, higienizar, brindar múltiples asistencias y apoyos a niñas, niños, niñes, adolescentes, personas mayores, personas con discapacidad, y también su réplica en ámbitos comunitarios y/o institucionales. Esas tareas han recaído sobre la figura de la mujer u otras identidades feminizadas que la cultura patriarcal asocia erróneamente como ‘cuidadoras naturales’, tanto en la esfera de los hogares como de la comunidad”.


El proyecto tiene apoyo de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL). Su objetivo es reflejar cómo es la organización social del cuidado en la Argentina actual para poder visibilizar aquellas tareas que realizan las feminidades en nuestra cultura y que estas tengan el reconocimiento que se merecen. Para poder llevarlo a cabo tiene que tener apoyo del ANSES, el PAMI, la AFIP y los ministerios de Economía, Salud, Educación, Desarrollo Social y Trabajo. Con el apoyo de todos los ministerios, subsecretarías y administraciones se comenzará a aplicar la campaña con todas las restricciones y cuidados que la pandemia requiere. Por eso, escuchar será el primer foco de la campaña, es decir, conocer las situaciones de aquelles que no fueron tenides en cuenta. De esta forma, se conocerán las necesidades y demandas a nivel social. A partir de los mismos, se construirán acuerdos de palabra y se comenzarán a realizar acciones a largo plazo para cambiar aquellas situaciones que se acordaron con las personas consultadas. Es un gran paso para que, en una sociedad en la cual las tareas de cuidado han sido históricamente menospreciadas, estas puedan ser pensadas integralmente.

Como mencionamos anteriormente, la desigualdad de género con respecto a las tareas domésticas es algo estructural. La desigualdad se da en muchos espacios en nuestra sociedad, pero el mundo de las tareas del hogar es uno de los principales.Hace años que venimos ganando terreno en este espacio, y debemos seguir haciéndolo. Muchas feminidades, en la actualidad, se sienten culpables al dejar a sus hijes con otra persona para salir con sus amigues o hacer alguna actividad, porque está instaurado culturalmente que el deber de las personas percibidas como mujeres es quedarse en casa con sus hijes. La libertad de muchas feminidades queda determinada y muchas veces limitada por el espacio doméstico y las tareas de cuidado que recaen, como venimos remarcando, sobre ellas, cuando estas deberían ser tareas compartidas. 


Otro proyecto que se vio victorioso durante la cuarentena en nuestro país fue la Ley de Cupo Laboral Trans, que se estableció a nivel Nacional en el ámbito estatal. Esta ley establece al Estado la obligatoriedad de ocupar un cupo mínimo del 1% de su personal para personas travestis, transexuales y transgénero que reúnan las condiciones de idoneidad para el cargo. Tras años de lucha, la aprobación del cupo laboral trans se presenta como una conquista de derechos para aquelles que se vieron históricamente discriminades y oprimides. El cupo laboral se presenta como una salida para muchas mujeres trans y travestis que quieren salir del sistema prostituyente, ya que el 95% de ellas están o estuvieron en situación de prostitución.


El cambio debe hacerse a nivel social, y debe incluir industrias como la publicitaria. Si prestamos atención a las publicidades, las mujeres siempre son representadas como quienes trabajan en la cocina y se encargan de les niñes. La industria cultural en su totalidad debe abandonar este modelo para lograr representaciones más reales. Las publicidades que suelen hacer referencia a estos roles asociados a lo femenino suelen ser las de productos de limpieza del hogar, productos de higiene y electrodomésticos, entre otras. 


La lucha por la igualdad de género está haciendo eco, cada vez más y en distintos espacios, aunque todes sabemos que queda mucho por hacer. Es importante recalcar que, para generar un cambio en la idea de que las tareas domésticas son una responsabilidad de las mujeres y feminidades, hay que derribar los mandatos que recaen en una idea de la mujer como esencia, y por lo tanto, la idea de que hay tareas para las que las personas percibidas como mujeres están designadas.


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