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ES LEY

Por Camila Luna, Camila Pichardo, Lucía Lago y Rocío Medina (equipo editorial de Revista Mantis) -


Fotografía por Meraki Siede -


A las 4 de la tarde de ayer, martes 29 de diciembre, comenzó el debate en la Cámara de Senadores. Millones de no binaries, lesbianas, mujeres y trans en todo el país nos juntamos en el Congreso y en las plazas o sintonizamos desde nuestras pantallas, soles o con compañeres, agrupades o independientes. Nos invadieron miles de emociones: enojo, ansiedad, alegría, miedo, euforia. Luego de doce horas de bancar el debate, se votó, y escuchamos el resultado con el que soñábamos desde hacía quince años, cuando surgió la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito (y desde mucho antes también): con 38 votos a favor y 29 en contra, se aprobaba en la Cámara de Senadores el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo.

Esto fue un pequeño mimo al alma de los movimientos feministas, después de tantas pálidas durante este 2020; un derecho conquistado gracias a la lucha de miles que, desde hace años, hacemos fuerza para que pueda concretarse. Una ley que el Estado nos debía, que nos permite convivir dentro de una sociedad más equitativa y justa.


Las calles del Congreso hablaron en 2018 y lo volvieron a hacer ayer por la madrugada, cuando todes se fundieron en ese abrazo tan anhelado. La primera presentación del proyecto en el Congreso no nos dejó la legalización del aborto, pero sí nos dejó el conocimiento de que ampliar nuestros derechos era posible, de que no era un sueño inalcanzable. Con esa energía nos movimos en estos dos últimos años que culminaron en la euforia de la madrugada de hoy.


El 2020 nos trajo muchísimas dificultades a nivel mundial: en salud pública, economía, educación, etc. Pero algo que nunca hicimos fue dejar de luchar, ni vamos a dejar de hacerlo nunca. El derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos es algo que obtuvimos gracias a nuestros años de lucha incansable.


Por supuesto que la militancia sigue. A partir de ahora debemos seguir organizándonos para exigirle al Estado que cumpla con nuestro derecho pleno de tener autonomía sobre nuestros propios cuerpos, que nos asegure la Educación Sexual Integral, que nos garantice la igualdad económica y combata la feminización de la pobreza, y todo lo que sea necesario para vivir en una sociedad más justa. Y siempre seguiremos apoyándonos entre nosotres cuando haya un Estado ausente. La jornada de ayer nos demuestra el poder de un pueblo organizado, de la lucha colectiva, y eso quedó registrado en la historia.

Las personas con capacidad de gestar hoy ya no somos simples envases, somos cuerpos con poder de decisión. Tal vez es muy temprano, pero en unos años tomaremos dimensión de lo que realmente significa la sanción de esta ley, un hito histórico que quedará en nuestra memoria, un gran paso en lo que refiere al concepto de maternidad; sobre todo, maternidad deseada.


Solamente quienes estamos del lado verde podemos entender plenamente lo difícil que es explicar cómo nos sentimos. La jornada histórica de esta madrugada dejó un sabor a conquista imposible de olvidar. Nos recordó, nuevamente, que la salida es colectiva. Que la empatía es siempre el camino. Que la libertad se reclama y se consigue.


A los galpones sucios, no volvemos nunca más.
A la garantía de salud solo para quienes la pueden pagar, no volvemos nunca más.
A la maternidad obligada, no volvemos nunca más.

Cada une sabrá en qué momento el pañuelo verde se volvió su uniforme y su bandera y recordará por siempre que la única lucha que se pierde es la que se abandona.


No solo adquirimos un derecho sino que, también, demostramos que la marea feminista mueve al mundo y no descansa. Que nos ponemos al hombro el dolor de le compañere y lo hacemos carne.


Agradecemos el abrazo inolvidable que nos supimos dar anoche. Agradecemos la alegría inmensa de sabernos en un país con más justicia social. Agradecemos la reivindicación de todes aquelles para les que el Estado llegó tarde. El mundo es nuestro. El deseo es nuestro. El amor es nuestro. Ahora y siempre.

Compañeres, estuvimos a la altura. Desde aquel primer pañuelo verde que amarramos a la mochila, desde aquellas primeras tardes verdes en el congreso. Un largo camino recorrido que aún queda por recorrer. Esto es por las personas que abortaron en clínicas clandestinas y perdieron la vida; por cada mujer, lesbiana, trans, no binarie o niñe obligade a gestar, ¡es ley!


Como medio de comunicación, Revista Mantis pretende siempre alzar la voz de les oprimides, visibilizar las injusticias y ver el mundo desde una perspectiva transfeminista. Nos alegra muchísimo haber podido estar presentes anoche, presencial y digitalmente, ya que la comunicación hace a la lucha.


Esto recién empieza.


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