• REVISTA MANTIS

Cuarentena de película II

Retrato de una mujer en llamas de Céline Sciamma


Texto e ilustración por diamantEdulce -


Después de ver la película Retrato de una mujer en llamas, me enfoqué en mis sentimientos. Me impresionó, esa es la sensación, y ahí entendí que de eso se trata esta película para mí.


Una impresión parece ser el retrato de la persona viva fijada en una imagen, pero va más allá, labra el recuerdo, y como dice Galeano en El libro de los abrazos: “Recordar, de latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”. La película, por un lado, muestra a Marianne, una viajera y pintora en acción -lo que ya es trascendental- y hace una importante distinción entre el recuerdo mecánico de la memoria autómata (lo aprendido por lineamientos establecidos, institucionalizados por hombres en su práctica artística). Por otro lado, expone el recuerdo que se fija como resultado del rastro dejado por profundos sentimientos. Esto divide a la película en dos momentos.

La primera parte se puede definir como un clóset, un juego de engaños y ocultamientos para concretar un objetivo. La artista se configura como un pintor en su labor, dispuesto a entregar un trabajo profesional y cobrar por su paga, como está establecido por la institución artística. Pero esta artista no es un hombre y eso ya cambia radicalmente la historia. Tal vez esta sea la intención primaria de la directora.

La segunda parte acontece en cuanto se sale de este clóset. La artista se reconoce: “soy pintora”. Al hacerlo a la luz de la verdad, afronta el desafío de actuar en la historia. Así el objetivo se concreta consecuentemente a raíz de la verdad desenvuelta.


Por otra parte, en la película se utiliza un lenguaje primigenio para encuadrar a estas mujeres creando: “¿Todos los amantes sienten que están inventando algo?”. La presencia sonora del mar, el fuego, el viento y la hierba será ese lenguaje que acompañará a la manifestación de estas mujeres.


La música aparece ante la pregunta inocente de quien es aislada de la esfera social, enseñando la crianza en el claustro de un género para prepararla como dádiva pura al otro género en el binomio que constituye desde siempre la conciencia política-social-religiosa. Heloise, coprotagonista, le pregunta a Marianne qué es la música. Marianne tiene la respuesta porque fue criada en el ámbito artístico y es en ese ámbito donde la libertad de expresión y experiencia siempre fue acogida con cuidado y respeto en mayor o menor medida. En el arte la libertad existe y es un aspecto fundamental del mismo. En la isla, rodeadas de mar y vegetación, al abrigo de un gran castillo, ellas gestan en su intimidad una alternativa a la historia. Producen arte en cada uno de sus movimientos, ya sea en la habilidad profesional de la pintura, como en la dedicación de la cocina, el bordado y la medicina autogestiva con ayuda de hierbas medicinales.


Marianne, por ser hija de un artista, tiene la posibilidad de escoger su profesión. Esto la diferencia de Heloise. Aun existiendo entre ellas la igualdad de género, esta diferencia es sustancial. Marianne no está destinada a casarse, continúa los trabajos de su padre, aunque gran parte en la clandestinidad por una simple razón que ella misma expresa claramente en la película. La música aparece en manos de su ejecutante, generando una impresión. No es una grabación, es una pieza ejecutada. No es alegre, pero tiene vida. Más tarde, Heloise hará otra pregunta inocente y primigenia a Marianne. Le preguntará “¿qué es el amor?”, y también será impreso con la misma cautela. No será un relato, será un acto vivo. La mitología griega es la primera huella en la humanidad y así aparecerá la literatura en el relato cinematográfico. Se reflexionará acerca del mito de Orfeo y Eurídice. Ante la oportunidad de que solo se le puede otorgar a los dioses, la de revertir la muerte, Orfeo elige la suerte del poeta a la del amante. Elige recordar a tener. Elige, tal vez, la impresión de la memoria.


Además, la medicina será abordada desde la autogestión. Para los dolores menstruales, se preparan almohadillas calientes. Para el embarazo no deseado, hierbas sin flores y mucho ejercicio para estimular el desprendimiento. Si esto no funciona, se recurre a la reunión de curanderas. Retrato de una mujer en llamas muestra una especie de aquelarre donde mujeres cantan alrededor del fuego, bailan e intercambian fuertes hierbas, entre ellas, las que te permiten “volar”. Ahí se encuentra a la anciana que colabora con la decisión de abortar, y la escena es memorable. Una impresión tan profunda que incluso, en la misma película, Marianne y Heloise quieren retratar. Es tan tangible la conciencia de la directora respecto a le espectadore, no como una especulación, sino por la certeza de que una mujer refleja a todas. Esta certeza no niega la diversidad que encarna cada una en su propia vida, sino demuestra cómo afecta directamente, y de igual modo, la hegemonía de una conciencia impuesta.


En una entrevista que le hicieron a Céline Sciamma, directora y escritora de la película, revela justamente que no se trata de la historia de una mujer en particular, sino que se trata de encuadrar a la mujer artista en la historia. “Una mujer, todas las mujeres”, afirma Céline. Asimismo, cuenta que, al aceptar participar de esta película, las actrices también aceptaron no verse hasta el momento de filmar el primer encuentro de ellas como Heloise y Marianne. Lo que vemos en el primer cruce de miradas, es un verdadero primer encuentro. Hay un misterio ahí que la directora parece querer cuidar, retratar sin intervenir, la naturaleza salvaje de la impresión primera, lo anterior a la razón, al entendimiento. Tal vez es el silencio que antecede a la palabra justamente lo que de ellas habla.


Podés ver el film acá, y acá podés ver una entrevista (en inglés) con les realizadores.

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