• REVISTA MANTIS

No voy a ser lo que quieran de mí

Entrevista a La Kabronx


Por Belén Durruty -


Hay músicas que nos interpelan tanto porque parecen una extensión nuestra, un espejo de nuestros sentimientos. Hay canciones que no solo las escuchamos: las sentimos, nos atraviesan las entrañas; como cuando te sentás por primera vez en un círculo de mujeres y empezás a escuchar a las compañeras, sus historias, y en ese mismo instante pensás con el alivio que brinda la compañía “esto es exactamente lo que yo viví”. Con la música de La Kabronx pasa esto mismo.


Bárbara eligió su identidad de La Kabronx para dar inicio a su carrera como rapera, como forma de expresar su historia y acercársela a otras personas que puedan sentirse interpeladas y, así, concientizar, comenzar un proceso de sanación, abrazar. “No voy a ser lo que quieran de mí / Voy a invitarme a salir / Voy a llenarme de glitter la cara”, canta La Kabronx, y nos invoca a todes a encontrarnos en esa calle creada al ritmo del hip hop, a formar parte de su misma lucha.


Es de noche, estamos en plena cuarentena y Bárbara trae a La Kabronx a charlar con Revista Mantis sobre su proyecto musical, su militancia, el ambiente del hip hop, la autogestión y lo que se viene.


Estaría bueno que arranques contando un poco sobre tu proyecto musical y cómo arrancó…


Hace más o menos dos años arranqué a hacer música como rapera y me formé esta identidad de La Kabronx. Arrancó de una necesidad de manifestar lo que estaba sintiendo en mi vida, un proceso que estaba viviendo. Esa energía, justamente, estuvo muy acompañada de toda la revolución feminista que se estaba viviendo en las calles. A mí me salió manifestarme a través de la música, de escribir y cantar canciones que primero, individualmente, me ayudaron a mí a sacar lo que yo estaba sintiendo en ese momento, y por otro lado, pueden ayudar a un montón de mujeres y disidencias que se sientan en el mismo lugar en el cual yo me sentía. Como que no estamos soles, era ese el flash. 


Sí... Además del otro lado necesitamos estas expresiones musicales, esas voces. Me surge una duda con respecto al nombre que elegiste, "La Kabronx", ¿por qué la x?


“La Kabrona” me parecía como bastante binaria. Yo jamás tuve ese pensamiento. La Kabronx incluye un poco la visión no binaria dentro de la identidad del personaje. También (es una) forma de manifestar otra lucha que todavía está pendiente, sobre todo en lo que es el rap, el hip hop. Es un ambiente que dentro de todo se está limpiando, pero sigue siendo machista, sigue siendo medio retrógrado. Pero bueno, estamos en eso justamente, en la visibilización de diferentes artistas que puedan manifestar su ideología. Ayuda bastante a limpiar espacios y generar nuevos también: porque es muy difícil limpiar un espacio que ya está establecido. Eso también fue un poco por lo que arranqué haciendo música. De repente vi que tenía mis temas y… ¿cómo hago para que me llamen de una fecha? Y empecé yo a hacer fechas en contextos de feminismo y disidencias. Se llamaban “Hip hop sororo” al principio, y después fue mutando el colectivo. Más o menos esa era la idea: generar espacios nuevos, a través de la x.

Fotografía intervenida por María Emilia Giordano -

Bueno, pienso que surgieron varias cosas. Por un lado, ¿qué visión tenés vos sobre el ambiente del rap? ¿Qué lugar ocupan las mujeres y las disidencias en ese mundo?


Y... ¿Qué lugar ocupan? Yo creo que es muy difícil de responder. No sé qué lugar particularmente ocupan. A veces siento que estamos invisibilizades, que dentro de lo que es —yo me lo cuestiono también—una fecha de rap, son cinco varones y quizás una artista mujer. O no, quizás ni hay mujeres en un line up de un festival de rap o de hip hop. Siempre somos minoría. Por sobre todas las cosas, minoría. O invisibilizades. Creo que falta deconstruir muchísimo la visión binaria, o sea, el mundo del rap está lleno de personas que dicen puto como si fuese una mala palabra, ¿entendés? Y es como si estuviéramos (como estábamos) hace 30 años. Es muy difícil cambiar algo tan de raíz, pero por eso está, por suerte, todo un movimiento lleno de color y alegría y juventud tratando de volver a generar espacios piolas.


Están apareciendo nuevas voces.


Eso es muy empoderante realmente: agarrar un micrófono y poder manifestar lo que sentís. Es realmente muy importante el rol de comunicar.

Siempre trato de alentar a las personas a que puedan vivir ese proceso de animarse a agarrar un micrófono y soltar todo lo que sientan, o aunque sea escribirlo. Estaría buenísimo que un montón de gente se pueda animar a agarrar un micrófono y soltar todo lo que siente. Sobre todo las disidencias, faltan esas voces. 


Totalmente. Y queremos escucharlas, además. Antes hablabas sobre ese evento de hip hop más disidente que fueron armando, y esta imposibilidad de la cuarentena de sostenerlo. ¿Cómo vivís vos la cuarentena en este sentido, profesionalmente? ¿Qué formas de autogestión hay?


La verdad que es muy difícil mantenerse positiva, o sea, no voy a tirar nada negativo. Trato de mantenerme lo más positiva posible. Yo el año pasado trabajaba informalmente para una empresa en administración, home office y sentía que tenía dos identidades: la que trabajaba para esa empresa y se tenía que poner la camiseta y la que de noche iba a rapear, iba a construir su sueño. Y esas dos cosas (juntas) no iban. Entonces tuve que soltar una. Y soltando esa dije “bueno, me voy a ir por esto, todo por esto”. Y empecé a hacer más movimientos culturales, empecé a pasar música, empecé a ponerme a escribir más. Y ahora esto...


Me cuestiono qué va a pasar el año que viene también, si todo lo que se vino construyendo va a estar parado o va a haber que reconstruir algo. Creo que va a haber una unión y una fuerza que va a ayudar como colectivo artístico a le otre. Pero también siento que no es algo que me pasó a mí, sino que le pasó a todo el mundo. No solamente mi proyectos se pararon (dentro de todo no, porque estoy tratando de seguir adelante). Un montón de personas también se quedaron sin laburo, sonidistas, iluminadorxs, no sé... Un montón de personas están como “¿qué hacemos?”, y creo que la unión hace a la fuerza.


Retomando el tema de las disidencias y las mujeres dentro del ambiente, me surge preguntarte por la banda que te acompaña, Los Secuaces, que son varones, básicamente. 


Son varones, son varones cis y tienen algo que es increíble. Yo estuve buscando mucho tiempo mi formato de banda. La Kabronx y sus secuaces en sí no es yo con banda sino que es una banda. (Ellos) son chicos jóvenes. Yo soy del ‘95, tampoco es que soy una señora mayor, pero ellos son del ‘98 y el feminismo llegó a sus cabezas en el secundario. O sea ellos fueron, por ejemplo, al Pellegrini. Ofelia Fernández era la presidenta del centro de estudiantes de su colegio. Partiendo de esa base, ya tienen en sus cabezas un montón de construcción, vamos a llamarle deconstrucción. Ni siquiera es una deconstrucción, sino que hay muchas ideas que llegaron a sus cabezas en una edad súper importante: en la adolescencia. Siguen siendo varones cis, pero son lo menos paki que existe, así que eso dentro de todo (está) bueno.


Como banda, tenemos la idea de tener invitades que justamente formen parte del colectivo que me representa, y yo a ellos les lleno la cabeza de un montón de cosas piolas. Vamos pensando que nosotres somos una (unuidad), pero ellos son varones, y cuando hay algo que siento que no me gusta, lo hablamos, comunicamos mucho los sentimientos. Yo siempre les digo “bueno, miren, esto es horizontal, acá podemos contarnos todo lo que sentimos, nadie va a juzgar nada de lo que otre sienta”. Tenemos una comunicación donde, ellos como músicos, también han tenido muchas bandas con muchos varones y se han cuestionado los roles que cumplían en esos espacios. Me han contado: "Wow, nunca hablamos tanto de nuestros sentimientos en una banda". Y eso también me parece súper interesante como para empezar a cuestionarse en bandas de varones qué pasa, qué hay adentro de una banda exclusivamente de varones que, de repente ellos, siendo tres varones conmigo, se empiezan a cuestionar un montón de cosas. Y siendo varones, yo tampoco les tendría que decir "bueno, está bueno que se cuestionen tal cosa". Porque yo no soy la maestra, ni la niñera, ni la mamá de nadie, entonces háblenlo entre ustedes. Es alentar a eso.


Sí, está bueno que de a poco se vayan dando los espacios para hablar, expresarse y dar lugar al nuevo rol que estereotipadamente no existe para los varones.


Claro, sí, eso ni hablar. Ninguno se autopercibe heterosexual, y eso está buenísimo, porque la heterosexualidad es algo también tan de antaño. Es una de las primeras cosas que hay que cuestionarse. 


Por otro lado quería abrir un poco un tema que en algún momento nombraste, sobre una situación de violencia de género, que estuvo ligada también a tu arte. 


Sí, sí. El 16 de mayo se cumplieron 3 años de esa denuncia, y no lo pude creer, porque fue el primer año que no lo recordé. Todos los años ya antes (de la fecha) venía recordándolo, y este año me acordé después, como "ah mirá, fue ayer". Ya se siente el proceso de haberlo superado muchísimo.


Yo estaba en pareja con un chabón —claramente—. Estuvimos 2 años en pareja, convivíamos, el chabón era rapero, después fue trapero (hay una diferencia muy marcada entre el rapero y el trapero). Claramente fue un noviazgo tóxico, y después una convivencia tóxica. Yo no tenía información en mi vida sobre qué era lo que hacía tóxica a la relación. Primero arrancó con celos, control, violencia psicológica un montón. Después, cuando ya trascendió a la parte física todo iba de mal en peor. Y, como la curva de contagio, cada vez era más violento todo. Y, cuando lo denuncié, empecé un proceso gigante. Lo denuncié en mayo y lo escraché en octubre, porque no me sentía fuerte como para escracharlo.


La marcha del Ni Una Menos llegó cuando yo tenía mis primeros golpes en los brazos. Y aun así yo no sentía que era violencia de género, porque (pensaba) “hay mujeres que las golpean y les dejan un ojo moretoneado… Ya va a cambiar”. Lo negaba, estaba ciega (respecto) de lo que estaba viviendo. Si me hubiese llegado esa información antes, yo quizás hubiese reconocido lo que estaba viviendo con mucha anticipación, (quizás) antes de llegar a los golpes en la cara. Encima, trabajaba en atención al público en ese momento, y mi jefe me decía “no podés trabajar así”. Y yo no lo podía concebir. Hasta que no me echaron no lo denuncié, porque ahí me di cuenta de que me había costado un trabajo esta persona, (más) todo lo que estaba pasando, y me di cuenta de que era grave. Ahí decidí denunciarlo.


Durante todo ese proceso de reconstrucción de identidad (porque después de vivir todo eso yo sentía que no sabía quién era), tenía que encontrar qué era lo que sentía como persona y comprender que la situación de violencia de género que había vivido tenía que ser un tipo de motor. Después de miles de noches de llorar y no dormir, y días en el sofá porque me quedé sin casa (dormía en el sofá en lo de una amiga), me di cuenta de que con lo que yo había vivido podía ayudar a otras mujeres que se encuentraban en esa situación, y hacerles entender que es importante denunciar y separarse. Y que la persona que las espera después de denunciar, que es una misma, es una persona que las va a llenar del amor que no estaban recibiendo. Una amiga, que me acompañó en ese proceso, a quien yo fui y le dije "che, me pasa esto", tenía esa información para compartirme y me empezó a ayudar. Y así como ella me la compartió a mí, la compartimos con todes. A mí me angustia muchísimo ver la cantidad  de femicidios que hay en cuarentena. Empatizo un montón con esas mujeres que están encerradas con su golpeador y me da una angustia cósmica en la garganta, horrible. 


Sí, es súper angustiante. Genera muchísima impotencia. 


Es que el encierro es una de las características, porque no hay nada que quiera más un violento que tenerte encerrada, aunque sea psicológicamente. Estaría buenísimo poder ayudar a comprender que el encierro no te hace vulnerable y cómo trabajar eso desde una. 


Y en todo este proceso que comentaste, ¿la música qué lugar ocupó?


Bueno, siempre quise hacer música. Y me di cuenta de que, justamente, algo que admiraba de esta persona (al principio) era que él era músico. Y me puse a observar que siempre estuve rodeada de gente que hacía música.( Yo sacaba fotos, saco fotos.) Y bueno, en realidad yo admiraba esto porque esto era lo que yo quería hacer, y (pensé) “¿por qué no lo hago?” Ahí encontré una luz que me iluminó: el rap salvó mi vida. Estando en una situación muy límite de mi cabeza, (decidí) hacer música. El primer tema que escribí se llama "Ese macho quería matarme". Ahí me di cuenta de que eso es lo que yo siento y me encanta poder transmitirlo y comunicarlo. El tema dice:


"Guardo las formas 

yo ya no pienso callarme

la sangre de las caídas sobrevivientes, desaparecidas y sus familias

vinieron a buscarte

ese macho quería matarme

ese macho quería matarme

voy a escracharte

y vas a escucharme

por ultrajarme abusarme golpearme

por encerrarme, burlarme..."


La moraleja es que no va a quedar impune porque no solamente yo, sino todas las mujeres que vivieron una situación de violencia de género, las (quiero) invocar y vamos a ser la fuerza que haga que no quede nada impune. Esa es la fuerza y la energía que me motivaron a empezar a escribir, y después fui fluyendo por un mar energético... (risas). Bueno sí, soy de cáncer, soy de agua... 


Quería preguntarte, también, si en ese momento que apareció la luz del rap tuviste alguna referencia que puedas recomendar. 


Dentro de lo que es el rap y el hip hop argentino, yo escuchaba a Kris Alaniz desde hacía mucho tiempo. La admiro y respeto bastante. También la energía que tiene, canceriana.


Quizás cuando empecé a escribir no pensaba en referentes, pero después con el tiempo empecé a buscarles para seguir escribiendo y escuchar qué es lo que cuentan otras mujeres. Me gusta mucho una rapera que es productora, DJ, como Kris (risas). Se llama Bahamadia y es de los ‘90. Tiene su visión de lo que ella estaba viviendo como mujer productora. Por ejemplo, está Lil Kim, que es otra rapera, que fue la mujer de Biggie Smalls y después se separó. Ella siguió haciendo música y es una rapera que tiene presencia, con una perfo súper hegemónica. Bahamadia es todo lo contrario. Es como de pelo corto, presencia un poco más pesada, no tan del lado de la hegemonía. Rompe ciertos patrones de qué se espera en el rol que una rapera puede cumplir para llegar a ser alguien. Pero ella dijo "no, yo soy esto", y se re planta. Me encanta esa actitud. 


Otra de las mujeres que me inspiraron muchísimo a empezar a rapear fue Valessa. Es rapera del west side, pero se mueve por todos lados. Increíble Valessa. Yo la vi en vivo y dije “ay, la amo”. Aparte es como que te inspira , si ella lo puede hacer yo también lo puedo hacer.


¿Qué organizaciones y redes te acompañan en el proceso de producción musical, que es el detrás de escena de toda la banda? 


Con lo que es la banda, hasta ahora hicimos solamente formato en vivo, no tenemos nada grabado. Así que no hay ninguna. Y personalmente, tampoco (risas). Soy bastante autodidacta y autogestiva. Me prestaron un mic y una placa, y eso es lo que tengo.


Me pasó que antes de tener el micrófono y la placa, la forma que encontré de grabar fue mirando tutoriales en Youtube y pensar “¿un micrófono? Mi celular tiene uno...” Entonces grababa, me mandaba un audio por WhatsApp a mí misma, después lo bajaba, lo convertía a mp3, lo ponía en el FL, que es uno de los programas que se usan para producción musical, y sonaba horrible, la verdad... Pero era mi forma de expresarme, era lo que tenía. Y yo en ese entonces decía "no soy música, no soy rapera, solamente quiero comunicar el mensaje y tengo esto”. Hubo personas a las que les llegó eso y se acercaron a mi vida, como los pibes de DNK Records, un home studio de Ciudad Evita. Empezamos a trabajar con ellos a nivel calidad, estudio. Claramente no dejaban de ser varones, y a veces las energías chocaban. Yo tengo una ideología, una mentalidad, un proceso y una identidad que está en construcción. (Por eso) tomamos caminos medio separados. Medio separados no, separadísimos. Son personas que estuvieron en mi vida como productores y que los quise muchísimo, pero ya no éramos compatibles a nivel musical y mucho menos con toda mi visión. Era quizás muy difícil hacer lo que yo quería con ellos, porque en general terminaba haciendo lo que ellos querían. Pero no por una cuestión impuesta, sino porque de repente te das cuenta de que estás en esa.


Hoy en día, junto con Maleza, que esa sí es una organización de pibxs que tienen perspectiva de género, vamos a hacer talleres para ayudar a mujeres y disidencias a producirse: cómo escribir una letra, cómo grabarse, cómo subirla. Estamos trabajando en eso, a ver cuándo puede prosperar el proyecto con todo este tema de la cuarentena...


Está buenísimo el proyecto porque están surgiendo un montón de bandas de pibas, pibxs cantando y haciendo música, aunque igual la parte de la producción sigue estando minada por los machos. No hay mucho construido ahí.


Sí, falta… Faltan muchísimas productoras, faltan DJs y beatmakers. Justamente con Maleza es lo que estamos trabajando. Yo aporto mis ideas, mi visión y mi experiencia. Y aparte de aprender a rapear, una persona también puede aprender a hacer un beat, por ejemplo, y (así) no tener que lidiar con un varón que te quiere regalar un beat a cambio de una foto en tetas.


Dentro de las fechas que yo organizaba, había un stand que atendían chicos trans. Era una fecha que se llenaba de raperos varones cis, y (ellos), en vez de preguntarles el pronombre con el cual se identifican, los trataban de ellas, "las chicas del stand". Son ellos, no son ellas. Todas las fechas pasaba. Hasta que me dijeron “gracias, pero nos sentimos medio incómodes”. Y es como “¡ay, no!” Es re difícil eso en el ambiente del rap. Imaginate une chique trans que quiere arrancar a rapear o a hacer música cuando no está en la cabeza (de la gente) del rap o del hip hop el hecho de preguntar el pronombre.Tener que, todo el tiempo, aclarar las cosas para una persona que - se me pone la piel de gallina- está en el proceso individual de su propia identidad, es algo incómodo. Por eso está buenísimo que haya justamente mujeres y disidencias que puedan grabarles, darles beats, ayudarles a lo que sea sin tener que pasar por la situación de explicar todo. Ya hay demasiada información, no es necesario seguir explicando.


¿Nos contás en qué estás trabajando ahora?


Resulta que se me vino a la cabeza un nombre. Quizás, es muy probable que me(lo) cambie... O sea, lo estoy analizando. Probablemente deje de ser La Kabronx. Me quiero cambiar el nombre a Futoria, porque es el nombre de la protagonista de una historia que estoy diagramando y escribiendo. La realidad (de la historia) es en un futuro distópico. Está muy relacionada con lo que se vivió acá en la Argentina con la dictadura militar, pero planteada en el futuro. Futoria es la protagonista que lucha por su identidad y en todo ese proceso descubre quién es realmente. Quiero hacer un disco de toda esta idea. Es medio cyberpunk en el sentido de que es (en el) futuro, tiene mucha data del estilo de 1984, como todo lo que vi, leí y escuché en mi vida. Futoria finalmente somos todes quienes tratamos de luchar contra robots capitalistas por nuestra identidad. Básicamente ese es el punch de la idea. Es una historia muy emocionante porque Futoria no conoció a sus papás, ella es una rebelde del sistema que ni en pedo está del lado de los robots. Y los robots también pueden ser las inseguridades, como que en cierto punto todes tenemos una lucha contra robots día a día. Eso nos interpela en muchas formas, sobre todo porque está muy asociado con el capitalismo, el imperialismo que hay que destruir.

Podés escuchar la música de La Kabronx en Spotify y YouTube.


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