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Nuestra menarquía

Por Florencia Sierra -


La primera menstruación simboliza un cambio, es el cuerpo descubriendo y abriendo paso a un nueva etapa, y dentro de una sociedad patriarcal este proceso puede no ser el más cómodo de atravesar. La información de la que nos priva el Estado durante la infancia y la pubertad en materia de Educación Sexual es una aliada clave para prepararse de la mejor forma posible. La primera menstruación se denomina "menarca" o "menarquía", y se puede dar entre los 12 y los 16 años. Soraya España, psicóloga feminista, agrega: “Hay un grupo que se sale de eso —y que no es tan pequeño— que puede ser precoz o tardío. Hay cuerpos en los que se da después de los 25 años, o desde los 4”.

Ilustración por Emilia Giordano -

No todos los cuerpos gestantes son lo mismo, por lo tanto, ninguna menarquía será igual. La licenciada Vanesa Paola Elias, psicóloga con perspectiva de género, reflexiona: “No podría decir qué significa nuestra primera menstruación y, de hecho, lo sentiría como una falta de respeto y una invasión, ya que estoy en contra de estandarizar las vivencias”. Pero sin embargo, en un lugar que queda vacío por una ESI que no se cumple, los tabúes, miedos y generalizaciones ganan terreno y distorsionan la experiencia del propio cuerpo. Vanesa, al contar sobre su primer menstruación, recuerda: “Menstrué por primera vez a mis nueve años, y dado que yo me crié en un pueblo de Mendoza, mi familia era bastante retrógrada respecto de estos temas, yo pensé que había manchado mi bombacha con caca y entonces intenté lavarla y esconderla”.


Entre amigues aprendemos desde chiques a preguntarnos y vigilarnos para ver si nos manchamos, nos preocupamos por los olores, escondemos productos de higiene en bolsitos, papeles y neceseres, y sufrimos tensiones y preocupaciones cuando tenemos el período por miedo a que lo noten. Vanesa recuerda: “Esa primera menstruación, que para mí no iba a ser nada importante, se transformó en uno de los momentos más traumáticos de mi vida.” La cuestión del mancharse, de la sangre, se vive como algo defectuoso, algo sucio, como algo de lo que no se debe hablar.

La colonización de las normas patriarcales sobre nuestros cuerpos fue anulando las actividades naturales del cuerpo y resignificando la menarquía a tal nivel que se la llama “volverse señorita”. Soraya advierte: “Ese término hay que dejarlo de lado, porque estamos negando los otros cuerpos. Los cuerpos que quieren ser masculinizados o que están masculinizados pero menstrúan, y también cuerpos intersex, no binaries, entre otros”. Cuando le sacamos el peso y etiqueta de convertirse en mujer, podemos devolverle a la menarquía su esencia natural. Se la puede entender como un proceso que no convierte socialmente en nada a une niñe o adolescente, pero sí que genera cambios a nivel emocional, personal y físico en la persona. Cuando dejamos de lado el estigma de “convertirse” en algo o en alguien, eliminamos la presión en tener que definirse para encajar en un casillero de género binario durante esta experiencia.


La responsabilidad del Estado y de les adultes para generar un marco de contención durante la menarquía es clave. La psicóloga feminista señala: “Es necesario empezar a quitar el tabú en las personas adultas primero”. Nuestres niñes necesitan estar acompañades, porque viven un cambio hormonal, y el cuerpo necesita alimentarse bien, hacer ejercicio, tomar agua, descansar. De la misma forma, es necesario advertir y generar espacios para eliminar cualquier duda sobre la posibilidad de dolor de ovarios, la cantidad de sangrado, el acné. Pero sobre todo, es necesario generar espacios para que les chiques puedan aprender a conocer su cuerpo. Para darle la bienvenida a la menarquía hay que darle la bienvenida al cuerpo, saber cómo funciona un cuerpo con capacidad de gestar. Necesitamos aprender qué nos gusta, qué no, qué vamos a sentir, cuándo lo vamos a sentir y con qué nos sentimos cómodes, porque además pasamos a ser consumidorxs, y debemos tomar decisiones como elegir entre copa menstrual, tampones, toallitas, ibuprofenos, y otros. Soraya señala: “Lo comercial no es lo mejor, yo no lo recomendaría, ni (en lo) personal ni (en lo) profesional. Y sin embargo, es lo que muches niñes conocen como su única opción”.


Tenemos que enseñar a les niñes y a les adolescentes a entender la menstruación como algo natural, no como algo que debe dar vergüenza. Vanesa afirma: “Hay que hablarles a nuestres niñes de la menstruación desde siempre, contarles cuándo menstruamos y explicarles de qué se trata. Naturalizar lo que es natural. El Estado necesita tomar conciencia de la importancia de la Educación Sexual en todos los espacios de la vida cotidiana, desde las instituciones educativas hasta los medios de comunicación; necesitamos charlas barriales, y sobre todo, necesitamos separar la religión de cualquier espacio vinculado a la educación”. Si familiarizamos el período y lo entendemos como parte de la cotidianidad de las personas con útero, el compañerito varón cis no va a señalar como horrorosa una mancha en otres compañeres en el medio del aula, vulnerando a las personas que menstrúan. En cambio, le podemos dar herramientas para que pueda ayudar a sus compañeres en estas situaciones, que sepa cómo abordar el tema sin sentir que le falta información o creando tabúes sobre otros cuerpos.


La menstruación tiene que dejar de ser un tabú. Hay que entender que es algo natural y hermoso. Nuestro cuerpo cambia, nuestra manera de sentir físicamente cambia, nuestro deseo y nuestro vínculo con la sexualidad también. “Necesitamos reconciliarnos con ella, dejar de asociarla a lo sucio, al pecado, a toda la coerción religiosa que puja para hacernos sentir culpables de cualquier cosa que culturalmente esté vinculada a la sexualidad, la procreación y el goce” concluye Vanesa. La menarquía es un cambio de vida, de estilo de vida, pero conocer y decidir sobre el propio cuerpo en esta nueva etapa no es fácil: “Porque siempre nos han dicho cómo ser, cómo hacer, y no nos han dado oportunidad de conocernos como queremos.” explica la psicóloga Soraya.