• REVISTA MANTIS

La pobreza tiene género

Por Judith Álvarez Ruíz Díaz y Belén Durruty -


Desde las PASO hasta hoy, el clima en el país se tornó amenazante. Ya durante esa primera semana post elecciones, el pueblo fue golpeado nuevamente, como si todos estos años de Cambiemos en el poder no hubieran sido arrasadores, sobre todo para los sectores populares. Con las PASO y la derrota del oficialismo, la moneda local resultó nuevamente devaluada. El Banco Central había quemado reservas para mantener el dólar en un idílico valor de $46; luego de las primarias, el precio del dólar se dejó “correr”, por lo que también creció el riesgo país. Los medios masivos de comunicación se ocuparon de alertar a sus espectadores, creando incertidumbre y preocupación en torno a las elecciones generales del próximo 27 de octubre. Y en medio de todo esto, el presidente dio un discurso espeluznante en el que responsabilizó a los votantes del desastre económico y político que “ellos mismos desataron”, para después arrepentirse, desnudar supuestos sentimientos y apelar a la empatía para hacer un ridículo pedido de disculpas. Pero, ¿qué lugar venimos ocupando las mujeres en este bombardeo neoliberal? ¿Dónde estamos posicionadas socioeconómicamente?


Hace poco, el INDEC publicó los datos correspondientes al segundo trimestre (el de abril-junio, que no llega a contemplar la devaluación) de la Encuesta Permanente de Hogares. Allí dieron a conocer que la tasa de desocupación es de 10,6%, un punto mayor que la del año pasado. Y si profundizamos un poco más en esos datos, de la población mayor de de 14 años que se encuentra desocupada, el 11,2% son mujeres, mientras que el 10,2% son varones. La diferencia de género en el mercado laboral se ve reflejada, también, en la tasa de empleo: el 56,1% corresponde a los varones, y el 43,9% a las mujeres. Cabe destacar, en este punto, que dentro de la distinción de tipos de empleos en las estadísticas no figura el trabajo doméstico. ¿Qué pasa con todo ese porcentaje de mujeres que realizan trabajo en sus hogares? ¿Qué pasa con todo ese tiempo invertido que, en términos económicos, tiene un costo?


Cuando se habla de feminización de la pobreza, son estas las realidades que se contemplan. La de las mujeres que no pueden tomar trabajos de tiempo completo por tener que hacerse cargo de las tareas del hogar; la de las jóvenes que no consiguen empleo en este mercado laboral que pide títulos y muchos años de experiencia a edades tempranas. La realidad de todas aquellas que no pueden acceder a trabajos regularizados; la de las trabajadoras de casas particulares; la de les trabajadorxs sexuales que no son reconocides siquiera como trabajadorxs. La de les trans y travestis, a quienes todavía se les sigue excluyendo por su identidad en la mayoría de los espacios, como el educativo y el laboral, y les cuales muchas veces solo tienen la opción de dedicarse a la prostitución. En este último caso, se utiliza el término prostitución y no trabajo sexual, ya que no hay una verdadera posibilidad de elección para muchas personas trans y travestis: al ser expulsades de la mayoría de los ámbitos laborales y académicos (a los cuales las personas cis-hétero-blancas podemos acceder con mayor facilidad), solo les queda esta opción.


En esta línea, cabe destacar que la situación que vive la comunidad travesti-trans es crítica. Así como el INDEC invisibiliza trabajos que son realizados por miles de personas, también invisibiliza identidades. No hay ningún apartado que contemple a este sector de la población. La Ley Nacional Amancay Diana Sacayán de Cupo Laboral Travesti-Trans todavía espera ser tratada en el congreso. A nivel jurisdiccional, solamente 4 provincias aprobaron legislaciones para incluir este cupo, pero ninguna está reglamentada. La situación es la misma.


Nunca hay que olvidar que somos sujetes sociales, que nuestras decisiones están supeditadas a una estructura capitalista y patriarcal que nos excede, y que no todes tenemos las mismas posibilidades para elegir estudio, trabajo, maneras de vincularnos, etc. Por eso es tan importante combatir el discurso meritocrático que está reflotando y siendo fogoneado desde los sectores de derecha más rancia en medio de estos momentos de crisis. Este tipo de discurso nos dice que somos pobres por elección, porque tenemos miles de posibilidades laborales. Pero, en la praxis, estas “infinitas posibilidades” son básicamente trabajar a destajo, como en la primer etapa pauperista del capitalismo. Bajo el lema de “manejar los propios tiempos”, surgen trabajos como los que ofrecen las empresas de delivery Rappi y Glovo. Estos empleos ni siquiera pueden denominarse como tales, ya que no tienen a sus empleades regularizades y tampoco cuentan siquiera con una ART que les cubra accidentes laborales, como puede verse reflejado en los casos constantes de accidentes y muertes que van acumulando estas empresas.


Hace poco, se hizo viral una publicación de Facebook en la que se puede ver la foto de dos mujeres trabajando en altura, realizando un trabajo que no les compete y con nulos elementos de seguridad. El trabajo en altura por encima de los dos metros se realiza siempre en andamio y no en escalera, y con la presencia de un arnés de seguridad. A esto nos referimos con feminización de la pobreza: a que nuestro género define el lugar socioeconómico al que podemos acceder, a que los varones cis siguen estando varios escalones más arriba. En tanto a los trabajos en relación de dependencia, los pedidos estrambóticos de años de experiencia previa a la gente joven dejan en evidencia la situación real: la inducción al mundo laboral debe hacerse cerca de los 16 años, incluso antes si es posible.


En este marco, es necesario instalar una agenda política y económica transfeminista y resulta fundamental que dentro de les representantes en el poder, tanto a nivel nacional como provincial y jurisdiccional, haya un porcentaje importante de mujeres, travestis y trans. ¿Hasta cuándo van a ser los varones cis quienes tomen decisiones sobre nuestras propias realidades, sobre nuestras propias vidas? Ya no podemos dejar en sus manos el presente y futuro de nuestras condiciones de vida, ya hemos visto cómo son cada vez más precarias. Es imprescindible una verdadera representación equitativa. La igualdad, como siempre dijimos, es en cuestión de derechos, y para ello tenemos que acceder a espacios de poder: para disputar lo que nos corresponde.

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