• REVISTA MANTIS

Mujeres en la construcción

Por Camila Luna -


Dos ojos, una boca, dos piernas, un ombligo, pelo, dos manos.

Dos manos que cosen, dos manos que limpian, que acunan.

Dos manos que acarician, que curan, que llevan y traen.

Dos manos que ¿construyen? ¿Son esas mismas dos manos capaces de levantar ladrillo por ladrillo? Que ridículo hasta preguntárselo, ¿no?


Ilustración por Emilia Giordano -

El mundo de la construcción está habitado como un terreno masculino. Pareciera que nuestros brazos no son capaces de ponerse al hombro 50kg de cemento, pero sí dos niñes —que pesan lo mismo o más— o la economía de una casa, el orden, la organización de un comedor y la bandera de unas cuantas luchas. Pero no podemos —según dicen— hacer una mezcla ni revocar una pared.

¿Qué le quedaría al macho entonces? Es necesario para que el sistema patriarcal se mantenga que las mujeres creamos que necesitamos al hombre para poder levantar un hogar o construir un refugio. Lentamente y, por suerte, fuimos ocupando lugares que se nos fueron negados históricamente, y hoy podemos encontrar proyectos autogestivos de plomería, electricidad y albañilería llevados adelante por mujeres y disidencias. Así como empiezan a existir espacios mixtos, hay que resaltar que actualmente las mujeres ocupan sólo el 5% de los puestos en construcción, y en su mayoría desde lugares administrativos.

Hablamos con Florencia Pellejero, que fue peona en la cooperativa “Servicoop Almagro LTA”. Florencia se acercó al ambiente por necesidad laboral y tuvo la entrada gracias a un amigo que era parte de la cooperativa. Aún así, le resultó difícil acceder al mundo de la construcción. Nos cuenta, a modo de anécdota, que durante mucho tiempo, cuando iba a las obras, era prácticamente invisible, y ninguno de los hombres presentes se acercaba a transmitirle ningún conocimiento, ni siquiera a darle una orden en concreto. Nos explica que percibe una negación a compartir las herramientas y los saberes por parte de los varones que habitan el rubro, casi como algo natural. Y nos invita a pensar: ¿Por qué habrían de hacerlo, si nuestros padres o abuelos difícilmente nos alcanzaran una pico de loro cuando éramos chicas, y quizás a nuestros hermanos o primos sí?


Si bien Florencia es consciente de que cualquier trabajo requiere una suerte de “derecho de piso”, en este caso considera que el género se pone en juego al momento de solicitar que te asignen una tarea. Al ser siempre puestas del lado de lo frágil y lo servicial, cuesta, en el inconsciente popular, ubicar a las mujeres en el lugar de constructoras, de hacedoras de paredes o instaladoras de cañerías. Cuesta imaginar socialmente un mundo donde nosotras no necesitemos de un marido que nos arregle el calefón o nos cambie un cuerito.


Se dan cuenta ¿no? ¿Alguna vez cambiaron un cuerito? Si lo hicieron, ¿vieron lo sencillo que es? Y sino, hermanas, googleen, porque parte de romper todo es, también, saber arreglar todo.


La marea feminista viene arrasando con todos estos preconceptos, y nos pone a disposición herramientas que nos permiten desarrollarnos como individues independientes capaces de resolver problemas de la vida cotidiana, desde colocar una estantería hasta brindar servicios de fletes.


Podemos encontrar cursos y talleres de electricidad, plomería y carpintería como grupas íntegramente conformadas por mujeres y disidencias que ofrecen servicios de está índole.


Se gestionan colectivas, mayormente virtuales (Transfeministas Cooperando, Transfeministas Trabajando, etc) que nos ofrecen la posibilidad de adentrarnos en este área laboral y tejer redes de trabajo. Es importante que ocupemos estos espacios, no sólo porque (como ya sabemos) es mentira que no podemos manejar una pinza o un martillo, sino que, además, es un paso en el camino de terminar con la feminización de la pobreza, ofreciéndonos todo el mapa de quehaceres y permitiéndonos conseguir el sustento de la manera que más nos guste, para nunca más dejarnos en el lugar de les desprotegides ni de las damiselas en busca de ayuda.


No necesitamos ser rescatadas, ni necesitamos un novio que nos cambie las lamparitas.

Necesitamos equidad y respeto. Nada más.

@2019 REVISTA MANTIS

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