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Mi identidad

Por Lucas Gonçalves -

17 de diciembre del 2017 (nunca antes publicado)

Estuve mucho tiempo pensando si escribir esto, pensando si a mi familia le daría vergüenza que todos se enteren de quién soy en realidad, de que todos sepan lo que tuve que esconder y guardar en una caja fuerte, dentro de mi corazón. Pero no me importa, la verdad, qué piense mi familia o lo que piensen las personas que me rodean al respecto de esta decisión que tomé.


Cuando era más chica le tenía mucho miedo al qué dirán, a lo que pensaría el resto, al miedo de sufrir, de sobrellevar todo este peso que cargaba en mis hombros, el dolor de terminar sola, el dolor de que nadie me acepte por no cumplir con el estereotipo que la sociedad estableció. El primer año de secundario fue difícil: sin haber dicho nada sobre mi orientación sexual, ya sufría de lo que llaman “bullying’’. Pero creo que, de todo lo que escuché, una cosa sola me marcó, unas simples palabras que hicieron que me lograra dar cuenta de lo podrida que está la cabeza de la gente: “no te acerques a ella que se va a enamorar de vos”. Que me gustaran las mujeres no quería decir que me gustaran todas las mujeres que me hablaran.

Ilustración por Emilia Giordano -

Después de escuchar esa ridiculez empecé a ser yo misma, pero aún no era realmente yo. Me corté el pelo, empecé a vestirme con ropa que de verdad que me gustara y no ropa que “debería” usar por ser mujer. Y dejé de ocultar mi sexualidad; sí, me gustan las mujeres desde que tengo memoria; y dejé de sentir miedo de lo que los demás dijeran al respecto, pero aún así seguía sin ser yo. Porque en realidad yo no era lesbiana como todos creían, yo sentía que estaba en un cuerpo que no concordaba con lo que yo sentía, yo sabía que algo estaba mal conmigo. Yo me sentía chico, no chica, y al darme cuenta de eso, el miedo volvió y más fuerte aún. Pero en ese entonces yo no sabía qué era lo que pasaba conmigo, por lo cual empecé a averiguar, a buscar en internet, hasta que llegué a una conclusión.


Y ahí fue cuando realmente comenzó mi historia. Mi verdadera historia, el verdadero desafío.


02 de octubre del 2018 (publicado esa misma fecha)

Una vez escribí un texto, pensaba publicarlo, pero aún no había hablado con nadie sobre esto y decidí guardarlo para mí o para un futuro. Pero hoy es el día en que reescribo este texto con cosas nuevas, cosas que pensé que tardaría en lograr, donde llevé una lucha interna durante años y recién hoy puedo decir quién soy realmente.


Mi nombre es Lucas Benjamín y soy un chico trans.


Llegar hasta acá no fue fácil, fue un recorrido largo y duro, pero al fin pude decirlo, pude quitar ese peso que me hacía tan mal dentro mío y acabar realmente con esa lucha interna.


Cuando era chico le tenía miedo al qué dirán, ya que sufría de burlas en el colegio y en los deportes que realizaba, y sentía que ser distinto estaba mal, que sería la vergüenza de la familia y más víctima de burlas.


En su momento, cuando era chico, no sabía qué era lo que sentía. Desde los cuatro años que me gustaban las mujeres, pero creía que estaba mal y que quizás más adelante dejaría de sentirlo, pero no pasó.


Cuando tenía 12 años me identifiqué como “lesbiana’’, solo se lo conté a un par de familiares y amigos, quienes me aceptaron y apoyaron. A todo esto, todavía no me sentía completo.


Cuando tenía 13 años, me corté el pelo por primera vez. Algunos familiares se pusieron mal al respecto, y yo no entendía realmente qué era lo estaba mal de tener el pelo corto. También empecé a vestirme con ropa distinta a la que usaba, ropa de hombre; tampoco les gustaba que me vistiera así, y yo sentía que todo lo que hacía estaba mal. Me deprimí, me la pasaba encerrado en mi habitación, no hablaba casi con mi familia, me encerré dentro de mí, lloré.


Cumplí 14 y empecé a averiguar por qué me sentía así, incompleto, por qué no me encontraba en mi cuerpo, qué era lo que me pasaba. Y entonces, fue ahí cuando descubrí que no estaba enfermo, que era un chico trans; así que fui y le dije a una amiga que me sentía hombre, que no sentía estar en el cuerpo que me habían asignado al nacer. Me aceptó y desde entonces me acompañó hasta el día de hoy. Era la única persona que no me hacía sentir raro.


Pero seguía deprimido, y ya no me la pasaba tan encerrado en casa como antes.

A fines del 2015 conocí a un chico, el primer amigo hombre que realmente me aceptaba y entendía, me escuchaba y me aconsejaba. Desde ese entonces somos mejores amigos, me apoyó siempre en las buenas y las malas, me acompañó en todas las locuras, y me sacó bastante de la depresión. Hoy en día es mi mejor amigo, mi hermano, y no me arrepiento para nada de haberlo conocido a él y a su familia, que también me apoyaron en todo.


En el año 2017, alcé la voz y logré quitarme un peso muy grande.


Hablé con mi tío y mi prima, me apoyaron, acompañaron y aconsejaron.


Hablé con mi abuela, creo que mucho no entendió, pero lo aceptó de maravilla y me hizo muy bien.


Hablé con mi mamá, la persona más importante en mi vida, a quien tenía miedo de decepcionar como hijo. No voy a mentir, le costó bastante asimilarlo, pero al final lo logró, dejó sus miedos de lado, y hoy en día me acompaña y me apoya a seguir adelante.


Mi hermana, a quien también le costó, pero logró entenderlo y aceptarme, dejando sus miedos también de lado.


Mis primos; personalmente hablé solo con una de mis primas y ella llevó la voz al resto de su familia, pero los tres me dieron su apoyo.


Mi otra abuela, que lo tomó bastante bien para lo que yo me esperaba, aunque a veces me sigue tratando de ella y no de él.


Y por último, mi viejo. Fue difícil, no porque me interesaba su opinión al respecto de quién soy, si no por su reacción, donde terminé tomando un poco de distancia por un par de días. Él aún sigue tratando de asimilarlo, ya que es una persona que le resulta difícil entender al resto y entrar en razón de que no es el único en el mundo.


Este año, las cosas mejoraron para mí. Pude hacer la rectificación de mi partida de nacimiento y de mi documento, e ir al médico a informarme un poco más al respecto de los tratamientos.


Hoy, 2 de octubre del 2018 a las 10:20 de la mañana, llegó mi DNI, con mi nombre, Lucas Benjamín, donde están mis datos con los que realmente me identifico.


Estoy muy feliz del gran paso que di y de tener personas tan maravillosas en mi vida.


Esto recién empieza, y todavía queda mucho más camino por recorrer y seguir luchando.


Gracias.