• REVISTA MANTIS

La sexualidad caníbal

Por Judith Álvarez Ruiz Díaz -


Grave (conocida por su título en inglés Raw) es una película de la directora francesa Julia Ducournau, que fue presentada en el Festival de Cannes de 2016 y, en un inicio, quedó encasillada dentro del género terror. Sin embargo, también puede entenderse como una alegoría sobre la “incontrolable” sexualidad femenina. El argumento es sencillo: Justine, la protagonista, es vegetariana y se crió en un ambiente de clase media de costumbres, en apariencia, muy mesuradas. La construcción del personaje es también el de una chica medida, tímida y estudiosa. Como el resto de su familia, ya sea por mandato o por elección, piensa dedicarse a la carrera de veterinaria, por lo cual viaja a la universidad, locación donde transcurrirá todo el film. En este lugar también se encuentra su hermana mayor, unos años más avanzada en la misma carrera que Justine.

En la universidad, el ambiente que descubrirá es competitivo y hostil. Les estudiantes más grandes ejercen una suerte de bullying constante a la nueva camada, el cual parece ser una costumbre histórica de la casa de estudios. Ya en la fiesta de bienvenida puede entreverse la relación jerárquica que hay entre les mismes alumnes, y cómo las relaciones de poder estructuran toda la estadía en la facultad. Les docentes tampoco se quedan atrás en esto: hay varias escenas de interrogatorios y tratos despectivos hacia les estudiantes, todo en pos de lograr y mantener la excelencia académica que le da renombre a la institución.


A medida que transcurre la película, vemos cómo Justine no logra encajar en su nuevo ámbito. Ya en la primera fiesta es rechazada por varios grupos y luego arrastrada por la marea de gente, hasta que da por casualidad con su hermana Alex. Ella será, mal que bien, su ancla en la facultad. Alex es la que le exige a Justine adaptarse a ciertos “rituales” necesarios para ser aceptada por el resto de sus compañeres, como, entre otras cosas, la perversa ceremonia de iniciación a la universidad, en la que debe comer carne cruda y ser bañada en sangre de animal. También es ella la que le marca ciertas pautas de género a las que no logra adaptarse. Le presta tacos y un vestido de fiesta, y podemos ver cómo Justine se tropieza con ellos, está disconforme; en sus palabras, “no parece ser ella”. También, con brutalidad, la obliga a depilarse.

Ilustración por Sofía Crego -

En definitiva, es Alex la que le abre las puertas al despertar sexual —y caníbal— de Justine. Después de haber probado carne cruda en el ritual de iniciación, ella no quiere comerla de nuevo por una cuestión ética, pero tiene temblores, sarpullidos por todo el cuerpo, y otros síntomas de abstinencia. Finalmente, comienza a consumirla en secreto, aunque no termina de aceptar del todo su transformación. Tiene impulsos caníbales extraños, que se entrelazan con su novedoso deseo sexual.


La película pone en cuestionamiento cómo a lo largo del tiempo la “sexualidad femenina” ha sido estigmatizada, ocultada, maquillada, y cómo nosotres, por mandato patriarcal, también la internalizamos como desagradable y abyecta. Justine se siente atrapada por todos lados; por la exigencia académica imposible de satisfacer, por su deseo sexual caníbal, por no poder encajar, por no ser como su hermana.


Se puede ver cómo esto se representa en algunas imágenes que en apariencia puede parecer que desentonan con la trama: un caballo corriendo desbocado en la oscuridad, con anteojeras/blinkers que le impiden mirar hacia sus costados; un animal diseccionado que es lentamente despojado de la sábana que lo cubre por alguna fuerza invisible para le espectadore, metáfora de cómo algo que estaba oculto ha sido develado. Pero este algo que ha sido “descubierto” es siniestro, debería seguir oculto, no puede ser aceptado. No es casual que la escena del animal siendo descubierto se muestre justo antes de que veamos a Justine bailar frente frente a un espejo, completamente transformada y erotizada, que después de esto vaya a una fiesta, atravesando un largo pasillo uterino, el cual podría interpretarse como una suerte de renacimiento. Ya en el lugar, la cubren de pintura y la encierran en una habitación con un hombre al que muerde y entonces, definitivamente, Justine debe aceptar su nueva condición sexual-caníbal.


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