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Libre pero presa

Crónica del caso Higui de Jesús


Por Sasha Pilarczyk -


El 16 de octubre de 2016 en San Miguel, Eva Analía de Jesús fue atacada por un grupo de hombres solamente por ser lesbiana. Higui pasó 239 días en la cárcel. Estuvo presa sin una condena firme (como más de la mitad de les preses de este país) durante casi ocho meses, hasta que en junio de 2017 la cámara de apelaciones de San Martín le concedió la excarcelación extraordinaria. Sin embargo, no recuperó la normalidad en su vida: está imputada y a la espera de un juicio por homicidio simple.


Higui cayó presa por defenderse de una violación, pero fundamentalmente por ser lesbiana, mujer y pobre en un país donde las desigualdades sociales, culturales y sexuales parecieran ser cada vez más profundas.


Collage por Solange Avena -

Ante el avance de los movimientos feministas en todo el mundo, la respuesta suele ser un disciplinamiento por parte de algunos hombres que no están dispuestos a dejar de lado sus privilegios y deciden contraatacar a través de la violencia. Las agresiones contra las mujeres y disidencias no están cesando sino, por el contrario, empeorando: sin ir más lejos, durante 2018 Argentina registró 147 crímenes de odio contra personas LGBTIQ+ (fuente: Agencia Presentes).


El 16 de octubre de 2016 Higui se defendió de sus abusadores quienes utilizaron su fuerza para violentarla al grito de "te voy a hacer sentir mujer, forra lesbiana" mientras se le tiraban encima y le pegaban. Uno de los protagonistas de la agresión, Cristian Rubén Espósito, un vecino de Higui quien ella asegura que la hostigaba hace más de diez años, resultó muerto.


El foco del asunto está en dos puntos claves: por un lado la legítima defensa y por el otro la violación como una forma de corrección. El artículo 34 del Código Penal dictamina que no es punible (merecedore de una pena) quien obrare en defensa propia o de sus derechos; y agrega las circunstancias en las cuales se debe dar ese accionar: debe estar presente una agresión ilegítima, el medio para repelerla debe ser racional, y debe existir una falta de provocación por parte del que se defiende. Sin bien la tarea de verificar si efectivamente existieron estas causales corresponde al sistema judicial, esto no impidió que el mismo día que sucedió el hecho Higui haya sido arrastrada por la policía y encerrada sin motivo suficiente. Teniendo en cuenta estas circunstancias, podemos concluir que Higui no fue presa por homicidio sino por la posición de vulnerabilidad social en la que se encontraba (y se encuentra).


Por otro lado, en una primera instancia donde Higui fue defendida por Raquel Hermida Leyenda, mencionó entre sus argumentos el concepto de violación correctiva: se trata de una violación que implica un ejercicio, una demostración de poder sobre el cuerpo ajeno y, en este caso, lo que el agresor quiere y pretende es modificar la orientación sexual. Este tipo de agresión suele presentarse como método de tortura hacia las personas lesbianas, con el objetivo de disciplinarles. Actualmente, desde su liberación, Higui está siendo defendide a cargo de la gremial de abogades, en especial por la doctora Gabriela Conder.

A poco tiempo del comienzo del juicio oral que sentará a Higui en el banquillo de les acusades, es imperioso tener presente que su accionar evitó un eventual femicidio o un crimen por lesbo-odio.

Es momento de decir basta a la violencia machista, que no es ejercida solamente por varones cis: fue ejercida, también, por la policía que se llevó a Higui ese 16 de octubre y por las instituciones que la mantuvieron presa durante casi ocho meses. El movimiento feminista pretende evitar que la justicia avasalle los derechos y prerrogativas de mujeres y disidencias.