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Por una ciencia al servicio del pueblo

Reseña de Andrés Carrasco: Ciencia disruptiva de Valeria Tucci


Por Evangelina Ramos de Mirada Épica -


¿Cuánto de lo que se investiga y es susceptible de ser llevado a la práctica en nuestro país tiene la aplicación y el desarrollo que merecemos/necesitamos? ¿Cuánta gente tiene que enfermarse/perder la vida para que tomemos conciencia de la necesidad de buscar modos alternativos de producción? El Estado tiene el poder de desandar estos caminos. Sin embargo, es el pueblo que a fuerza de lucha detiene las prácticas aberrantes que los poderosos e indiferentes de siempre, con el único objetivo de la ganancia desmedida por un lado y la falta de ética y responsabilidad social por otro, insisten en sostener, amparados en el modelo agro-exportador que vemos, sin mucho esfuerzo, no da para más. Estos son los temas que se abordan en la película, ópera prima de la directora Valeria Tucci: Andrés Carrasco: ciencia disruptiva.



La pieza aborda la figura de Andrés Carrasco, científico argentino, quien supo ser presidente del CONICET y jefe de laboratorio de embriología de la UBA, que estudió y denunció las consecuencias del uso de agrotóxicos en nuestro país, aporte que lo dejó en medio de un grave conflicto entre las corporaciones, la comunidad científica y el Estado. Valiéndose de testimonios diversos (entrevistas, fotografías e imágenes audiovisuales de archivo) la directora construye un relato de una agudeza admirable, que incita a le espectadore a la acción. En este sentido y tal como lo definieron Pino Solanas y Jean-Luc Godard en el artículo Godard por Solanas. Solanas por Godard, podemos pensar el film de Tucci como un nuevo film acto (al igual que, en su momento, La hora de los hornos) puesto que se convierte en espacio de liberación generando la toma de conciencia de les espectadores de su situación y de la necesidad de una praxis más profunda para cambiarla. "¡Hacé algo!" reza uno de los planos finales, fruto de una de las últimas declaraciones de Andrés.


Mención aparte requiere el uso reiterado en la película de la TV, en tanto objeto que reencuadra los diversos testimonios, enfatizándolos. En varias ocasiones vemos televisores simultáneamente multiplicando noticias al respecto. La TV, en el film de Tucci, es artefacto que denuncia lo que omitimos y callamos como sociedad, aquello a lo que hemos sido indiferentes de un modo masivo y que pone en jaque las bases de nuestra democracia y, a la vez, es empleado en la película como herramienta para visibilizar todo aquello que Carrasco y pueblos como el de Ituzaingó o el de Malvinas Argentinas en Córdoba fueron haciendo a partir del compromiso con esta causa que los medios visibilizaron solo parcialmente. La obra le da ese lugar al científico que ni las grandes corporaciones, ni la clase dirigente, le dieron durante toda su lucha. Reivindica su figura y su obra representándolo como el maestro incansable, el científico tenaz y el militante comprometido que fue hasta el final de su vida.


Es interesante señalar, por último, en diálogo con lo recientemente mencionado, la circulación acotada del film. Si bien en el exterior participó de variados festivales: el Terra di Tutti Film Festival en Italia, el 26° Festival Internacional de Cine del Medio Ambiente (Suncine) en Barcelona y el Festival Internacional de Documental Ecológico de Bozcaada (BIFED) en Turquía, en nuestro país, como sucede con la vida de muchos films nacionales, en especial aquellos que resultan disruptivos, tuvo una circulación muy pobre, sin estreno en las grandes cadenas de cine. No obstante, es posible verlo en cine.ar y proyectado en espacios independientes y autogestivos. De todas formas, ojalá pueda volver a verse en la pantalla grande y por qué no como material de estudio en cada una de nuestras escuelas. ¡Es un film necesario y urgente!


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