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Género y deporte

Por Florencia Manolakis -


Katherine Switzer es una atleta a la que la historia le debe mucho reconocimiento. Ella fue la primera mujer en correr la maratón de Boston, en el año 1967. Hasta ese momento, las mujeres tenían prohibida la participación en este tipo de carreras, bajo los argumentos de que eran pruebas muy difíciles.


Switzer se inscribió en la competencia solo con las iniciales de su nombre, y nadie notó que se trataba de una mujer. En la largada, pasó desapercibida en medio de la multitud, pero a la mitad del recorrido un grupo de hombres intentó darla de baja. Ella los esquivó y logró completar el recorrido. Su objetivo: demostrar que ella y todas sus compañeras eran capaces. Hoy en día, Switzer es una deportista activista por los derechos de las mujeres, y siempre que cuenta su emblemática historia relata algunas de las cosas que tuvo que escuchar cuando quería correr, como “se te va a caer el útero”.



Hay miles de episodios como este en la historia de todos los deportes. Si bien hoy podemos decir que las mujeres participan, esta participación no es equitativa, y tampoco lo es la regulación del deporte femenino. Esto tiene fuertes implicancias ya que, para muchas personas, el deporte es parte de la vida cotidiana, porque lo practican o porque lo consumen. El deporte es un espacio social en donde se configuran y reproducen violencias porque el trato es desigual, y cuando una práctica se da de manera sostenida, construye sentidos. Esto es lo que ocurre en el mundo de la actividad física.


La consultora Grow: Género y Trabajo, junto a Mujeres Que No Fueron Tapa (MQNFT), organizó una mesa de trabajo y reflexión: “Medios, género y deportes” En ella, se reconocieron varios ejes importantes; entre ellos, los estereotipos hegemónicos que se imponen en el ámbito. Lala Pasquinelli, directora de MQNFT, sostiene que el deporte está indudablemente inmerso en un sistema socioeconómico en el que se ponen en juego muchas variantes. En un país donde el presupuesto para el deporte no es prioridad (y menos si se trata de deportistas mujeres), los sponsors juegan un papel central. Ellos van construyendo la imagen de les deportistas, que es la de personas hegemónicas y adineradas. Por medio de las redes sociales recibimos estímulos de cómo debemos ser y qué debemos consumir, amparados bajo el engañoso paraguas de la “salud”.


También, las integrantes de Grow exponen que “muchas veces se muestra a los ídolos deportivos de forma individual, incluso en los deportes de equipo, lo que fomenta una idea individualista de los triunfos. Se muestra a los ídolos deportivos como dioses y se fomentan ideales que no son realistas”.


La cobertura en los medios sobre esta temática es un aspecto al cual debemos prestar atención. Grow estuvo trabajando con un observatorio de género de los Juegos Olímpicos de Río 2016. En él, analizaron detalladamente las noticias vinculadas a los Juegos con principal foco en la representación de las atletas y equipos en los medios latinoamericanos.


Entre los datos relevantes de su informe, podemos destacar que:


  • “Sólo el 22% de las noticias con autoría identificada sobre los Juegos Olímpicos Río 2016 en los medios latinoamericanos fue escrito y/o reportado exclusivamente por mujeres. Del total de las 454 notas relevadas (incluidas las coberturas televisivas) sólo el 45% (205) de las notas tenían identificación de su autoría, mientras que el 55% (249) restante estaba atribuido a la redacción o alguna agencia de noticias”.


  • “De las notas con autoría identificada, se observa una clara distinción de género entre quienes escriben y quienes son sujeto de noticia: el 60% de las notas firmadas por mujeres son solamente sobre mujeres, el 61% de las notas firmadas por los varones fueron exclusivamente sobre varones. Las mujeres tendieron a escribir más que los varones sobre noticias que implicaron a ambos géneros”.

Entonces, ¿quiénes hablan sobre el deporte? Las mujeres son minoría en las voces que lo difunden. A su vez, ¿quiénes nos representan en las instituciones deportivas? Dentro de los órganos de gobierno y administración del ENARD (Ente de Alto Rendimiento deportivo) sólo 3 de los 24 puestos están ocupados por mujeres. Dentro de lo que es la Subsecretaría de Deportes, sus titulares son hombres. Es decir, también son una minoría en los cargos de toma de decisiones.


Dentro de un ámbito marcadamente patriarcal, una deportista apostó a la lucha para cambiarlo. Camila Arguelles, integrante del equipo argentino de tenis de mesa, organizó a fines de agosto el primer “pañuelazo verde” en el ENARD. Días antes, creó el colectivo Deportistas Argentinas en Instagram, y lanzó por ese medio la convocatoria. La historia de este creciente grupo empezó con la necesidad de exponer las diferencias de género estructurales que se sufren en el interior del mundo deportivo. “Nosotras somos discriminadas por ser mujeres. Siempre comparan nuestros resultados con los de los varones, cuando históricamente hemos recibido mucho menos apoyo”, cuenta la creadora.


Camila se contactó a principio de año con Nelly Minyersky, “la abuela que todes deseamos tener”. Nelly le pasó el contacto de Virginia García, senadora por el Frente para la Victoria, que a su vez la comunicó con Victoria Tesoriero, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Gracias a esta red de sororidad, Camila consiguió 50 pañuelos, que fue distribuyendo a varias atletas. En los Juegos Panamericanos de Lima le regaló uno a una jugadora brasilera. Un tiempo después, ambas colegas se reencontraron en otro torneo. “Ahora ya somos dos con pañuelos verdes en el tenis de mesa”, cuenta Camila.


Al pañuelazo se sumaron atletas y estudiantes del Instituto Superior de Educación Física Nº 1 "Dr. Enrique Romero Brest". El colectivo se llama Deportistas Argentinas porque su objetivo no es solo conseguir que se apruebe la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el país: también busca generar un espacio más amplio para denunciar la discriminación y los abusos que se sufren en el medio. “Ahora tenemos un espacio nuestro, que antes no existía”.


Si bien las atletas argentinas están habilitadas para competir, hay diversos obstáculos que todavía les impiden un desarrollo integral. Uno de ellos es la falta de financiamiento. Camila cuenta que para los juegos Panamericanos de Lima hubo un pedido de apoyo económico que les fue negado a las mujeres de su selección por “sus resultados”. Las autoridades dijeron que las chicas, como no tenían posibilidades de medalla, no iban a poder recibir el apoyo. “Como no sacamos medalla, siguen sin brindarnos un sostén. Es un círculo vicioso. Para medir nuestro nivel siempre nos comparan con el seleccionado masculino. Con menos medios nos apoyamos solas. Es un esfuerzo mucho más grande, nos tenemos que bancar algunos torneos que a los chicos sí les pagan”.


Camila nos cuenta otro ejemplo que ilustra a la perfección las diferencias. Con la Comisión de Atletas de Tenis de Mesa de Latinoamérica solicitaron que en el armado del cronograma se intercalen los horarios de comienzo entre varones y mujeres. “Las mujeres siempre somos las primeras en competir, hay semanas que jugamos todos los días a las 9 AM y nos tenemos que levantar muy temprano. Esto también es discriminación, tenemos jornadas muy largas y no es lo mismo levantarse durante toda la semana a las 6 AM que a las 8 AM, esto tiene repercusiones en el rendimiento. Pedimos intercalar un día hombres y un día mujeres… hace un año que lo venimos señalando y no tenemos respuesta. Los que organizan los cronogramas son todos hombres”.


Este grupo recién comienza pero planea seguir creciendo. En sus redes hicieron la invitación: todas las deportistas que quieran sumarse a esta ola verde pueden mandar sus fotos con los pañuelos al mail de la página, con su localidad, ropa deportiva, deporte que practican y su división. Camila muy contenta nos cuenta que ya recibieron varias imágenes. El feminismo sigue creciendo y el deporte no quedará por fuera.