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Dejando de lado el tabú: #MenstruAcción

Por Tais Chiurazzi -


A partir de la pubertad, las personas con útero sufrimos cambios tanto en el cuerpo como en nuestra forma de vida, ya que comenzamos a menstruar, a tener la regla, o como se decía antes, estar con “Andrés”. Nombre de varón para algo que solo le pasa a las personas con útero. Otra paradoja del patriarcado.


Una vez al mes menstruamos, pero, ¿de qué consta este proceso? Además de dolores en nuestro útero, malestar, dolor de cabeza, coágulos, entre otras cosas, significa comenzar a usar toallitas, tampones o copa menstrual. Muches de nosotres comenzamos a menstruar entre los doce y los quince años, pero puede haber casos más prematuros que otros. Esto implica comenzar a elegir un método “higiénico” para pasar estos días, que pueden ser de uno a siete días corridos. “Ojo: que no se note la toallita.” “Que no se vea el hilo.” “¿Me manché? Fijate”. Algo totalmente natural, pero muy tabú. La sangre prohibida.




Pero, ¿qué es la menstruación?


La menstruación ocurre debido a cambios hormonales en el cuerpo. Los ovarios liberan estrógeno y progesterona. Estas hacen que el recubrimiento interno del útero aumente de tamaño. Va aumentando hasta estar preparado para que un óvulo fecundado pueda anidar en él y empezar a desarrollarse. Si no hay ningún óvulo fecundado, se rompe el recubrimiento y parte del endometrio sale por la vagina en forma de sangre. Este mismo proceso ocurre en ciclos de entre 21 y 35 días hasta aproximadamente los 45/50 años, cuando comienza la menopausia. Podemos comprender, entonces, que al menstruar también adquirimos la capacidad de gestar: cuando el óvulo es fecundado por el esperma, se genera el embrión; sino, sangramos.


Todo esto implica un gasto que las personas menstruantes tenemos que llevar a cabo por obligación, no es un gasto optativo. Los productos de higiene sanitaria tienen un costo muy elevado. Durante la totalidad del 2019, una persona menstruante en Argentina gastará $1924 en toallitas o $2136 en tampones, cantidad equivalente a entre 55 y 61 sachets de leche. Entonces, es necesario pensar la menstruación como un factor de desigualdad entre las mujeres y los varones. Veamos un par de datos:

  • 58.3% de los hogares tienen por lo menos a una mujer en edad reproductiva.

  • 30.1% es la brecha salarial promedio entre varones y mujeres, es decir que ganamos menos y tenemos gastos de los que no podemos escapar.

  • No acceder a agua potable, sanitarios limpios y productos de gestión menstruales adecuados hace que se utilicen materiales inapropiados para el sangrado o no se cambien con la frecuencia correcta. En estos casos, las infecciones genitales aumentan en un 70%, lo que puede llevar a la infertilidad.


Este factor de desigualdad comenzó a ser visualizado a través del movimiento Economía Femini(s)ta como bandera de la campaña llamada #MenstruAcción. Este movimiento nació en abril del 2015 para mostrar la desigualdad de género a través de la difusión de datos, estadísticas, contenidos académicos y producción original orientados a todo público. Les chiques se constituyeron como asociación civil en 2018, y brindan constantemente información a través de un página web donde realizan notas y visibilizan el pedido de igualdad.


El movimiento #MenstruAcción busca entender la menstruación y los costos que implica como un factor de desigualdad económica. Las personas con útero menstrúan mensualmente, entonces, ¿por qué no se considera esto una problemática de salud pública? Durante estos cuatro años, se logró incorporar toallitas y tampones dentro de la lista de Precios Cuidados, además de que han conseguido la presentación de 12 proyectos de ley a través de toda la nación. Los pilares principales de esta campaña son:

  • Eliminación del IVA sobre los productos de gestión menstrual, ya que al ser productos producidos por entidades privadas, se suma al precio un impuesto del 21%.

  • Provisión gratuita de productos de gestión menstrual en escuelas, universidades, comedores, cárceles, espacios comunitarios y refugios para personas en situación de calle.

  • Investigación y acceso a la información para promover políticas públicas que tomen dimensión de los aspectos educativos, de salud, económicos y ambientales derivados del uso de los productos de gestión menstrual.


En el caso del IVA, la reducción del impuesto puede ser un gran paso adelante. En los diferentes países del mundo, los productos de higiene menstrual son objetivo de políticas públicas que garantizan la quita o reducción de precio: Canadá está exento y Reino Unido sólo tiene un 5% agregado. Estos solo son ejemplos del gran cambio que se está haciendo a nivel mundial para tomar conciencia de la problemática. Mientras tanto, en África, alrededor del 20% de las mujeres en nivel escolar no puede ir a la escuela durante su período, porque no hay las condiciones de higiene necesarias ni lugar para tirar los desechos de la forma correspondiente.


La menstruación presenta necesidades como agua potable, lugar para eliminar los desechos, elementos de gestión menstrual y sobre todo información. Necesitamos dejar de ver a la menstruación como algo oculto; que se comience a hablar sobre esto en las escuelas; instruir; que deje de ser estar ausente en las aulas, en los trabajos; y contar cuáles son sus consecuencias, tanto físicas como ambientales. En Argentina, el desecho de toallitas y tampones genera 132 mil toneladas de basura no reciclable al año. El 60% de la composición de estos productos es pasta fluff, obtenida a partir del monocultivo de una especie de pino, para lo cual se desmonta la selva nativa, y que repercute en el medio ambiente de nuestro país.


Mientras tanto, el movimiento pide donaciones de elementos de higiene para ayudar a las personas menstruantes en situación de calle que no pueden acceder a dichos elementos. Esto lo pueden hacer de forma presencial (las pueden encontrar en las marchas) o a través de su sitio web.

@2019 REVISTA MANTIS

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