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Nunca filmarán el porno como filman la guerra

Reseña de Porno Brujas, primera parte de la trilogía Teoría King Kong versión de Alejandro Maci


Por Belén Durruty -


Una pantalla en el escenario del Teatro Nacional Cervantes proyecta con detalle una pila de churros siendo bañados con lo que aparentemente es miel y también chocolate derretido. La sala ya está completamente a oscuras. La voz en off de Andrea Bonelli, quien esta noche encarna a Virgine Despentes, recita fragmentos de Porno Brujas, parte de la obra Teoría King Kong, texto que se mueve entre la autobiografía y la teoría feminista y que se ha ganado un lugar en las bibliotecas violetas. La pantalla no deja de mostrar con primerísimos primeros planos crema batida y frutillas; ahora la actriz que protagonizará este monólogo ya está en escena.

Ilustración por María Emilia Giordano -

Esta es la primera parte de la adaptación teatral de Alejandro Maci del texto de Despentes, que se pensó en forma de trilogía. Durante tres fines de semana, y en el marco de la reapertura con nueva gestión del Teatro Nacional Argentino, tres actrices de renombre bajo tres direcciones distintas protagonizaron distintos fragmentos del libro: los viernes tuvo lugar “Porno Brujas” con la actuación de Andrea Bonelli y la dirección de Mónica Viñao; los sábados, “Chica King Kong” con Mercedes Morán bajo la dirección de Romina Paula; los domingos Soledad Silveyra protagonizó “Durmiendo con el enemigo” dirigida por Claudio Tolcachir.


En Porno Brujas, la adaptación pone en escena dos partes del libro. Durante el comienzo de la obra, Andrea Bonelli monologa y la pantalla reproduce de fondo imágenes sensuales de, en su mayoría, alimentos dulces, deliciosos: chocolate que se derrite en forma de hilo sobre una copa de crema chantilly perfectamente servida, bananas siendo bañadas con dulces, mucha más crema, mucho más chocolate, lo que parece ser crema pastelera también cayendo suavemente sobre churros. La cercanía y el foco puesto en los lugares justos, la formas fálicas y el fuera de foco dejando como imagen una textura similar a la de la piel dan lugar a la imaginación erótica, a la fantasía.


El monólogo es el recitado del libro de la autora francesa que habla sobre el cine porno, su efecto en el público, su éxito rotundo. Es una industria que podría haber sido millonaria, de primerísima calidad, pero fue atacada por la mirada moralmente evangelizada que reproduce la represión del deseo y que a nivel macro, directamente, prohibió este género. Es esa mirada que se aterra, a la cual le resultan inapropiadas este tipo de representaciones, que no da lugar a la masturbación porque el sexo es únicamente una forma de reproducción y de mantener viva a la especie. Mirada, por supuesto, hipócrita en su gran mayoría. “El pueblo llena las salas y descubre la noción del placer”, dice Despentes, y expone el motivo por el cual este cine se transforma en un peligro para los sectores dominantes. Luego, señala: “No habrá más posibilidad de dirigir películas ambiciosas, de filmar el sexo como se dedicarán a filmar la guerra, el amor romántico o los gángsters”, y así deja en evidencia los valores que sí fueron avalados para que la industria cinematográfica crezca hasta niveles multimillonarios y este tipo de films lleguen hasta las salas más remotas en cada rincón del planeta.


En la que podría llamarse la segunda parte de la puesta en escena, el monólogo retoma la primera parte de Teoría King Kong, en la cual Despentes se autodefine y esclarece desde dónde escribe, desde qué lugar como mujer va a pararse: “Escribo desde las feas, para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal cogidas, las incogibles, las histéricas, las chifladas, todas las excluidas de la gran feria de las que están buenas”. En este momento, la representación teatral choca porque mientras Andrea Bonelli recita estas palabras, la vemos a ella siendo otra cosa. Es decir, no es ella esa mujer que se está nombrando en el texto.


Por otro lado, es importante destacar que esta nueva gestión del Teatro, con su reapertura y la decisión de estrenar con esta obra, es una decisión política y una toma de postura. Pero deja lugar a pensar qué posicionamiento se está tomando en concreto. Es importante la elección de adaptar un texto feminista, pero en algún punto se está eligiendo un feminismo específico. Despentes escribe con una prosa punzante haciendo una crítica al capitalismo patriarcal, pero desde su lugar determinado: mujer cis, blanca, primermundista. La postura tomada no sería precisamente de un feminismo interseccional. Además, llama la atención que la adaptación del texto y la dirección de una de las obras estén a cargo de varones cis. ¿Qué están queriendo decir con esto? Damos un paso adelante en el plano simbólico, pero en el de la realidad todavía falta: seguimos exigiendo que mujeres, lesbianas, no binaries, trans, travestis y queers ocupen estos lugares.