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ESInclusiva

Por Florencia Sierra -


La Educación Sexual Integral (ESI) en Argentina está atravesando un debate sobre su alcance, contenido y aplicación en una sociedad polarizada sobre los derechos sexuales y reproductivos. En medio del debate sobre la construcción de una ESI para todes, el ámbito de la discapacidad se encuentra con cada vez más limitaciones impuestas socialmente para insertarse en el programa. Este mecanismo cultural, que lleva a omitir la presencia de un determinado grupo social en una conversación tan importante, se construye como acto de discriminación que descarta la evidencia científica de la importancia de la aplicación de la Ley: “La sociedad, cuando apoya esta idea, limita la libertad de las personas con discapacidad”, comenta la Licenciada María Fernanda Cieri, trabajadora social en escuelas especiales.


El artículo primero de la Ley N° 26.150 determina: “Todos los educandos tienen derecho a recibir Educación Sexual Integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada (…)”. En la vida cotidiana las personas con discapacidad encuentran un vacío en torno a la ESI desde el nivel inicial hasta el acompañamiento que necesitan en el nivel adulto. “En discapacidad debería interpelar aún más este proyecto en la educación, y muchas veces se prefiere ignorarlo”, comenta Patricia Duplá, madre de Juan, diagnosticado con TGD (trastorno generalizado del desarrollo no especificado).


Uno de los mitos sobre la diversidad en la Educación Sexual es la cuestión de percibir a personas con discapacidad como asexuades. La psicóloga especialista en discapacidad, Lic. María Elena Villalba, señala: “La sexualidad atraviesa a todos los sujetos y es algo que los iguala. Con este mito anulamos su sexualidad”. No existe tal cosa como una sexualidad dormida. Patricia comenta: “Es bastante frecuente que se niegue la sexualidad de las personas con discapacidades. Se los asigna a un estado que es artificial, porque la sexualidad siempre está”.


Infantilizar a las personas con discapacidad es una cotidianeidad en el plano de lo sexual. Villalba explica: “Lo primero que se evidencia son niños eternos, no hay posibilidad de pensar que puedan tener sensaciones en sus genitales”. El desarrollo de su autoconcepto es parte fundamental para poder entender los cambios físicos por los que pasan a lo largo de su vida: “Quedan privados en una etapa más oral, y no llegan a la fálica, por ejemplo de una sexualidad adulta. Llegan a las primeras fases y no pueden avanzar” comenta la psicóloga, que acota que negándoles estas herramientas se les excluye de la esfera de los Derechos Sexuales y Reproductivos: “Muchas cosas no se hablan con confianza, la primera menstruación por ejemplo, no es algo que se converse”.

Ilustración por @pavaditxs

La discriminación formada alrededor de la concepción de las condiciones de vida y posibilidades de desarrollo de las personas con discapacidad provocan que su sexualidad se estigmatice como “especial”. El pensar que mantienen relaciones distintas desde lo interpersonal se formula como hecho de discriminación, remarca la trabajadora social. “Al ubicarlos en un lugar diferente se les niega su derecho, se los priva, vulnera y estigmatiza”. La ESI para discapacidad abarca el mismo contenido pero con distintas técnicas de comprensión y acercamiento con el sujeto. La licenciada Cieri agrega: “La información y los talleres que se puedan hacer con las familias son la clave para poder cambiar esta mirada”. Entender que todos los cuerpos son personas deseadas y deseables es un paso de justicia social para entender la importancia de la aplicación en la actualidad de nuestro país: “Una madre en una reunión se opuso terminantemente a que su hija tuviese ESI; nosotres le aclaramos que es una Ley y la tenemos que cumplir” comenta la psicóloga.


Los riesgos en la sexualidad de estas personas tienen un vínculo directo con la falta de Educación Sexual Integral en su crecimiento. Esto, muchas veces fomentado por los mitos mencionados, se relaciona con su condición de discapacidad, como si fuese algo inherente a su físico o mentalidad. Entender la construcción de una ESI que acepte la diversidad sería una herramienta para poder encontrar y hacer focos en las zonas de riesgo de las relaciones peligrosas y la sexualidad insegura. María Fernanda Cieri confiesa en la entrevista haber enfrentado situaciones de discriminación en el círculo familiar de estudiantes: “He escuchado a padres decir: ‘si él es así imaginen lo que puede engendrar’ ”.


La importancia del conocimiento del propio cuerpo y las relaciones con le otre pueden encontrar su tensión máxima en el delito del abuso. La psicóloga Villalba comparte su experiencia en la problemática: “Una madre me consulta sobre un chico que le dio un beso a su hija y a ella no le gustó. No hablemos de que no se pueden dar un beso, hablemos de que no le gustó. Entonces podemos diferenciar entre lo que me gusta y no me gusta, lo que voy a dejar que me pase y lo que no”.


La infantilización de estas personas pone en duda su capacidad de reconocimiento de abusos para ser denunciados. La psicóloga agrega: “Los abusos en discapacidad se dan porque no se habla. Padres y madres piensan que si no se habla de eso, no existe”.

En Argentina la Ley N° 26.150 se ve limitada por distintas construcciones sociales que no radican en la importancia pedagógica y científica del acompañamiento del ser humano para un desarrollo sexual saludable. Patricia opina: “Estoy de acuerdo en que se propulse una enseñanza dirigida a personas con discapacidad para que tengan la posibilidad de vivir su sexualidad de la manera más libre y segura posible”. La privación de estas herramientas es un acto que afecta el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos poniendo en juego muchos más riesgos que los que pretende salvar.

@2019 REVISTA MANTIS

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