• REVISTA MANTIS

Reparar el mundo. Entrevista a Judíes Feministas

Por Lucía Lago -


Libertad y Delfina Averbuj son hermanas. Libertad estudia artes en la UBA, y Delfina estudia profesorado de historia y trabaja en el Museo Judío de Buenos Aires, un espacio que según ella “muy poca gente conoce, pero existe”. Ambas son integrantes del colectivo Judíes Feministas desde su formación el año pasado. Tuve la suerte de poder sentarme con ellas una tarde de cuarentena para charlar sobre la historia de su colectivo, sus ideas y la experiencia de ser una feminidad judía en latinoamérica.


Libertad nos cuenta que la colectiva se fundó gracias a las redes. “Nosotras decimos, un poco en joda pero un poco en verdad, que fue por Twitter. Por ahí algunas nos conocíamos aparte y nos fuimos sumando, pero yo me acuerdo que vi el tuit de una chica y pensé ‘che, yo quiero’. Decía básicamente: ‘¿Sos judía y feminista? Hablame’”. Cuentan que a raíz de ese mensaje comenzaron a contactarse con otres amigues y conocides, y formaron un grupo de WhatsApp, que en una semana llegó a tener casi 100 integrantes. A partir de este primer contacto, comenzó a surgir la necesidad de juntarse en persona. “Medio así, completamente autogestivo y con mucha iniciativa, concretamos una primera reunión, que fue hace un año, más o menos. Fue para principios de junio del año pasado. Y de ese grupo de 100 personas de WhatsApp habíamos ido unas 10”, relata Delfina. Libertad agrega que “en el grupo de WhatsApp hay chicas de Israel, hay chicas de Tucumán, de Chaco, de toda la Argentina. Y una chica de Paraguay. Tampoco es que todes nos podíamos juntar”. Al momento de esa primera reunión, la mayoría eran completes desconocides entre sí. Delfina pudo concurrir a la reunión: “La mayoría fuimos soles, o capaz con otra persona, pero eso, une o dos. Nos empezamos a conocer por eso”.

Collage por Mar -

Delfina sostiene que, en un principio, la virtualidad fue una gran ayuda para contactarse. Después de tres primeros encuentros más bien informales, la primera actividad que organizaron fue un shabbat. “Fuimos al espacio de la rabina Karina Filkenstein, y después fuimos a (su) casa a pasar una hermosa cena”, cuenta Libertad. Según Delfina, eran “como veinte personas ahí, veinte mujeres y disidencias”. Su hermana dice que “fue muy lindo, la pasamos muy bien. Karina (es) rabina, con una perspectiva muy feminista. Revimos el mito de Adán y Eva, y lo reformulamos desde una mirada más feminista, y nos quedamos con ganas de mucho más. Al mes siguiente decidimos hacer otro shabbat, y al mes siguiente era Rosh Hashaná, y dijimos ‘bueno, hagamos un Rosh Hashaná’”. A partir de aquel momento comenzaron a pensar en formalizar más el movimiento. Así, surgieron las redes de Judíes Feministas: su Twitter y su cuenta de Instagram.


El camino que fueron recorriendo como colectiva fue lento y constante. “Para que te des una idea”, dice Delfina, “entre nosotras creemos que recién ahora estamos encontrando más o menos qué queremos hacer con el espacio y la colectiva, y venimos de un año de crecimiento. Nos queda muchísimo más por explorar, por ver, que nos conozca gente que todavía no nos conoce. Va más allá de una cuestión de cantidad de gente, que no nos interesa; sino la perspectiva que nosotres tenemos, que creo que es lo que nos hace diferentes a otras colectivas, tanto judías como feministas: esta perspectiva donde el judaísmo y el feminismo tienen una mirada transversal, y el judaísmo no tiene que ver con esta cuestión patriarcal que toda la vida nos quisieron imponer. Revemos todas las pequeñas tradiciones, y entendemos al judaísmo como una cuestión mucho más cultural y no tanto como una cuestión religiosa per se”.


Ella cuenta que existen tres ejes principales dentro de las actividades que organizan. “Uno que tiene que ver con todo lo que es la la tradición judía, y ahí entra el Rosh Hashaná, el shabbat y todo eso, desde una mirada feminista. Después tenemos la otra pata, que tiene que ver con el feminismo político acá en Argentina en el 2020, y los reclamos hacia el Estado, como el aborto legal y el Ni Una Menos, y toda la militancia diaria del feminismo en Argentina y en el mundo, que también muchas veces lo reinterpretamos desde una mirada judaica. Fuimos a la última marcha del 8M como colectiva todes juntes. Y después, (hay) otra pata, que tiene que ver con lo social-cultural, por ejemplo, el taller de literatura que tenemos, de formación para nosotres también”.


Les pregunto cuál creen, actualmente, que es el objetivo de su organización. Libertad dice que, a raíz de la cuarentena, empezaron a mover más sus redes sociales, ya que no podían realizar las actividades que hacían antes. “Al empezar a mover las redes, dijimos ‘esto nos copa a nosotres, le copa a la gente’, el contar historias de mujeres o disidencias judías desde una perspectiva feminista. También, por ejemplo, cuando fue el aniversario de la campaña por el aborto, hicimos un texto sobre el Tikun Olam, que también a la gente le gustó mucho. La idea de fundir nuestros valores como judíes y como feministas me parece que es nuestro principal objetivo”. Delfina se refiere a la reflexión que compartieron sobre el concepto de Tikun Olam, la responsabilidad compartida de la humanidad de reparar el mundo y dejarlo mejor que como lo encontramos, que supieron asociar con la incansable lucha por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.


Para ellas, es esencial tener una mirada interseccional del feminismo. Delfina reconoce que “el feminismo no puede ser un privilegio para las mujeres blancas. La mayoría de nosotras estamos en una posición económica bastante buena, podemos sobrevivir a la pandemia más o menos tranquilas, con un techo y una casa. Entendemos, también, que hay mucha gente que no”. Libertad agrega que eso les lleva a tener una visión latinoamericanista de su feminismo. “Nos atraviesa mucho eso. La mujer está oprimida, pero dentro de esas opresiones siempre hay más opresiones, y vas destapando la olla y van saliendo”. Su colectiva está integrada por mujeres y disidencias, judías (que como dice ella, "también eso es ser una minoría y durante muchos siglos fue un signo de opresión"), algunas de las cuales son personas LGBTIQ+, y latinoamericanas. En sus palabras, "no es lo mismo ser una judía latinoamericana que ser una judía yanqui o ser una judía israelí. Tenemos otras problemáticas: acá no tenemos aborto, acá hay un femicidio todos los días. También, el feminismo latinoamericano está teniendo mucha importancia a nivel mundial, y nosotres no nos podemos quedar atrás de eso". Desde que comenzaron sus actividades, se dieron cuenta de que existían otros colectivos de judíes feministas en otras partes de Latinoamérica. “Nos contactamos con les de Uruguay, con les de Chile; tuvimos un par de actividades en conjunto y un diálogo muy fluido que está muy bueno”, dice Delfina.


Respecto a la temática de la interseccionalidad, piensan en el actual movimiento de Black Lives Matter en Estados Unidos, y reflexionan: “Hay un montón de judíes negres, y constantemente son invisibilizades. Está la visión de le judíe ashkenazí, pero apenas está la visión de les judíes sefaradíes”, dice Libertad. “Y ni hablar de le judíe africane, de Etiopía o de Uganda, o de una familia mixta”, agrega Delfina. Dicen que muchas celebridades norteamericanas, como Drake, Lenny Kravitz o Tracee Ellis Ross, provienen de familias mixtas, pero que su judaísmo no es reconocido en el inconsciente colectivo. “Y mucho menos le judíe latinoamericane. Nosotras nos identificamos como judías argentinas latinoamericanas”, dice Libertad. Su hermana agrega que el recorrido de les judíes argentines, en particular, es distinto al de les judíes en otros países: “por el tamaño de la comunidad, por la historia, por lo que ocurrió con la comunidad judía en Argentina en general, desde los atentados hasta terrorismo de estado. Le judíe de izquierda en argentina tuvo un gran peso en nuestra política. Muchas veces pasa que le judíe organizade actualmente tiene una visión mucho más de derecha, por decirlo de alguna forma, con respecto a su visión en el mundo. Entendemos que el judaísmo no es eso. Históricamente, el judaísmo y la izquierda o el progresismo están súper relacionados entre sí, porque muches de les grandes pensadores de izquierda eran judíes. También (lo) vemos (en) las militancias de los kibutzim (comunas agrícolas israelíes) o de la juventud en Rusia”. Libertad agrega: “O mismo, (lo vemos en) cómo fue fundada Israel y quiénes fueron les primeres ministres en los comienzos. Siempre fue la izquierda la protagonista”. “Les grandes pensadorxs de principios del sionismo eran todes de un carácter de izquierda”, dice Delfina. Agregan que son parientes lejanas de César Milstein, premio nobel argentino judío, anarquista y exiliado durante la dictadura militar.


Delfina cree que la comunidad judía organizada en Argentina, actualmente, tiene una visión bastante conservadora y de derecha. “Uno de los problemas con las instituciones, las formales (esto es completamente opinión personal, no tiene nada que ver con Judíes lo que voy a decir), es que están financiadas por el estado de Israel, por lo menos acá en Argentina”, dice. “De alguna forma mandan plata siempre, a través de distintas organizaciones, para que puedan subsistir. Y eso condiciona mucho el pensamiento que tienen estas instituciones. Y en general, la mayoría se autodefinen como sionistas, y es como su bandera, y muchas se terminan alineando también al pensamiento del gobierno actual israelí. Con el cual, y ahí sí hablo por la mayoría de Judíes, creo que no estamos a favor ni nos gusta. No concordamos en general con las políticas de gobierno de Netanyahu”. Para Libertad, esa es una de las razones por las cuales surge Judíes Feministas: por no poder sentirse identificades con las instituciones judaicas actuales en la Argentina ni sus gobiernos. “Por varias cosas, ya sea por machismo o por una visión muy de derecha”.


Estas diferencias políticas son las que les llevaron a conformar su propio espacio. “La verdad es que tenemos diferentes pensamientos: algunes son más de izquierda, otres se pueden percibir peronistas, pero en general somos todes más bien tirando hacia el progresismo, y justamente entendemos al feminismo como algo progresista y que no puede ser de derecha. Y por eso nos alejamos un poco de ese tipo de instituciones”. Delfina agrega: “Es algo interesante, que debatimos también entre nosotres, y que no está completamente fijo, la visión que tenemos. Cada une de nosotres tiene una visión completamente diferente sobre lo que puede significar el sionismo, pero no importa porque nuestros ejes no apuntan ahí, básicamente. También, durante los últimos años se ligó mucho al judaísmo con el sionismo y lo que significa el sionismo en general, que la mayoría de la gente…” “...lo tomó como mala palabra”, completa su hermana. Delfina continúa diciendo que mucha gente “capaz no tiene idea de la historia del sionismo, o cómo surge o qué es exactamente, y lo ponen como ‘sionismo=gobierno israelí’, o ‘sionismo=judaísmo’. Entendemos que no es lo mismo. No creo que ningune de nosotres diga ‘no quiero que exista Israel’, tampoco lo planteamos en esos términos. No es que no somos sionistas, simplemente no nos interesa discutir la temática cuando hay otras que capaz nos atraviesan más”.


Gran parte del contenido que Judíes Feministas publica en su Instagram tiene que ver con la revalorización de conceptos tradicionales del judaísmo, como hicieron con el Tikun Olam. Respecto a esto, Delfina cuenta que dentro de la colectiva hay integrantes que tienen un recorrido en educación judía, y que por lo tanto pueden pensar ese tipo de comparaciones. “Ella es la rabina”, bromea Libertad, señalando a su hermana. “Hay otres que capaz nunca tuvieron educación judía, y van aprendiendo también con estas publicaciones o debates que vamos haciendo. Siempre intentamos hacer un espacio de estudio o de reflexión en nuestros encuentros, porque el judaísmo es eso también: tiene que ver con aprender todo el tiempo”, dice Delfina. Según ella, una de las mitzvot (mandamientos) más importantes es estar continuamente estudiando y aprendiendo cosas nuevas, y eso es lo que intentan hacer en sus espacios. “No necesariamente tiene que ver con conceptos judaicos, sino con aprender, con compartir, intercambiar entre personas. Y con los posts de ese tipo, vamos viendo qué se nos ocurre a cada une de les que sabemos un poquitito más de estas temáticas para poder escribir ese tipo de cosas. También le pedimos ayuda, si necesitamos, a la rabina, que es la que más sabe de estos temas, obviamente. Pero es colaborativo”.


Las hermanas manifiestan que uno de los aspectos que les gusta de su espacio es que le permitió a muchas personas que nunca tuvieron mucho contacto con el judaísmo acercarse más a sus raíces. Según Delfina, lo que mueve a sus integrantes es plantearse preguntas: “¿Cuáles son nuestros orígenes, de dónde vienen? ¿Por qué soy judía? ¿Para qué soy judía? ¿Quiero ser judía? ¿Qué tipo de judaísmo quiero? El que surja este espacio tiene que ver con ese tipo de preguntas que nos hicimos”.


Además de reflexionar sobre las tradiciones judías, la colectiva utiliza sus redes sociales para divulgar información sobre mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries judíes de la historia. Delfina relata que esa sección fue un poco su idea, ya que como estudiante de historia le interesa mucho la vida de estas figuras. “Me iba encontrando libros de historia donde había mujeres judías que no se conocían”, dice. Libertad agrega: “Siempre es Alicia Moureau allá arriba, que sí, hay que tenerla allá arriba, pero no fue la única. Estaba Fenia Chertkoff y sus hermanas al lado de Alicia, y está completamente invisibilizada. Y eso también creo que tiene que ver con su condición de judía. La realidad es que no solo siendo mujer, sino también por judía, fue invisibilizada. Queremos retomar sus banderas, y mostrárselas al mundo”.


Una de sus publicaciones de Instagram reivindica y recuerda a la gran Effy Beth, artista mujer, transexual y judía. Cuenta Delfina: “Tuvimos un shabbat específicamente dedicado a Effy, donde vino la mamá. Ella es directora de un colegio judaico, así que Effy toda su vida recibió educación judía”. Libertad agrega: “Effy vivió en Israel. Y bueno, siempre sus trabajos fueron a raíz de su argentinidad, su judaísmo y su transexualidad. Nos re interpela Effy”. “Es esa la palabra: nos interpela. Nos conmueve su obra, nos llama la atención. Y es conocida en el círculo LGBTIQ+, pero no es para nada conocida en el círculo judío. O sea, vos le hablás a cualquier judíe de Effy Beth y no la conoce. Entonces, nosotres nos preguntamos ‘¿cómo puede ser que no la conozcan?’ Y también un poco esto de dar a conocer quiénes fueron o son nuestras referentas. No sé si me gusta la palabra referenta, pero nuestres guías, con qué personas nos identificamos. No como una cuestión de adoración, sino qué banderas tomamos, y qué mujeres tomaron esas banderas en algún momento”.


Para ellas, es importante transmitir estas historias, y que la gente las conozca. “El 8 de marzo está muy ligado a Clara Lemlich, obrera, que se paró enfrente de toda la burocracia sindical yanqui y dijo ‘nosotras paramos’. No se le movió ni un pelo. Era mujer, era judía, era obrera, era de izquierda y plantó esa bandera, y hoy en día tenemos un 8 de marzo en parte gracias a ella. Y se me vienen a la cabeza un montón de otras”, dice Libertad.


“Volviendo al tema de Israel”, agrega, “hicimos una breve publicación sobre Shulamit Aloni, una súper referente de la política israelí de izquierda, que luchó por los derechos de les palestines, por la creación de los dos estados, y que está completamente invisibilizada en la visión sionista que tiene la Argentina. En Israel no sé si tanto, me parece que fue mucho más reconocida. Pero acá, hasta que el año pasado no vi una publicación, no la conocía. Mostremos estas mujeres que por ser mujeres, por ser judías…” “...por ser feministas, obreras, lo que sea...” (acota su hermana), “... fueron invisibilizadas”.


A principios del siglo XX, Argentina vivió la aparición de la Zwi Migdal, una enorme red de trata, que traía mujeres judías campesinas desde Europa del este con promesas de matrimonio para explotarlas sexualmente. Es algo de lo que no se habla en las escuelas ni en las clases de historia, y que escuché mencionar por primera vez el año pasado gracias a una persona conocida mía. Delfina dice que fue algo “heavy para lo que fue la comunidad judía en ese momento. Los tribunales rabínicos del mundo prohibieron hacer conversiones al judaísmo en Argentina como ‘pena’ por lo que había pasado con la Zwi Migdal, a tal punto que eso sigue hasta el día de hoy. Hay tres ramas grandes en relación al judaísmo religioso: la ortodoxia, otro que se llama movimiento conservador, y otro el reformista. Acá en Argentina llega el movimiento conservador en los ‘60, más o menos, de la mano de un rabino que se llamó Marshall Meyer, que era uno de les integrantes de la CONADEP. Antes, en la Argentina, en la época de la Zwi Migdal, eran todes ortodoxes. Viene Marshall, crea el movimiento conservador, y dice ‘esto ya pasó hace mucho tiempo, estaría bueno que se empezaran a permitir las conversiones en la Argentina’. Entonces, el movimiento conservador las permite, y empieza a hacer conversiones en la Argentina”. Pero la ortodoxia sigue teniendo la hegemonía institucional en Israel, y en la Argentina también, porque la AMIA está alineada con la ortodoxia. El resultado es que la ortodoxia no reconoce las conversiones en la Argentina, cuentan ellas. “Se termina generando una especie de discriminación interna hacia las personas conversas al judaísmo, porque nunca se las reconoce oficialmente como tal”, dice Delfina. Lo mismo ocurre con les hijes de parejas mixtas que no fueron gestades por una persona judía: “quedás excluide de un montón de actividades y beneficios que las otras personas tienen”. “No podés votar en AMIA, por ejemplo. No podés ser enterrade en Tablada. Ahora se hizo una parte especial para les converses en Tablada. Pero tenés el cementerio y ahí tenés un pedacito para les converses, entonces es completamente discriminatorio”, opina Libertad. Agrega su hermana: “Esas son cosas que nosotras tampoco las miramos con buenos ojos. Te harás una idea que el asunto de la Zwi Migdal generó bastante conflicto hasta el día de hoy en lo que es la comunidad judía en Argentina”.


Algo que estamos acostumbrades a ver, últimamente, son las diversas protestas que se levantan en Argentina y en el mundo en contra del aislamiento preventivo o el uso de barbijo, y otras medidas tomadas para evitar el contagio de Covid-19. Y vemos aparecer, muchas veces, un discurso antisemita en ese tipo de protestas: denuncias a un “nuevo orden mundial” que pretende ser implementado por les judíes en todo el planeta, y acusaciones de que la comunidad judía pretende colonizar el mundo a través del “marxismo cultural”. Delfina, personalmente, cree que el antisemitismo “nunca se termina de ir. Nunca podemos terminar de extinguir el nicho.” Libertad agrega: “Hay una parte que nunca se fue, y otra que está resurgiendo, y con mucha fuerza. Es a nivel mundial que está pasando todo esto. En EE.UU. está recontra pasando, en toda Europa, en Argentina. Es este resurgimiento de las derechas en todo el mundo, con mucho peso, mucho poder y mucha manipulación desde los medios de comunicación y desde la Internet que genera estas teorías conspiranoicas. Tenés esa parte que nunca se fue, y tenés el antisemitismo desde izquierda que dice ‘Israel es malo’ y que ‘el sionismo es malo’, y desde la derecha que dice ‘los judíos quieren conquistar el mundo’, que ‘los judíos son todos comunistas’”.


Delfina agrega: “Desde izquierda te dicen ‘todes les judíes son capitalistas males’ y del otro lado dicen ‘todes les judíos son de izquierda y son males’. Ese discurso existió siempre; desde antes de la Segunda Guerra Mundial existe el antisemitismo. Esto ya (fue) estudiado extensamente. Sí creo, que como dice Libi, en las situaciones de crisis se polarizan mucho las opiniones, entonces se empiezan a buscar excusas para poder echarle la culpa de todos los males que están pasando a alguien. Esta gente cae en eso. También, venimos de cuatro años en los que hubo un discurso de odio instalado desde el estado hacia le otre, hacia la otredad. Y lamentablemente, eso fogoneó, y hay algunes dirigentes polítiques en Argentina que fogonean este tipo de discursos. Que la verdad que es una mierda. No hay mucho más para decir”.


Remarcan que, al ser judíes y feministas, reciben mensajes de odio desde lugares muy distintos. “Nos llega cada tanto algún mensaje de ‘ah, feminazi’. Y tipo, ¿te das cuenta? ¿Escuchás lo que estás diciendo? ¿Sos bobo? ¿Al instagram ‘Judíes Feministas’, feminazi?”, cuenta Delfina, entre risas. “Yo sigo creyendo que, por lo menos acá en Argentina, siguen siendo unes poques marginales les que opinan así. Lamentablemente, hay medios de comunicación que les siguen dando voz. No tendrían que salir de ser un troll en internet ese tipo de personas. Lo único que hacen es fomentar a presidentes como Trump o Bolsonaro, que no hablan desde lo científico. Estas personas tienen un discurso anticientífico, que fomenta las teorías conspiranoicas. Lo único que por lo menos intentamos hacer nosotres es tratar de explicar, de educar, para que la menor cantidad de gente posible compre ese tipo de discursos”. “O que si algune empezó a ver ese tipo de discurso, también pueda ver el nuestro y tratar de hacer alguna asociación de ideas y ponerse a pensar un poquito”, agrega Libertad.


Libertad y Delfina hablan del proceso de ghetización que se da en la comunidad judía en la Argentina. “Primero, la última dictadura militar arrasó con una buena cantidad de compañeres desaparecides, que eran judíes y de izquierda. Otra parte se tuvo que ir; la mayoría se fue a Israel. Y después de los dos atentados, la embajada de Israel y la AMIA, la colectividad se fue cerrando cada vez más a le otre. Y (surgieron) los colegios religiosos. Antes, nuestres viejes fueron a escuela pública, todes sus hermanes fueron a escuela pública, y tenían a todes sus compañeres que eran judíes e iban a escuela pública”. “Eso es el proceso de ghetización. Lo único que genera es más odio”, dice su hermana. “No podemos compartir con le otre. Le otre no te ve”, agrega Libertad. “La discriminación hacia le otre y el concepto de otredad que existe tiene que ver con no conocer a le otre y no poder empatizar. Nosotras siempre jodemos con que nuestras actividades son ‘goi friendly’”, dice Delfina.


“Yo me considero casi siempre la ‘amiga judía’ de mis grupos de amigues. Porque cada vez se fue cerrando más, y es difícil identificarte como judíe si estás por fuera. A mí me pasó que me peleé mucho con mi judaísmo, porque veía que cada vez estaba más encerrada en una burbuja, que conocía a la misma gente y que no podía salir de esa burbuja. Y me molestaba muchísimo, y me enojaba. Quise romper con todo eso. Veía que se cerraba, que tenía una visión muy de derecha, y no quise saber nada más. Y después, en una reconciliación con mi propia identidad me di cuenta que el judaísmo era mucho más, que es una parte muy fuerte de mi identidad. Fui conociendo otres compañeros y compañeras judíes de izquierda que tenían otra visión más parecida a la mía, y de repente creo que todo eso concluyó en Judíes, con todes estes compañeres que veníamos justamente bastante hartes de toda esta situación”. De esta forma fue reconstruyendo su propia relación con el judaísmo.


“Es un poco lo que nos pasa a todes les que lo integramos”, dice Delfina. “Todes teníamos algún tipo de relación con el judaísmo, ya sea muy fuerte, de muchos años de activismo en la comunidad, o gente que su relación con el judaísmo era una cena de Rosh Hashaná una vez por año, pero que estaba interesada en aprender más sobre el tema. Nos pasa mucho que después de Taglit, el programa que van a Israel, conocen su judaísmo por primera vez y dicen ‘wow, qué es esto, me interesa, dónde puedo aprender más’, y nos escriben y se suman al proyecto después de eso. Y creo que eso es lo interesante. Cada une de nosotres tiene una relación distinta con el judaísmo, pero el espacio lo que nos permite es poder expresar esas diferencias y similitudes que tenemos entre nosotres y aprender de eso. Creo que eso es lo rico de la colectiva, que es un espacio completamente horizontal, donde cada une propone lo que tiene ganas de escribir o la actividad que tiene ganas de planificar, y capaz nos voluntarizamos un par y le metemos para adelante. Es el espacio de poder ser vos con tu judaísmo y sentirte cómoda, cómode con eso”.


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