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El humor, la picardía y el impacto como estrategia de vida: entrevista a Ivo Colonna

Por Camila Pichardo -

Fotografía por Belén Ranelli -


Ivo Colonna Olsen nació en San Miguel, provincia de Buenos Aires. Produce, canta, hace performance y actúa. Actualmente es cantante de BIFE, dúo que conforma con Javiera Fantin, y también cantante en el quinteto Alto Bondi Tango. Es columnista de arte y feminismos en el programa Al Escabeche en Radio FM La Tribu. Se define a sí misme como pansexual y no binarie, y pide a les demás dejen de querer etiquetarle. Utiliza los pronombres elle/él y confronta las tensiones por no querer enmarcarse en ninguna limitación y, a la vez, fluir en las infinitas posibilidades de existencia y de habitar un cuerpo.


Ivo nos cuenta que comenzó su carrera artística desde muy temprana edad mientras transcurría su paso por la escuela. —Desde muy pequeñe estaba en un colegio que era una paja, porque era medio Hogwarts, pero lo bueno era que tenía mucho para elegir. En ese entorno a mí me gustaba muchísimo ir a la escuela, nerd detected (risas), y sobre todo me gustaban las extracurriculares. Ahí empecé a estudiar instrumentos, a cantar en orquesta, a estudiar coro, actué en unas obras de teatro—. A los 15 empezó a tocar la guitarra y a componer sus primeras canciones. En cuanto a los géneros musicales, relata que siempre tuvo resistencia a las canciones comerciales bilingües, por oponerse también a los patrones que le inculcaron en el colegio al que asistió, y que desarrolló un gusto particular por el tango: —Mientras todas las pibas de la escuela cantaban Mariah Carey, yo cantaba tango—.



Como muchos jóvenes de clase media-alta del interior del país y del Gran Buenos Aires, se mudó a Capital Federal para estudiar, y cursó algunas materias de las carreras universitarias de Letras, Traductorado y mayormente, Ciencias de la Comunicación. Al mismo tiempo tuvo trabajos en relación de dependencia que le permitieron conocer a personas que, como elle, habitaban el mundo artístico, pero trabajaban para poder llevar a cabo sus proyectos (realizadores audiovisuales, músiques, artistas visuales, gente que hacía cómics); personas que, tiempo después, fueron contactos con los que trabajó en su propia carrera artística.


Por esos días de estudiante sus xadres le regalaron un saxo y recuerda: —Vendí el saxo. Un gran error. Nunca hay que vender un instrumento, menos un saxo Yamaha que te podías comprar en el 2000 y ahora ni en pedo, sobre todo porque había sido un regalo de mis viejes—. Ivo cuenta que le invitaban a bandas a tocar el saxo, pero tenía otro deseo que le impulsaba: —Ahí empecé a cantar, cuando corté con un novio pelotudo que me decía que cantaba Los Redondos como Britney Spears—.


Ivo comenzó a tomar clases de canto con María Rosa Yorio (mamá de Migue García). Esa formación no tenía nada que ver con lo que venía haciendo, cantar en un coro y leer una partitura. —Me ayudó mucho porque yo cantaba bien pero no tenía onda. Y tenía también un problema, que me quedaba difónique cada vez que cantaba. Era algo muy emocional, muy fuerte. Lo que me enseñó María Rosa fue que el aire empezaba en la panza, pasaba por el alma y después se le daba forma en la boca. Y eso del alma a mí no me lo habían enseñado en el colegio. Fue todo un flash porque esa persona me activó algo de la interpretación que me enseñó un montón—. Y bromeando, agrega: —Ahora me doy cuenta de que la afinación es una farsa, igual que Papá Noel, y todo eso (risas). No, pero fuera de chiste, si tenés algo que decir está bueno pasarlo por el cuerpo, y creo que ahí lo empecé a aprender—. Estuvo en un trío de tango, que si bien fue bastante intermitente, le impulsó mucho para su crecimiento posterior.


—¿Cómo fueron los primeros pasos de tu carrera?


—Cuando me mudé a Capital y encontré todo un mundo. Yo pensaba que me iba a tener que mudar a Londres para poder ser. Me pasaba algo con la identidad que no entendía bien qué era. En ese mundo del country, de la escuela privada, del polo, sentía que no había lugar para mí. Tuve un cierto asfixie por no poder expresar las emociones, algo que es muy particular de ese mundo. Yo era mucho de escribir, escribir, escribir, cantar. Era muy expansive para ese mundo. Era como le rebelde. Luego tuve que ir haciéndome lugar, tenía mucho miedo de no poder sobrevivir. El primer año que llegué a la ciudad fue terrible, porque vivía con mi hermana (con quien me llevaba muy mal) e iba a la Universidad Católica Argentina. Después me volví a la casa de mis viejes. Me choqué con desear cambiarme de carrera, empezar a “perder” más el tiempo, empezar a conocer más el ocio o el deseo. Y también derribar muchos prejuicios. Tenía un cerebro mega facho sin darme cuenta. Decía cosas como “soy apolítique”. No, no. Una vergüenza. Tiene que ver mucho con mi contexto particular. Si yo hubiese leído un fanzine de feminismo a los 15 años hubiese sido diferente la historia. Pero la padecí muchísimo. No tenía acceso a esa información. Lo más cercano fue lo punk, “do it yourself”. Luego volví a mudarme a Capital cuando me echaron de mi casa por lesbiana. Nunca fui lesbiana pero mi mamá interpretó eso (risas). Entonces fue re distinto ahí.


—¿Y qué te inspiró en ese momento para hacer tu música?


—Siempre me gustó la fusión, molestar, mezclar géneros. Miranda y Babasónicos me interpelaban mucho, por ejemplo. Son historias, ahora cuestionables también, pero historias de amor distintas, otras letras. Por ahí un poco más de la historia del ir y venir. Que no se entiende bien el género de la persona que enuncia ni de la que está siendo encarada. Eso me interpelaba un montón. Se parecía mucho a como yo sentía que para mí era una historia: la monogamia y el amor. Nada que ver con lo que me pasaba a mí con mis amigues. Yo re quería a mis amigues y a veces pintaba garchar. Distinto a lo que decían que era tener une novie.


Por otro lado, hace diez años era muy fan de Miss Bolivia. Era la única cantante “femenina” rapera que decía que era bisexual o que bardeaba a Macri en el escenario (de lo que yo iba a ver). Me conmovía infinito todo lo que hablaba, lo que decía en los temas. En ese momento de mi vida me super interpeló. A partir de ahí empecé a investigar. Cuando yo tenía 20, era la única que decía “me gustan los tipos y las minas” en el escenario y eso fue fundante para mí. Poder decir. Yo no había visto eso. Después, cuando fui vocalista en El Remolón, compartimos fechas con Miss Bolivia. Paz (su nombre de pila) es muy importante para mí. En lo personal y en lo artístico. Es medio madrina. Yo la iba a ver, era muy fan, y actualmente estoy en tres videoclips bailando. Me habilitó a actuar en un videoclip donde garchamos con un gordo y una gorda. Yo me animé a desnudarme en algo artístico erótico. De ahí conseguí laburo en la película Las Hijas del Fuego, de Albertina Carri. Fueron diferentes puertas las que se me abrieron. Cuando Paz vio ese video me felicitó, y yo le dije que si ella no hacía esa canción donde decía que le gustaban hombres y las mujeres yo no sé si hubiese hecho ese video. Hay vueltas de tuerca de lo que se vuelve más masivo y lo que es disidente/disruptivo, que va obviamente cambiando. Así como hace seis años BIFE “era” para las feministas, feminazis, lesbianas, rapadas, de pelos de colores, ahora muchos profesores de ESI del todo el país escuchan BIFE y lo muestran en las aulas. Pasó algo en el mundo también.


En 2009 tuvo una banda que se llama Pimentón que duró varios años. Como en todo inicio, Ivo nos cuenta que no sabían armar una gacetilla. Lo consideraban un hobbie y no lo tomaban en términos profesionales. Había letras que de a poco iban cuestionando los roles de género, producidas de manera colectiva. Ivo agregaba esa pizca de humor que tanto le caracteriza. La banda hacía música “flashera”; la gente que asistía sus recitales lo hacía para estar ahí, en el mundo al que la banda invitaba a participar. Nos cuenta: —Me gustan las artes escénicas que suceden en el presente, que haya un momento en que se suspende la realidad y estar ahí. Luego hablar de eso, habilitar un espacio de libertad, de consenso, de alegría, de crítica, de diálogo. Eso me parece que sucede en casi todas las cosas que intento hacer—.



Realizó talleres de escritura con Griselda García y con Marimé Arancet Ruda. Fue el impulso para publicar su primer libro de poemas en el año 2010. “Pre-feminismo”, lo sitúa. El libro se titula Prometeme que siempre y está relacionado con el rol de la mujer, con su niñez y su crianza. Cosas que le decía su vieja, recuerdos, sueños. Se inspiró en una poeta cordobesa llamada Teresa Andruetto, con su libro Kodak, donde relata recuerdos de su niñez. Ivo nos cuenta cómo fue el proceso de escritura:


Kodak me impactó mucho, llegué a casa y escribí 18 poemas. Justo 18, la mayoría de edad. Después, analizándolo con una amiga que estudió Letras, el libro predice un montón de cosas. Habla mucho de sentirse estéril, de la no maternidad, de que me echan de mi casa por lesbiana, que me besaba con mi amiga y me censuraron, de que me abrieran mi diario íntimo, de que mis amigos eran todos varones. Cosas de la crianza sin explicación. Y me dejó una reflexión también de los géneros y de lo que se “espera” de una mujercita. En ese momento fue muy catártico. Es un libro que casi no tiene metáforas. Siempre rescatan eso. Muy escueto, no decoro mucho. Es impresionista, tiro así y que le otre complete—.


Tiene ganas de publicar su segundo libro en el que ya viene trabajando. Pero nos cuenta, íntimamente, que falleció su viejo y que eso le ha pausado un poco la existencia. Es una manera tan personal de canalizar emociones que, por ahora, no encuentra una forma que le satisfaga para publicarlo. A veces lee los poemas en ciclos de poesía oral pero reflexiona: —Sin mi cuerpo me parece raro que exista. Como que estoy repensando eso. Si armo una especie de obra medio biográfica o si hago algo audiovisual, un número de varieté de 20 minutos de lectura pero que haya algo más. Aún no lo sé. Para mí es importante que la imagen acompañe y unifique el concepto.


—¿Qué es lo que destacas a la hora de que une artista se pare en el escenario?


—Creo que la música o el arte es un puente para acceder a cosas, algunas más radicales que otras. Me parece que está en movimiento y no es estático, funciona así. A mí la dinámica de cosas en el escenario me parece re importante: cómo se plantea le artista, si usa un vestuario o si no lo usa, si tiene bailarinxs o si no tiene bailarinxs, cómo están vestidxs, cómo es el ambiente, cuánta libertad. Hay un montón de gente que me gusta, me interpela, me conmueve e igual no estoy tan de acuerdo con todo. El arte tiene que ser algo fluido, si no, es ley. Si es ley es otra cosa. Tiene que generar preguntas. La idea es ir a un recital e irse con preguntas. O capaz hacer mejores canciones de las que escuché. “Ay que bueno, yo lo hubiese hecho así”. Bueno, que eso sea el pie para que hagas una canción. Yo hago cosas para que les demás hagan cosas. No tengo mucho para decir más que las preguntas que me voy haciendo. A mi me gusta la precisión, me gusta el impacto. Creo que si se te queda un estribillo en la mente hay algo ahí que ya te sonaba en tu cabeza, que le artista recuperó y lo plasma. Lo popular que me interpela mucho. Creo que las cosas deberían ser más accesibles.


—¿Cómo pensás que fue tu transición identitaria personal reflejada en tu trabajo artístico?


—Ahora, mirando para atrás, pienso que cuando nos pelamos dejamos de ser Ivanna y Diego. El otro día hablábamos con Javi esto. Me acuerdo que un día me desperté y dije “che soy un pibe trans, es esto”. Pero fue todo un proceso. Me acuerdo de charlas infinitas en giras con Susy Shock y Marlene Wayar. Prejuicios de todos lados. Cuando arrancamos y empezamos a ir a los festivales de diversidad con BIFE, llegábamos con Javi, que en ese momento éramos Ivana y Diego, y nos preguntaban “¿Ustedes qué son?” “No sé. Esto que ven. ¿Qué ven?” Jugar a eso. Con interlocutores válidos, ¿no? No sabíamos que existía lo no binarie en ese momento. Recién ahora nos llega esta data. Era algo como que a mí siempre me gustó vestirme así, y la gente asume que soy lesbiana. Pero no soy lesbiana. Soy pansexual y no binarie. En esa época decía “bueno, políticamente soy mujer y lesbiana, pero no me siento ni mujer ni lesbiana”. También eso, que el mundo deje de querer etiquetar. Lo importante es ir reacomodando el discurso y rever cómo te vas sintiendo mientras vas leyendo o aprendiendo más, cuando conocés gente que la vive así. Me pasa que me gusta maquillarme, soy medio marica, pero a la vez aparento torta. No sé lo que ven desde afuera, ya me da paja pensar en eso. Irlo transitando fue muy flashero. Cuando me paro en el escenario es todo a investigar. Mi cuerpo es así, tengo estas curvas, estas tetas. A veces las escondo, a veces las muestro. A veces quisiera que no estén. No sé, todo con fluidez, con intuición y con cuidado, un montón de cuidado a une misme.


En BIFE, con el pasar del tiempo, Javi se empezó a poner vestido y pollera, y yo me ponía chaleco y pantalón. Fuimos más drag. Tiempo después se puso de moda lo drag. Desde el escenario siempre se están diciendo cosas con la ropa que elegís, con cómo te moves. Y, personalmente, el “varoncito” que me salía cuando me empecé a travestir, digamos, era un gede. Era un pajero, era un desubicado mal. Y hay que deconstruirlo todo, también la masculinidad. Ahora estoy más en esa, me reúno con mis amigos varones cis o trans y hablamos este tema. ¿Qué masculinidad queremos habitar? ¿Por qué la ternura está tan asociada a la niñez?


Me gusta lo de las posibilidades infinitas de habitar el cuerpo y de actuar. Actué en una película donde el personaje es un pibe trans no binarie y ese no es el conflicto principal del personaje, sino que tiene otros conflictos. Se llama Nico, y es un pibe. Fin. Por otro lado en el videoclip de Los Besos soy una señora vestida de época.

Ahora, ¿quién soy yo? Ni idea. Vamos viendo. Por ejemplo, el otro día fui a cantar tango a un evento, me sentía muy mal y no me quería ni maquillar. Estaba tode llene de glitter porque había estado en la marcha del orgullo. Fui con un jogging, una remera y una camisa y canté. Me sentí re bien. Voy probando. Me sentí cómode por primera vez en esa situación: ir así, cantar muy relajadamente, que me hablaran en masculino, que digan Ivo Colonna. Re lindo también ir a esos espacios, sobre todo en espacios de tango. Hay algo de que un cuerpo como éste en un escenario que genera muchas preguntas. Para mí es re necesario. Canto tangos que no son misóginos y me gustaría poder decir yo soy un pibe con tetas. Pero no tengo tanta libertad todavía. Recién ahora estoy investigando. Sobre todo en el entorno del tango que son todos señores. Poner el cuerpo, la voz, interpela de una manera que hace que les demás se hagan preguntas, incluso las personas que ya se consideran disidentes. También hay veces que me agarra mucha disforia. El otro día para ir a la marcha del orgullo me puse una peluca, me maquillé y después cuando llegué a la plaza me saqué la peluca porque tenía calor y me quería sacar la cara. Digo, no es tan fácil. Y no sé si se soluciona con una operación. Las posibilidades son infinitas. Por eso me gusta tener entrenado el cuerpo, trato de hacer entrenamiento actoral, danza, yoga, meditación.


En este sentido y en relación con BIFE, ¿cómo fue el desarrollo como banda sosteniéndola entre Javi y vos?


—BIFE arrancó en el 2013 cuando nos conocimos con Javi. En marzo del 2014 sacamos el primer disco. Ese primer disco nos llevó hasta Colombia. Fue muy impresionante todo lo que sucedió. El segundo disco también tiene 24 canciones, alrededor de 10 videoclips. Laburamos con un montón de gente pero somos dos, las decisiones las tomamos en conjunto.


Es una banda que tiene mucha letra todo el tiempo. Yo lo vivo/viví más como “bajar data”. Como una información, no tanto una música. Al principio me costaba mucho compartir fechas con Pimentón y Bife. Después no. Se convirtió en un trabajo. Me costaba bancar ahí, mirar a la cara a las personas una hora diciendo cosas. Que no sea “relajate”, que era más la onda de Pimen, más música/droga. Esto era como “che, es re importante esta información”. Siempre muy consciente y muy responsable. Por ahí lo que los primeros años funcionaba como una dinámica muy simbiótica, porque estábamos todo el tiempo juntes con Javi, se fue modificando mucho con nuestros cambios físicos también, con nuestros cambios de vínculo. Somos otras personas porque nos atravesó un montón el feminismo.


Entonces es como que está todo todavía muy ahí, no sé como describirlo, pero me atravesó completamente. No era un hobbie como sí era Pimen. Está bueno también sentirlo como un trabajo, porque hay algo ahí de lo profesional. Aprender a trabajar. Yo me convertí en manager. Todo lo que sabía de producción de radio, producción de eventos, mucho de redes; conocimos otras bandas, viajamos a otras provincias, conocimos un montón.



Con el tiempo se volvió terrible. Levantarse todos los días con una asesinada. Cuando prendés ese radar es todo muy terrible. Fue muy duro para mi. Por ejemplo, cuando ya estábamos con el segundo disco de BIFE, era imposible no hacer canciones con lo que pasaba. Porque nos chocaba directamente. El asesinato de Diana Sacayán el año pasado y todo lo sucedido en tribunales, muy conmovedor. Cuando hicimos la canción Furiosa nos escribió la mamá de Daiana García. Hubo cosas que se volvieron muy reales de repente.


Con el primer disco fue más “¿qué pensamos del amor? ¿cómo nos vamos a vincular? Mi amiga me histeriquea, pero no es torta. No sé qué hacer”. Al principio era jugando con nuestra experiencia directa y cotidiana. Ese disco fue muy bien recibido desde la comunidad LGBTIQ+, desde los feminismos, desde las aborteras. Viajamos un montón. Fuimos a muchas ciudades y nos enteramos de las problemáticas particulares. Es re distinto vivir en Capital que vivir en el interior. En Salta nos pasó que venga una mamá llorando a decirnos “mi hija es bisexual”. De repente así, mil historias. O que nos digan “ay, gracias a sus canciones superé tal cosa” o “abrí mi relación”. Esas son las historias lindas. Hay otras que son terribles. “Hacía 10 años que estaba en pareja y no me convenía”, en relación con la canción “Me convenís”, del primer disco. Un montón de preguntas que nos hacíamos que se comunicaron; un montón de gente que nos decía “al fin algo con lo que concuerdo”. BIFE impactó así, en lo cotidiano. “Voy a la facu o al laburo escuchandoles”. Se popularizaron esas ideas y casualmente estábamos ahí. Nos interpeló completamente.


También existieron letras que hubo que cambiarlas, no éramos conscientes de tantas cosas al principio. No decíamos patriarcado en el 2013, no decíamos transfeminismo. Actualmente hay muchas cosas sobre las que en BIFE tenemos opiniones encontradas. Y tal vez por ello BIFE no habla sobre ciertos temas. Javi hablará e Ivi hablará. Se fue separando también eso, porque en un momento éramos seres queer o esas dos personas peladas que estaban ahí y ahora Javi está investigando una cosa y yo otra, y cada une con su camino, y es distinto. La masculinidad, la feminidad. ¿Qué es qué y hasta dónde?


Ahora me pasa que yo siento que necesito parar o que BIFE necesita parar un poco. Estamos tratando de cerrar esta primera etapa. Ahora Javi quedó en el Fondo Nacional de las Artes para una beca de creación, así que vamos a sacar el libro de BIFE en el 2020, que va a contener las letras, las notas y también alguna reflexión filosófica. Luego, terminar el libro, y tal vez sacar un disco de greatest hits o un disco en vivo. Ver qué nos pasa con el mundo, porque como que nos llevó la corriente, yo siento que nunca reflexioné. Fuimos fluyendo en un torbellino. Y yo ahora estoy recuperando mi individualidad de a poco y mi deseo creativo—.


—Contanos un poco cómo es o fue tu costado más de actor.


—Actué en varios videoclips y en películas. Pero siempre mis experiencias de actuación fueron muy parecidas a un documental. Estuve en una película en el 2017 que se llama Los decentes, de Lukas Rinner; ahí actúo de Paola. Estoy desnude casi todo el tiempo. Trabajo mucho sin ropa. También el año pasado actué en Las Hijas del Fuego, de Albertina Carri. Había un guión, había tres frases que tuve que decir tal cual estaban escritas, pero en lo sexual era bastante más intuitivo, con una marca o algo. Todo fue muy como queríamos que fuera. Esas experiencias fueron increíbles. Fueron muy amorosas, muy empáticas. Unas fueron más cómodas que otras. En Los decentes tenemos escenas de sexo pero fue un poco más incómodo. Estaba Javi (risas). Fue muy divertido también. Pintados de animales, yo era como una serpiente. El mío era un personaje que usaba armas. Es muy absurda la película. Trata sobre una gente que vive en club swinger y al lado hay un country. Les del country quieren que cierren el club swinger porque eran todes unes degenerades. En un punto también era divertido porque era parecido a cosas que yo pienso. Aunque mi personaje mataba aves, y yo no mataría aves (risas). Era divertido. En realidad fue la excusa para que después haya armas en otro momento del guión.


Me ha atravesado el tema del nudismo. Estar desnudes una semana en un camping estuvo re bueno. Las marcas de la ropa son muy impresionantes en las dinámicas de los cuerpos. La ropa. ¿Cómo puede ser tan definitorio un pedazo de tela? Una pollera, un pantalón, una corbata o una remera rota. De repente estar una semana en bolas con diferentes cuerpos, no hay tensión sexual, es re loco. Toda la tensión que se le pone a la desnudez, todos los relatos. Hay toda una búsqueda en el poliamor, en los placeres. Pensarlo desde otro lado, no sólo coito. Todo eso a investigar con mi manada, con mi politribu. No es mía, no es de nadie (risas). Pero reflexionar ¿qué pasa si no hay levante? Si no es que alguien seduce a alguien y le convence. ¿Qué pasa si estamos cómodes en una situación y se da? ¿Alguien gana? ¿Alguien pierde? Son un montón de preguntas nuevas. ¿Si no hay morbo, hay placer? ¿Es todo mental? ¿Es todo físico? Si cierro los ojos, ¿qué pasa? Un montón de cosas que tienen que ver con llegar a un punto con el cuerpo de poder investigar, con todo el pudor, la vergüenza, con toda la mierda que nos meten. Y también une misme en la cabeza que hay que desprogramar. Yo amo que la gente joven sea tan libre. No saben lo que fue nacer antes (risas). Ahora las generaciones vienen a hablarte de comunicación asertiva, de desdramatizar. Y es tipo: no puedo (risas). Es muy zarpado pensar otro mundo. A mí me conmueve mucho. Por suerte encontré un grupo de amigues que nos aventuramos juntes en esto que es re lindo.


Podés seguir a Ivo en Facebook y en Instagram, y también a sus bandas Bife y Alto Bondi Tango.