• REVISTA MANTIS

Nuestra venganza es nuestra autonomía

Un libro que atraviesa el fuego y lo ofrece como elemento de sanación


Por Eva Laura del Rosario -


Hay libros imprescindibles y lo son por distintas razones. Unos, por su belleza. Otros, por los significados que tienen. Otros, por la urgencia y relevancia de los temas que tocan. Otros son pura pasión que viene a salvarnos. Sí: hay libros que salvan. De la mano de una persona tan hermosa como imprescindible, que es Clau Bidegain, me llegó la recomendación de Nuestra venganza es nuestra autonomía, de Ariell Carolina Fernanda Luján, libro que reúne todas las cualidades nombradas antes.

Fotografía por Tin Persian -

El fuego de la originalidad verbal de Ariell Carolina no cae en ningún lugar común. Pero pasa algo mucho más vertiginoso. Al leer su libro, te das cuenta de que, por las palabras que usa, está siendo total(brutal)mente genuine, que habla desde la experiencia más descarnada, sensible, sanadora, exiliándose de la academia, evitando o no recurriendo a citas de (pretendida) autoridad y a slogans refritados, que ya no dicen nada, que de tan repetidos perdieron su capacidad de comunicar. Porque este libro, si algo pretende, es comunicar. Y mucho. Y cómo. Tanto el libro como el activismo de quien lo escribió son enormemente coherentes. Entonces, si se pretende serlo, ¿cómo caer en métodos promovidos por instituciones patriarcales? Le autore se permite una cita, sí, pero es de alguien que no proviene de ni promueve la academia. Se trata de su sabie amigue Fisión Ciruja, a quien quiere inmensamente, y quien afirma que “El abuso no es destino”.


Las palabras del libro son fuertes, potentes, y están dichas así por primera vez. Esto quizás tenga que ver con que de este tema se habla poco, pero sobre todo con que Ariell no le pide permiso para pensar a ninguna institución. A continuación, dejo algunos ejemplos:


Para elle, lo personal no sólo es político sino también “colectivo” y “paradigmático”.


Las personas, según elle, podemos convertirnos en “identidades detonantes”.


“Descubrir la imagen invisible, la lógica del dispositivo macho, es robarle las llaves al enemigo. Abortar la semejanza a éste y que observado, inútil y minúsculo, pase a ser desapoderado”.


Además, le autore crea sus propios eslóganes, para nada carentes de significado ni vaciados por prácticas contradictorias, y nos los comparte, para que los volvamos nuestros. Para que los transformemos en nuestras herramientas de lucha. Tales como: Punitivista es la violación / Nuestra identidad es nuestra resistencia. / Somos la llave y la puerta. Fuego a la cultura del abuso. / Me niego rotundamente a creer que mi único destino es el abuso o la supervivencia a él. / Ya no eres víctima. Eres todo lo que deseas ser.


Este libro es, más que nada, una herramienta. Una amiga suya dijo en un vivo de Instagram de Ariell que elle podría haber vivido lo que vivió y dejar todo ahí, pero que, en lugar de eso, eligió escribir y activar. En las redes y fuera de ellas. Yo cuando leí el libro (de comienzo a fin el mismo día que me lo trajeron: su lectura produce eso, no se puede cortar) sentí exactamente lo mismo. El poder de la generosidad. La certeza que muches tenemos de que se puede construir un mundo donde el abuso quede totalmente erradicado. Las ganas profundamente reales de que ciertas cosas no existan nunca más.


Viven haciéndonos creer que depende sólo de nosotres salir adelante a pesar de lo que nos sucedió en la vida. Este libro afirma lo mismo, pero no en el sentido individualista popularizado, sino en otro, que aconseja buenamente poner mucho de une para sanar. Para llegar a eso, Nuestra venganza es nuestra autonomía brinda sugerencias que van desde cómo realizar un escrache en las redes sociales preservando la propia identidad, hasta mejorar la alimentación, pasando por consejos para quererse une misme y entender que, después de reconocerse víctima de un abuso, viene todo un proceso en el que hay que trabajar mucho para sanarse, para no encerrarse en la trampa identitaria que supone que te confinen a ser la víctima de tal o cual macho. No. Ariell Carolina les dice a quienes pasaron por eso: somos ex víctimas. Somos un montón de cosas. Denunciando, de paso pero no al pasar, sino con mucho énfasis y claridad, que los medios revictimizan y cosifican. Afirma, además, que 'lo personal es colectivo' y que es imprescindible armar redes sólidas y acompañarse al interior de las grupas.

Fotografía for Tin Persian -

Hay algo orgánico en el libro, alquímico, total. La lógica de lo integral lo atraviesa: tanto lo que se denuncia como lo que salva poseen cualidades que están intrínsecamente relacionadas entre sí. Por eso no aparece el típico análisis racionalista y occidental de la vivisección que separa para rearmar, sino una descripción de los fenómenos que se perciben como un todo orgánico, vivo. Presente en afirmaciones como “la obra no puede separarse de su creador” o “los abusadores no son artistas, son abusadores”, o la certeza de que el abuso es una cultura, y que ella encierra todas las violencias.


Pero también es orgánico lo que salva, y entonces Ariell Carolina nos dice que, cuando nos sentimos naufragar en el abismo del abuso recibido, volvamos al presente, toquemos nuestro rostro, respiremos por nariz, hagamos todo tipo de cosas que nos permitan “a(r)marnos” y recordemos quiénes somos.


Deseo de corazón que muchas personas lean Nuestra venganza es nuestra autonomía. Tanto las que pasaron por una situación de abuso como las que no. Creo que es un libro que ayuda a sanar y, a su vez, a ayudar a hacerlo. La combinación tan desesperantemente esperada de acción política y acción espiritual. El testimonio alquímico de alguien que atravesó el fuego, salió ardiendo y te lo ofrece en forma de flecha radiante y luminosa.


Eva Laura del Rosario. Persona cis por pereza. Más profesora de Letras que escritora. Activista de una ESI no-binaria. Transfeminista. Escribe poemas espontáneamente en Facebook y luego no los encuentra para guardarlos. Se encontraba cerrando la corrección de su libro de Ciudades desiertas “La higiene del mundo” con María Ibarra, cuando estalló la pandemia. Tiene cuentos y poemas publicados en algunas antologías de por ahí.


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