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Segundo Encuentro de Mujeres que Luchan

al 29 de Diciembre


Por Itzel Cisneros -

Fotografías por Karen Melo -


En 2018, las mujeres zapatistas nos abrieron las puertas de su casa para tejer redes y escucharnos. Más aún, nos regalaron una lucecita para no dejar de luchar. A un año de ese encuentro, nos preguntaron “¿Dónde está pues tu lucecita que te dimos?”. Muchas mujeres de México y el mundo respondieron con sus propios encuentros en los rinconcitos en los que nos toca vivir.


Este diciembre el diálogo y los aprendizajes siguen. Las hermanas zapatistas nos convocaron de nuevo en sus territorios, y casi 4 mil mujeres llegaron de más de 40 países. Todas en distintas condiciones, todas de diversos contextos, preocupaciones, rabias y dolores. Todas con el mismo problema: la violencia.


Este segundo encuentro ha cambiado de forma. Mientras que en el primero lo que acordamos tras tres días de trabajo fue vivir, este acuerdo no ha sido fácil de mantener. Así que aquí estamos para escuchar las propuestas, organizaciones y testimonios. Este segundo encuentro es para regresarle valor a nuestra vida, en un mundo en el que ser mujer es lo más peligroso del mundo.


El encuentro se dividió en tres partes. El primer día fue de un tono duro, se abrió un micrófono para escuchar la voz de todos los testimonios de violencia que habíamos sufrido las hermanas que estábamos en el encuentro. Sobra decir que ese día no fue suficiente para oírlos todos, que se tuvo que acordar seguir al siguiente, que se abrieron más micrófonos, que las charlas en la comida, en los baños, en las carpas no eran suficientes. Las palabras que más se escucharon fueron: “Nunca antes había hablado de esto...”, palabras que en mi corazón resonaron durante todo el 2019.

Sin embargo, a la par también había ganas de seguir, de que esto no se volviera a repetir, de cuidarnos y abrazarnos. Si muchas mujeres pudieron hablar fue porque las hermanas zapatistas nos crearon un lugar seguro, un lugar que todas cuidamos.



El segundo día tuvo que ver con eso, fue un día de propuestas. Y así como el dolor era desbordante, también lo fue la energía creadora de las compañeras. Es muy luminoso ver de cerca la fuerza de mujeres de todas las edades y de distintos territorios unirse para resistir. Luchas contra el extractivismo, luchas por los derechos humanos, organizaciones contra la trata, defensa de los derechos de las personas trans, organizaciones de mujeres viajeras, redes de oficios y profesiones entre mujeres, refugios para mujeres, educación feminista, otras maternidades, cuidados emocionales contra la violencia, defensa personal, medios libres... la lista es interminable. El sentimiento compartido fue ése: lo inconmensurable de nuestra lucha.



El último día se dedicó a la expresión de todo lo ocurrido: el arte. Compañeras artistas nos regalaron desde fotografía hasta tatuajes, pasando por música, danza colectiva, teatro, performance y poesía. Todo lo sucedido en esos días se condensó en el placer y la voz de las mujeres, su forma de ver el mundo, su forma de crearlo. “Haciendo arte resistimos” fue el coro de ese día.


¿Qué queda ahora? ¿Cuál es la solución a la violencia? ¿Cuáles fueron los acuerdos?

Seguir encontrándonos. Seguir resistiendo juntas y crear más formas, más espacios, más tiempos. El encuentro de mujeres que luchan es un espacio de certeza, que a una mujer (sobre todo siendo mexicana) se le niega. Estás segura de que vas a estar bien, de que te van cuidar, de que nadie te va a violentar, de que alguien te va a tender una mano para seguir. Estás segura de que vas a vivir y que tu vida vale. Lo que sigue es llevar esa certeza, esa lucecita, allá afuera, a todos los rinconcitos del mundo.