• REVISTA MANTIS

Hacia el sufragio universal

Breves relatos de la emancipación civil femenina

Por Julieta Ferrando y Lucía Lago -


A pesar de ser mujer,

me permito el lujo de tener ideas ¿sabe?

Yo tengo ideas boxeadoras.

Ideas que se dan directas y

crosses y swings con la vida (…)

Sólo soy un bicho antisociable y salvaje

que tiene la desgracia de ver

cosas raras que nadie ve

Salvadora Medina Onruba


El voto femenino es un derecho conquistado gracias a siglos de lucha y sacrificios de compañeras que ya no están. A las que salieron a las calles, a quienes les gritaron locas por no permanecer donde se les limitó, a ellas les debemos la conquista de este derecho. “Somos las hijas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”, cantamos, y las hacemos historia, las recordamos y damos crédito a su poder.


Sufragismo en el Reino Unido: las suffragettes


Nuestra mentoría se apoya y se legitima en las luchas del pasado. En un principio, las civilizaciones occidentales legalizaron el voto femenino durante breves períodos y con diversas limitaciones: Suecia lo legalizó (en algunos casos) entre 1718 y 1772, las Islas Pitcairn (un territorio británico de ultramar) lo hicieron en 1838, la Isla de Man en 1881, e incluso el estado norteamericano de Nueva Jersey legalizó el voto de mujeres y de personas afrodescendientes (siempre que tuviesen alguna propiedad) en 1776 para luego eliminarlo en el 1800. Pero el primer país del mundo en aprobar el voto femenino en condiciones iguales a las de los varones fue Nueva Zelanda, en 1893; y ese avance no hubiese sido posible si no fuese por la lucha de Kate Sheppard, famosa militante a favor del voto femenino. Sheppard había nacido y se había criado en el Reino Unido. Luego de que se aprobara el voto neozelandés, visitó tanto el Reino Unido como Estados Unidos, para ayudar en las campañas de ambos países. No es casualidad que Sheppard haya estado asociada con la campaña británica: allí, en el Reino Unido, se gestó uno de los movimientos sufragistas más influyentes de la historia occidental.


Sufragistas sosteniendo carteles que dicen “Votos para las mujeres”

A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, varios países vieron aparecer, dentro de su esfera política, movimientos “sufragistas”: grupos de mujeres que peleaban por el derecho al voto.


El movimiento por el derecho al voto femenino en Reino Unido surge en 1897, con la National Union of Women’s Suffrage Society (Unión Nacional de Sociedades por el Voto Femenino) o NUWSS, fundada por Millicent Fawcett, quien creía en la protesta pacífica. Muchas de sus integrantes eran mujeres de clase media. Fawcett logró convencer de su postura a algunos miembros del Partido Laborista, pero la mayoría de los miembros del Parlamento (por supuesto, masculino en su totalidad en ese entonces) seguían creyendo que las mujeres eran demasiado tontas o frágiles para ejercer el voto.


Ante la falta de respuesta parlamentaria, Emmeline Pankhurst fundó en 1903 en la ciudad de Manchester la Women’s Social and Political Union (Unión Social y Política de las Mujeres), conocida por sus siglas WSPU. El objetivo único y primordial de la agrupación era legalizar el voto femenino. Tuvo varios conflictos con el Partido Liberal y el partido Conservador, e incluso con la NUWSS, de corte más conservador y menos radical. La organización consideraba que garantizar el voto femenino era un deber del Estado. En un principio, llevaron adelante múltiples formas pacíficas de manifestarse, como cantos, reuniones en la calle, manifestaciones con cartelería y colectas.


Emmeline Pankhurst siendo detenida por la policía. Fuente: BBC.

En 1905, la WSPU interrumpió una reunión parlamentaria, lo cual tuvo como consecuencia el arresto de dos de sus integrantes. A partir de este evento, las militantes comenzaron a volverse más ruidosas: organizaban marchas y manifestaciones, interrumpían reuniones y se encadenaban a las rejas del Parlamento.

“Portada del periódico The Suffragette en homenaje a la muerte de Emily Davidson. Fuente: Wikimedia Commons”.

Fue a partir de ese momento que los medios de comunicación comenzaron a referirse a ellas como suffragettes. Esta palabra surge de agregar a la palabra “suffragist” (sufragista) el sufijo “-ette”, que a principios de siglo XIX se utilizaba, en inglés, para expresar que alguna cosa era femenina, frágil o pequeña (como en el caso de “kitchenette”). La palabra fue acuñada por el periódico The Daily Mail para referirse a las integrantes de este movimiento de manera irónica.

Un suffragist podía ser hombre o mujer; una suffragette era una mujer histérica, loca y disruptiva, que luchaba por una causa ridícula. Las militantes del WSPU decidieron apropiarse de la palabra y empezaron a llamarse a sí mismas con ese nombre. La agrupación contaba con un periódico llamado Votos para las mujeres, donde publicitaban su lucha; a partir de 1912, su publicación oficial pasó a llamarse The Sufragette.

Las herramientas utilizadas por el WSPU para obtener los derechos que buscaban comenzaron a volverse más radicales, y empezaron a destruir propiedades que se asociaban a actividades patriarcales. Algunas de sus acciones incluían romper ventanas en la calle Oxford, tirar ácido en buzones, destruir campos de golf e incendiar iglesias. Algunas de ellas no pagaban impuestos, o atacaban a los políticos en las calles. En 1913, Emily Davidson, militante de la organización, se paró delante del caballo del rey Jorge V durante una carrera y murió tras ser pisada por el animal.

Los métodos que utilizaron las sufragistas fueron igual o más extremistas que los métodos que utilizan algunes militantes en la actualidad; no eran las “buenas feministas” que algunas personas creen. Hacían cualquier cosa que fuese necesaria para que sus necesidades se volviesen prioridad en la agenda política.

A raíz de estos eventos, las mujeres no partidarias de las tácticas violentas se separaron de la WSPU y fundaron la Women’s Freedom League (Liga por la Libertad de las Mujeres), en la cual para luchar por el voto se negaban a pagar impuestos y organizaban mitines callejeros.


Muchas suffragettes fueron encarceladas a lo largo de la historia del movimiento. Era muy común que estando en prisión realizaran huelgas de hambre, a las cuales los policías respondían alimentándolas por la fuerza mediante tubos. Cuando la alimentación forzada empezó a recibir numerosas críticas por parte de la población, se aprobó la Prisoners’ Temporary Discharge for Ill-Health Act (Ley para la Liberación Temporal de los Prisioneros por Problemas de Salud), conocida como la “Ley del gato y el ratón”, que permitía a las fuerzas de seguridad liberar a las presas cuando su salud peligraba y volver a apresarlas cuando su estado mejoraba.


Ilustración que se burla de las sufragistas: “En las reuniones de las sufragistas escuchás cosas feas… y también las ves”. En los carteles de las paredes dice “Abajo los varones” y “Queremos maridos para las solteronas”.

Al igual que en la actualidad, muchas sufragistas, tanto en Estados Unidos como en Reino Unido, eran mal vistas por los sectores más conservadores de la sociedad, que las caracterizaban como locas, vagas que no querían trabajar, eternas solteras, feas e indeseables; de la misma manera en que las feministas actuales son caracterizadas como “feminazis” y “asesinas de bebés”. La reacción que suelen tener esa clase de sectores a los movimientos feministas no es algo propio de nuestra época.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, el gobierno británico otorgó la amnistía a las sufragistas y pidió que se recluten mujeres para ocupar los puestos que los varones habían dejado al marchar al frente. Los grupos sufragistas exigieron, por su parte, el reconocimiento del mismo salario para el mismo trabajo, la semana laboral de 48 horas, el aumento de inspectoras en las fábricas de mujeres, la protección para los trabajos peligrosos, subvención por maternidad, hogares para las muchachas trabajadoras, reformas en la educación técnica y el voto femenino. La líder del movimiento, Pankhurst, le ordenó a las sufragistas que abandonen los métodos violentos y se dediquen a apoyar la guerra y al Reino Unido. Pankhurst se convirtió en una ferviente defensora de la campaña militar.


El 1918, con 364 votos a favor y 22 en contra, se aprobó el proyecto de ley de sufragio femenino para las mujeres mayores de 30 años (los varones podían votar a partir de los 21), y en 1928 se aprobó el voto para todas las personas mayores de 21 años. La WSPU ya estaba inactiva desde 1917 a raíz de la guerra, y a partir de ese momento el feminismo británico dejó de utilizar las radicales tácticas que ellas habían utilizado.


Empoderamiento sudaca


El movimiento de las sufragistas en el Reino Unido inspiró a las mujeres de muchos países a empezar a luchar por el voto femenino. Las puntadas estaban dadas. Y si de cuestiones sororas hablamos, basta una chispa para que orgánicamente las mujeres del mundo nos calentemos… Y en Argentina, el calor se dejó ver.


Para las mujeres argentinas era urgente modificar su estado civil, ya que gozaban de los mismos derechos que un menor de edad, y también conseguir la autonomía económica de sus maridos.


El empoderamiento hace flotar en las superficies literarias a una Alfonsina Storni filosa que manifiesta, arando el camino:

“No hay mujer normal de nuestros días que no sea más o menos feminista. Podrá no desear participar en la lucha política, pero desde el momento en que piensa y discute en voz alta las ventajas o errores del feminismo, es ya feminista, pues feminismo es el ejercicio del pensamiento de la mujer, en cualquier campo de la actividad”.

En el panorama feminista argentino se divisaban dos corrientes: una burguesa y otra de tendencia clasista y sufragista. En esta última militó Carolina Muzzilli (1889 - 1917),

joven obrera, escritora, militante socialista y pieza fundamental para el empoderamiento de todes. Siempre fiel a sus compañeras, tomó la tarea de contabilizar las horas trabajadas y los salarios, redactar demandas y petitorios de mejoras laborales y crear estatutos.



A partir de 1900, aparecieron diversos centros y ligas feministas. En 1918 se fundó la Unión Feminista Nacional, con el concurso de Alicia Moreau de Justo.

En 1920 se crea el Partido Feminista dirigido por Julieta Lanteri (1873 - 1932) que se presentó como candidata varias veces a elecciones nacionales. Lanteri tenía nacionalidad italiana, por lo tanto intentó usar su derecho de voto en Argentina innumerables veces. Médica y militante feminista, convocó a sus compañeras en 1920 a un simulacro de votación femenino, lo que en filosofía se llamaría contrafáctico, para demostrar a la sociedad, y principalmente al resto de las mujeres, que aunque nunca había sucedido les sobraba la capacidad para ejercer sus derechos civiles, que tanto cuestionaba la sociedad patriarcal en aquella época.


En la escena política argentina, la figura de María Eva Duarte de Perón recoge el trabajo de muchos años de concientización de las mujeres, apoyada por un movimiento que alcanzó a las clases más soterradas. En 1947, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, se aprueba el voto femenino en Argentina, luego de décadas de lucha y trabajo colectivo. En Argentina se abre una agenda de objetivos que no se limita al voto; recién en 1968 se reconoce la igualdad jurídica entre mujeres y varones.


Es evidente que el movimiento sufragista del Reino Unido, si bien desapareció luego de la conquista del derecho, inspiró a feministas en todas partes del mundo. Las militantes del WSPU le demostraron a la sociedad de aquel entonces que las mujeres no eran pasivas ni sumisas, y que estaban dispuestas a utilizar cualquier método que fuera necesario para obtener los derechos que les correspondían. La ola sufragista de principios del siglo XX, tanto en el Reino Unido como en América Latina, es un movimiento que influenció a todo el feminismo posterior y del cual todavía podemos aprender muchísimo. Hoy en día, muchas feministas son caracterizadas como “locas” e “histéricas” por parte de algunos sectores de la sociedad, y es evidente que esa clase de reacción no es algo nuevo sino que existe desde el momento en que aquellas mujeres decidieron alzar su voz. Nunca olvidemos a las que nos precedieron, y siempre recordemos que nosotres, al igual que son ellas hoy en día, seremos una influencia para las generaciones futuras.


@2019 REVISTA MANTIS

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