• REVISTA MANTIS

Justicia para Cecilia Basaldúa

Crónica de un estado femicida


Por Belén Durruty -


La ruta es un territorio que muches elegimos. Viajar, conocer personas y conocer otras culturas son experiencias que nos hacen crecer, que nos enseñan, pero que también se nos presentan como amenazas; porque el “andan solas” es un cartel en medio del camino que siembra terror, es el cartel del pie firme del patriarcado que nos acecha. En un video que hizo circular su gente allegada, Cecilia dijo: “No creo que tengamos un sueño y al mismo tiempo no podamos cumplirlo. Sería muy cruel eso”. Cecilia había concluido un viaje por Latinoamérica. Escribir un libro sobre sus experiencias era su sueño, y para ello partió nuevamente de Buenos Aires a Capilla del Monte, Córdoba, donde se encontraba en el momento en que se decretó la cuarentena obligatoria. Allí es donde fue vista por última vez, y donde fue hallado su cuerpo el pasado 25 de abril.


Mario Mainardi, un vecino de la zona, fue quien hospedó a Cecilia en su casa y la última persona que la vio con vida. Él denunció la desaparición llamando a su familia. La familia afirma que Mainardi se comunicó con elles para decirles que Cecilia había tenido un brote psicótico y que se había ido de la casa. Cabe aclarar que ese llamado fue realizado tres días después del supuesto brote psicótico. En ese momento, la familia hizo la denuncia oficial de la desaparición de Cecilia, y a raíz de esto se activó una búsqueda en las redes sociales, a través del boca en boca, por teléfono. Sin embargo, el Estado, como tantas otras veces, fue cómplice de la violencia patriarcal. En diálogo con Revista Mantis, Liliana, del Movimiento Plurinacional de Mujeres de Capilla del Monte, contó: “A partir de la denuncia de la desaparición de Cecilia se implementa una búsqueda con efectivos de policía, bomberos, drones y helicópteros. [...] Los resultados de la búsqueda de Cecilia fueron infructuosos, porque finalmente el cuerpo de Ceci lo encuentra un peón de campo. En el caso de Cecilia, lo que llama la atención es que el 20 de abril se anuncia por una radio el hallazgo de un cuerpo en el basural, pero rápidamente se desmiente la noticia. Lo curioso es que justamente el 20 se suspendió la búsqueda, según figura en el expediente”.

Ilustración por María Emilia Giordano -

Sin embargo, el procedimiento estatal no terminó en ese momento: “La fiscalía interviene, y detienen a Lucas Bustos y a su hermano, jóvenes de una familia que reside en medio de los montes. De acuerdo a lo relatado por la familia de los Bustos, los llevan a la comisaría para que firmen una declaración jurada que los liberaría de responsabilidades. Sin embargo, no hubo orden de detención, y una vez en la sede policial, de acuerdo al relato de los Bustos, fueron golpeados y obligados a asumir la autoría del femicidio. La Fiscalía asume esta ‘confesión’ de Lucas Bustos y basa su detención solo en una declaración policial, donde no consta quiénes estuvieron en el interrogatorio ni quién firmó dicho escrito”, relató Liliana.


Muchas acciones se omitieron en la investigación sobre el femicidio de Cecilia, además de las irregularidades del escaso accionar implementado. La impunidad también se hizo presente en el destrato hacia la familia, que viajó a la localidad cordobesa para encontrarla y luego hacer justicia por ella. Liliana denunció: “El Estado por lo menos tendría que haber actuado conforme a derecho. Se ven muchas irregularidades: la detención de los Bustos, la confirmación a las 48 hs. de que se había ‘esclarecido’ el femicidio, la falta de cosas mínimas que una ve en las series: reconstrucción del hecho, muestras genéticas, pericias. Ni que hablar de exigir perspectiva de género en el tratamiento de un femicidio… Eso no existe. La ley Micaela no fue dada o no fue aprendida en las dependencias policiales y judiciales. Cero empatía con la familia de Cecilia. Desde que comienza la parte judicial hasta ahora, la perspectiva de género es materia pendiente. Quizás algo muy notorio es el informe que hace Criminalística sobre el perfil de Cecilia. Ese perfil se basa en mensajes de WhatsApp de Cecilia con su familia y con Mainardi. Se basa en su estilo de vida: el informe llega a afirmar que sus ansias de viajar se debían a un deseo de huir de algo. Este informe es producto de personas que buscan culpabilizar a la víctima de su destino… por algo habrá sido”.


La familia, además de estar completamente insatisfecha con el accionar policial y estatal en todos los aspectos de la búsqueda, duda también sobre aquellos puntos que fueron tergiversados o ninguneados. Liliana nos contó: “El tema del anuncio de haber encontrado un cuerpo cinco días antes del hallazgo… Desde ese día, a pesar de anunciar que la noticia era falsa, la policía y todas las fuerzas rescatistas detuvieron la búsqueda, y también la investigación sobre Wenceslao Falcón (Niga), Vivi Rasta y Mainardi, quien fue el último que la vio con vida. (Mainardi) es también quien ‘regala’ objetos de Cecilia antes de hacer la denuncia de su desaparición. Las dudas aquí están en la inconsistencia de los interrogatorios. Estas tres personas están relacionadas entre sí. Se conocen. Además, ¿por qué durante la búsqueda de Cecilia la policía no concurrió a lugares que (los) vecinos denunciaron, lugares donde se escuchaban gritos? En realidad, hay muchos puntos dudosos, el expediente no responde a cosas elementales. La Fiscalía no se comunica con la abogada querellante que, en instancias legales, persigue el mismo objetivo: descubrir al o a los femicidas de Cecilia”.


Una vez más el Estado y la policía encubren femicidas. La única certeza que tenemos es que perseguir nuestros sueños, ponernos la ropa que nos gusta, viajar solas o con amigas (porque al fin y al cabo el problema está en la ausencia de un varón cis), o volver a nuestra casa de noche no son motivos para que nos maten, como incansablemente siguen afirmando con el fin de culpabilizarnos, cuando la crueldad no está en nosotres, sino en ellos. Además, no es la primera vez que en Capilla del Monte el Estado actúa en complicidad con la policía para ocultar un crimen. Siete años atrás, Jorge Reyna, de 17 años, fue encontrado muerto en un calabozo de la comisaría y la policía intentó hacer pasar su muerte por un suicidio. Y este año, Mariela Natali desapareció a orillas del río en la localidad cordobesa y luego fue hallada sin vida. La justicia tiene que hacerse presente.


Cecilia Basaldúa deseaba plasmar su viaje de cuatro años y medio por Latinoamérica en un libro. En marzo de este año, había abierto una cuenta en Instagram para ir difundiendo historias e imágenes de su recorrido por doce países y más de cien ciudades. Hoy pedimos justicia para ella y compartimos fragmentos de sus escritos:

Escritos de Ceci


“Siempre pensé que aventura y programación no son del todo compatibles. Establecer una forma implica limitar los misterios del camino. Por eso prefiero el viajar que no existe previamente, ese que no planea nada (o casi nada). El viajar que se crea con el camino fluye entre la incertidumbre y el misterio, dejando siempre lugar a la sorpresa”.


“Sin embargo, ni el abismo idiomático, ni cultural fueron impedimento para compartir. Creamos gestos, risas, música, obsequios. Disfruté conmovida cuando las mujeres waoranis, todas juntas me entonaron sus mantras, que hablan de la vida en unidad y armonía con la naturaleza”.


“A los waorani, el ‘Nuevo Mundo’ les llegó con un retraso de casi 400 años. Tomaron su primer contacto en el año 1950. Desde entonces se vieron enfrentados a amenazas más peligrosas que todas las bestias y anacondas de la selva. Comenzaría una lucha contra evangelizadores, madereros, petroleros y la desvalorización de un mundo en el que la palabra salvaje es sinónimo de crueldad”.


“Motivada por la emoción que me hizo encontrarlos, quise hacerles un obsequio. No tenía mucho. Solo unas pulseritas de tela que había comprado en Otávalo para revender. Contenta les di todas las que me pidieron a las mujeres waoranis. Una de ellas enseguida abrió su bolsito y me obsequió una pulsera también, puramente de fibra, tejida con sus propias manos, enteramente de fibra. Estaba tan deseosa de conservar aquel regalo tan especial, que en lugar de disfrutarlo, a los pocos días lo guardé en una cajita de metal para que no se me arruine. Pero tiempo después, cuando la abrí, la pulsera se había desintegrado. Esta foto es la única que queda de ella. Lejos de apenarme, comprendí el mensaje que sentí que aquella hermana me había dado. Nada es imperecedero, todo cambia, todo se mueve, todo viene y se va. La pulsera volvía al aire y a la tierra de la que había venido y yo a recordar que debo disfrutar hoy todo lo que tengo y todo lo que soy porque mañana puede ser muy tarde”.


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