• REVISTA MANTIS

La cultura independiente resiste

El “Archi” como bastión de lo autogestivo, cooperativo y colaborativo


Por Florencia Brizuela -


El 20 de marzo del corriente año, nuestras vidas cambiaron. La cuarentena que, se pensaba, iba a durar quince días, ya lleva cinco meses en el AMBA. Con mayor o menor flexibilización, nada es como antes. Muchas cosas cambiaron, se adaptaron, tuvieron que transformarse. Con la actividad congelada y la imposibilidad de abrir las puertas para permitir el paso a la muchedumbre que mantiene económicamente activos los espacios, muchos de ellos están intentando no tener que resurgir de ninguna ceniza. Lugares que eran habitados todas las noches por gente que iba a disfrutar una comida, una obra de teatro o un poco de música, se vieron obligados a cerrar sus puertas y con ellas la vida que se movilizaba en su interior. La cultura y los lugares en donde ella cobra vida, tuvieron que buscar formas para no quedar olvidados. Mantener prendido el fuego requiere trabajo, ahora más que antes.


Uno de estos casos es el del Archibrazo: un espacio sociocultural autogestivo y cooperativo, ubicado en el barrio de Almagro. Hace diez años que funciona como una cooperativa de trabajo, pero su historia de vida comienza en los años ‘60, cuando funcionaba como una gráfica de estilo surrealista. En él se desarrolla una actividad cultural muy fuerte. En su teatro, antes de la pandemia, se presentaban distintos ciclos, bandas, solistas, y por supuesto, obras de teatro. Además, en su espacio se llevaban a cabo talleres y charlas que sumaban una propuesta educativa. “Estamos redescubriendo cómo generar cultura, cómo generar laburo para les artistas y para quienes trabajamos, más que nada, en el área de programación, de redes, de fotografía, que no tenemos una presencia física en el espacio”, nos dice Rocío, cooperativista del “Archi”, como elles lo llaman.

Ilustración por diamantEdulce -

¿Cómo seguir funcionando en este contexto? Una de las partes del Archi que no dejó de moverse, por integrar un rubro esencial, es la cocina. Anteriormente desarrollaban un nodo que funcionaba cada quince días. Hoy, no solo sigue manteniéndose, sino que se fortaleció mucho en el barrio. “Hay muchas más vecinas y vecinos que están comprando al mercado territorial, y eso es algo bueno porque no solo genera trabajo, sino que también genera un consciencia sobre la soberanía alimentaria y la construcción de la alimentación”. La cocina del Archi no es una cocina cualquiera: desde ese nodo se lleva a cabo un debate acerca de cómo nos alimentamos y por qué. Actualmente, ante la agudización de la crisis y la cantidad de personas en situación de calle, la olla popular que surgió como iniciativa propia se volvió clave en el barrio. El Archi tiene eso: junto con otros centros culturales, pasan a ser parte del esquema social que siempre abordaron los espacios políticos.


El Archi se maneja políticamente de otra manera, nos cuenta Rocío. Su objetivo es construir otra cultura, diversificarla, masificarla, darle voz a otros espacios, luchar un poco con lo comercial. Nos habla de lo comercial porque, cuando le preguntamos cómo fue pasar a lo digital, nos comenta que hubo un poco de resquemor. Resquemor en el sentido de para elles es importante lo humano, lo grupal. Entonces, lo virtual generaba inseguridades en cuanto a que no todo el mundo tiene acceso a este recurso. También les sucedió lo mismo cuando implementaron la gorra virtual: no todes están bancarizades, y no todes tienen la posibilidad de hacer un aporte a través de una aplicación. Por eso, les costó. Sin embargo, pudieron llevar adelante distintas varietés a través de vivos de Instagram y encuentros por Zoom.


La gorra la implementaron para tener otro sustento económico y poder colaborar con les artistas en esta situación, que es alarmante y de emergencia. Porque, si bien hay subsidios a nivel nacional y a nivel Ciudad de Buenos Aires, no sirven para paliar todas las necesidades de les trabajadores de la cooperativa, dado que también hay que pagar servicios.


Por otra parte, vincularse con otres, en este contexto, es importante porque es algo que no se puede enfrentar desde la individualidad. Tejer redes es algo que el Archi siempre hizo pero que inevitablemente, hoy, se fortaleció. Rocío nos menciona a La Casona de Humahuaca, centro cultural con el que siempre estuvieron vinculades en el armado de eventos callejeros y con quienes, en estos días, están trabajando en conjunto. Además, no sólo se vinculan con espacios similares al suyo, sino que tienen vínculos con otras organizaciones. La “Semana surrealista” es un encuentro donde se tratan distintas temáticas, y les conecta, por ejemplo, con organizaciones vinculadas a los pueblos originarios. El FETI, por otro lado, es el Festival Efímero de Teatro Independiente, en donde confluyen compañías de teatro de distintos países de América del Sur. Tejer redes también implica abrirse y expandirse, por eso el mercado territorial fue y es algo a través de lo cual conectan con productores de la economía popular, así como también con les vecines. Las manos que hoy se unen lo hacen gracias a la gestación de esas redes que se fueron dando a lo largo del tiempo, no solo en la matriz cultural sino en lo que respecta a lo productivo, económico y solidario. Recalca que, en todo el área cultural, tejer redes con otros espacios culturales y con otras áreas se hace para generar reclamos en conjunto, para reclamar políticas públicas, para asesorarse entre elles sobre lo que pueden hacer. El sentir colectivo, en esta situación, se hizo más fuerte. Como espacios culturales independientes, los unen las mismas problemáticas; por eso remarcan que la salida es colectiva. El Archi siempre trabajó independientemente pero no unilateralmente, y eso da sus frutos.


Sin dudas, la incertidumbre del después pesa, y en este sentido, tenemos que preguntarnos por las formas que nos rigen hoy. ¿Qué es importante para “les otres”? ¿Qué no? El Archi ya desplegó este debate en su interior. La preocupación está en que, la mayoría de las veces, se entiende a la cultura solo como recreación, como algo a lo que une va por una razón mercantil, como ver una obra de teatro, ver una banda, comer en el espacio; como un bien de consumo y no de construcción cultural o de construcción de una mirada. Elles apelan a que las personas conciban que la cultura también es un trabajo. Muches pueden pensar que no es una necesidad, pero hay trabajadorxs en el rubro para les que subsistir sí es una necesidad.


Sumado a esto, la discusión pasa por ser un espacio no financiado, más barrial, que participa de otras redes culturales, algunas más comunitarias, que no están insertas en un mercado comercial hegemónico. La pregunta de Rocío, del Archi y de todes es, en relación a la reestructuración económica pospandémica, ¿qué va a pasar con los espacios que no responden a esas lógicas dominantes?


El Archi recibe donaciones de alimentos, ropa o dinero para la compra de productos de higiene o alimentos para la olla popular. En sus redes tienen detallados los cinco puntos de distintas zonas donde se pueden dejar donaciones. También se les puede pedir el CBU para realizar transferencias. Podés seguirles en Instagram y en Facebook.

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