• REVISTA MANTIS

Contar desde une misme. Entrevista a Marilina Giménez

Por Lucía Lago -


Marilina Giménez es realizadora audiovisual y ex-bajista de la banda YiLet, y en 2018 estrenó su documental Una banda de chicas, sobre las historias de diferentes bandas de mujeres, lesbianas y trans en la escena musical porteña. La película pasó por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, por el Festival Internacional de Cine de Rotterdam y por la plataforma CINE.AR PLAY, entre otros. Tuvimos la oportunidad de charlar con ella y que nos cuente sobre su recorrido artístico.

Fotografía por Florencia Vogliano -

Comenzaste a filmar este documental hace mucho tiempo. ¿Hubo un momento concreto de decir “yo quiero producir esto” o fue algo que se fue dando sobre la marcha?


Primero vino la idea, que empezó cuando estaba tocando en YiLet allá por el 2010. Como ya conté varias veces, nosotras queríamos tocar en muchos lados y no conseguíamos fechas, y las fechas que conseguíamos nos agrupaban con otras chicas. Ahí me di cuenta de que no éramos las únicas. ¿Qué pasa que no estamos en la tele, en la radio, en los canales de música? Porque digo “bueno, a ver, ¿qué hay?” y no había nada. Ni en Youtube, ni en la radio, ni en ningún lado. No existíamos. Entonces, al ver esa movida de que había tantas otras chicas, surge la idea de querer registrar esa escena, a raíz de que me sorprendo.


Hace un rato me hicieron otra entrevista en la que justo me preguntaron eso, si yo tenía claro el hecho de querer hacer una película. Y en realidad me hizo acordar a que no, a que yo al comienzo lo pensaba como una especie de serie, por ahí, para televisión, como que no tenía muy claro el formato en sí. Pero desde ese 2010 hasta el 2015 me la pasé grabando bandas, y haciendo un material que después terminó siendo el archivo propio.


En 2015 participé de una clínica documental, que en ese momento la hacía Ignacio Masllorens y Tomás Dotta, y dentro del marco de esa clínica, con otres realizadores, terminé de darle forma al proyecto y entender que era una película y que no iba a ser una serie u otra cosa. Y ahí empezó todo el proceso interno. Digamos, previo a eso (hubo) un proceso interno; parte de la separación de YiLet tiene que ver con que yo quería dirigir, hacer algo audiovisual. Yo había hecho la carrera con Marina (La Grasta) de Diseño de Imagen y Sonido, y creo que ambas estuvimos siempre como fluctuando entre realizaciones y música. Voy a hablar por mí: desde chica hice el conservatorio, después dejé el conservatorio y empecé a hacer imagen y sonido, la hice porque pensaba que iba a hacer música electrónica. La carrera está muy relacionada con el cine, con la narrativa audiovisual, no tanto con la música. Igual hice música electrónica, hice bandas sonoras para distintos cortos, tanto míos como de otres. Y bueno, fue un proceso. Yo salí de la carrera y jamás pensé que iba a dirigir una película, por ejemplo. Pensaba que el objetivo de la carrera era otra cosa. En ese momento formaba parte, también con Marina, de un colectivo artístico que se llamó Ruda Macho, y hacíamos a modo de instalaciones unas fiestas. Y para mí el resultado de la carrera era eso que hacíamos con ese colectivo, que me parecía muy interesante, y espero que en algún momento pueda hacer una película de eso también, pero no sé cuándo (risas).


Y bueno, voy a hacer énfasis en algo que sí es importante: que esta cosa de no verme como directora también tiene que ver con que en la carrera no se muestran muchas directoras mujeres. Digamos, ahora que me puse a investigar hay un montón de mujeres y lesbianas directoras en el mundo, pero cuando vos ves historia del cine o historia latinoamericana del cine casi no ves directoras mujeres. Entonces, es muy difícil que vos pienses que lo podés hacer. Y después entrás al mundo laboral, como entré yo, que empecé a trabajar a fines del 2003. Estaba terminando la carrera y empecé a trabajar como sonidista de televisión, y es lo que hago, por lo menos hasta el año pasado, para ganar plata (risas). Bueno, me crucé con muy pocas directoras de televisión. Casi diría, no que no hay, sino que no entramos en esos lugares. Es lo que cuenta la película: no es solamente para la música el tema de la desigualdad de género. Es absolutamente en todos lados, en casi todas las actividades. Y sobre todo en un rol tan importante como es la dirección, que es un rol de mucho poder, sobre todo en la tele. En el cine también, pero el cine tiene esta posibilidad de hacer cosas más independientes, hechas a pulmón, donde vos podés poner más las reglas del juego, donde sea todo más horizontal. En cambio, la televisión, el cine comercial y la publicidad tienen una estructura súper jerárquica, y hay que hacer caso a muchas cosas con las que probablemente estás en desacuerdo. Por lo menos cuando yo entré me parecía todo muy horrible.

Ibiza Pareo -

Me parece que cuando une ve la composición del alumnado de las carreras universitarias de cine, hay muchas mujeres y disidencias, que es algo que no se refleja tanto en la industria en sí. ¿Dónde están aquelles estudiantes?


Yo creo que salimos sin la fuerza de decir “yo quiero hacer una película, yo puedo”. Porque, la verdad, es un compromiso muy grande. Por lo menos lo que aprendí en este tiempo es que le primere que tiene que creer es une es une misme. Tenés que entender, te tenés que tomar en serio lo que estás haciendo. No es una boludez. Y se va a llevar un montón de tiempo de tu vida eso. Por ahí no tenemos ese saber. Digo, todo el contexto social hace que no creamos en nosotras, en nosotres. Entonces, no me resulta extraño que después por ahí no nos animemos a presentarnos en concursos, o no nos informemos a ver cómo es eso, o hacer esa investigación. A veces no se nos ocurre porque no está toda la data dando vueltas. Te tenés que poner a laburar un montón para llegar a ciertos objetivos. Incluso eso: investigar cómo es. Si quiero hacer una película, ¿cómo es? ¿Qué tengo que presentar? ¿Adónde me tengo que presentar? Todas esas cosas, en el momento que yo cursé en Imagen y Sonido, no estaban tan claras, pero porque la carrera tampoco está formando directores, directoras, directeres, no sé cómo decirlo para el inclusivo (risas).


Hay un montón de estudios en relación a por qué, si somos mayoría, después en los resultados hay minoría. Y está esta cosa de a qué puestos (accedemos) en relación a nuestro género, ¿no? A qué puestos accedemos y a cuáles es muy difícil. Como les directores de fotografía: en publicidad, es el puesto más caro, y casi no hay mujeres o lesbianas; trans creo que no debe haber ninguna directora de fotografía en Argentina. No creo. Y es un puesto súper exigente para publicidad, porque en publicidad es todo imagen. Es el puesto que gana más que el director, más que el productor. Que no está en una escala salarial de cuánto va a ganar; es increíble eso.


Quizás sonido también.


Claro, sonido… Todos los roles técnicos son complejos para nosotras y nosotres, porque para los varones gays también es complejo sonido, o asistentes de cámara, o cámara; todas esas cosas son lugares complejos. Pero de a poco, de alguna manera, nos fuimos metiendo.


Respecto a tu documental, ¿con qué dificultades te encontraste a la hora de producirlo? Ya de por sí producir cine en Argentina es complicado, más siendo una mujer o una disidencia.


Creo que ya de por sí no nos hubiese llevado todo el tiempo que llevó. Esos primeros años desde la idea hasta 2015, yo estaba sola, pensando que quería hacer esto pero no entendía bien cómo. Estaba grabando este “archivo”, que en ese momento no sabía siquiera que iba a ser el archivo, todo ese material previo desde 2010 hasta el 2015. Y bueno, después en 2015 hice este taller y empecé a entender… En el taller sí nos daban como un marco de “bueno, si querés hacer una película así fijate este tipo de cosas y si querés hacer una película asá fijate este tipo de cosas”.


A fines de ese año la conocí a Florencia Jaworowski, en un rodaje de un corto que fuimos a hacer a Villa Gesell. Florencia estaba como productora, y le había mostrado algo de lo que tenía en ese momento y me dijo “sí, te ayudo en lo que necesites”, y le dije “producción”. Entonces, ahí armamos nuestro equipo donde ella es la productora ejecutiva, y empezamos tratar de ver de dónde conseguir financiación. Ahí aplicamos, a mediados de 2016, la carpeta al INCAA. Después, en esos mismos meses, aplicamos también a Mecenazgo. Fue un proceso medio autodidacta, de mucho ensayo y prueba, de ver por dónde íbamos. Por suerte a fines de 2016 nos dijeron que sí, que estaba aprobada la carpeta en el INCAA; más adelante nos enteramos de que también nos había salido Mecenazgo, y con esas platas fuimos empezando a hacer una especie de rueda para que nos alcance. En realidad, la plata nunca alcanza, porque con la inflación, y hasta que te la dan… El INCAA te va dando plata como en cuotas. Hasta que te dan esas cuotas vos tenés que estar tapando muchos agujeros, un montón de cuestiones, que fue todo hecho muy a pulmón. De hecho, seguimos sin cobrar la última cuota. La película ya hace un año que se estrenó en Mar del Plata y seguimos a la espera de ver cuándo nos van a pagar una plata que ya está toda devaluada y que tuvimos que poner nosotras para terminar la película. Así que la producción en sí es un poco eso, prueba y error, preguntarle también a compañeras que ya habían hecho cosas. Como yo trabajaba en tele y cine, muchas veces preguntamos cosas a muchas personas distintas, para ver cómo había sido la experiencia, porque no podíamos creer, por ejemplo, los retrasos en los pagos del INCAA. Y de a poco te vas acostumbrando y viendo cómo lo vas resolviendo. Pero sí, de por sí no alcanza la plata, pero porque también teníamos exigencias muy altas. Yo quería hacer un montón de cosas que las quería hacer sí o sí. Por ahí si hacíamos una película más chiquita, bueno, ahí sí te alcanza la plata, no sé. Yo tenía claro que, con este tema que estaba tocando, de la visibilización de nosotras, quería llegar a mucha gente. No quería que la película quedara guardada, que la pasen una semana en CINE.AR o una semana en el Gaumont y ya está, y te olvidás. No quería hacer la película para eso. Creo que ni siquiera la quería hacer para mí; o sea, en un punto se transformó en una cosa que la tenía que hacer, no sé cómo explicarlo.

Kobra Kei -

¿Cuáles fueron las situaciones más desafiantes que tuvieron que enfrentar para la realización de la película?


Bueno, uno de los desafíos fue tratar de ver cómo hacíamos para filmar sin tener la plata; ir calculando no dejar a nuestro equipo sin pagar, que no se estiraran mucho esos momentos, sabiendo que teníamos que seguir filmando. Después, otro desafío fue producir la jornada de Suecia. En principio yo iba a viajar, y al final no pude porque justamente no nos daban los números, porque no salía la plata en el momento que tenía que ser. Yo había escrito en el guión que filmábamos la gira de las Kumbia (Queers) embarazadas, o sea, de ahí a que se aprobó el guión, de que nos dieron la plata, ya tenían a Elenita, y agarramos la primer gira con Elenita (risas). Y bueno, era un lío calcular, porque justo hicieron una fecha en Suecia y yo estaba obsesionada con que tenía que ser Suecia. Y justo la fecha que tenían en Suecia, en Estocolmo, era medio en las afueras, y hubo todo un diseño que tuvimos que hacer para que se pudiera grabar eso que había que grabar. O sea, yo tengo una amiga que hizo Diseño de Imagen y Sonido conmigo, y que perteneció al colectivo este artístico del que hablé hace un rato, que está viviendo allá, y quería que grabara ella. Pero bueno, moverse en Suecia no es tan fácil. (Hubo que) coordinar que se encontraran, porque las Kumbia estaban viniendo de otro lugar, a un montón de kilómetros; hacer que pudieran encontrarse, llegar al lugar, que era un lugar tomado, y no hay lugares tomados en Suecia, es como la contra total de todo. No nos dejaban filmar, porque justamente son como la contracultura. Hasta último momento no nos daban el okay para filmar. Bueno, eso fue también otro desafío. Y así hubo miles. El día que grabamos el 8A, eso fue la jornada más difícil de mi vida. De mi vida, no del rodaje este, sino que de todos los rodajes que hice en mi vida. Ese y una cosa que hice en Catamarca, que era como con un viento, no sé ni cómo se llama, un fenómeno que pasa con la arena en las dunas, tuve que grabar en una tormenta de arena. Y el diluvio que tuvimos el 8A acá, el frío que hacía, el contexto de toda esa emoción que había y lo difícil que era poder hacer un plano ahí en esos contextos, no sé, fue muy terrible. Eso también fue un desafío, y hermoso al mismo tiempo.


¿Cómo fue tu experiencia con la plataforma CINE.AR PLAY?


La experiencia estuvo buenísima. En un principio, al comienzo de la pandemia, no sabíamos muy bien qué hacer. Marzo justo era el momento en que se venían las proyecciones en un montón de partes del país. Habíamos estrenado en noviembre en el MALBA, estuvimos cuatro meses ahí, con alguna que otra proyección por el país en las salas INCAA, pero se venía el fuerte en marzo. Teníamos un montón de cosas agendadas. De hecho, justo antes de que pasara lo de la pandemia yo viajé a Rosario, hubo una proyección en Plataforma Lavardén, hubo tocata de chicas, estuvo tocando Evelina Sanzo.


Bueno, y vino la pandemia, y fue todo una depresión de “¿qué está pasando?”. Lo que un poco, me parece, nos pasó a todes: no entender muy bien. Y la película está hecha con el objetivo muy claro de que la veas en una pantalla grande con sonido fuerte, no es para verla en la computadora ni en la tele. Siempre tuvimos muy claro eso con Florencia: que si bien la plata no alcanza, tiene que haber plata para la postproducción del sonido de la película, el color de la película, que lo hizo Ada (Frontini), una genia también, la colorista. Muchas cosas que son como de película de ficción. Básicamente porque al documental no le dan la plata suficiente para poder cerrar con una calidad que esté buenísima. Y como yo quería que ellas se vieran bien y se escucharan bien, ya estaba del comienzo la idea de que tenía que escucharse bien y verse bien. Eso sumado a que para mí es importante la experiencia grupal de ver esta película para después poder charlar de ella, que haya un debate, ver qué te pasa viéndola con otras personas. Para mí fue un palo terrible el comienzo de la pandemia, y fue tratar de entender que parece que no vamos a volver a los cines. Yo creía que íbamos a volver.


Entonces en un momento, cuando se empezó a estirar, empezamos a pensar: “bueno, estemos en CINE.AR entonces, porque no va a haber otra”. Y ahí se empezó a trabajar para que salga en CINE.AR, y finalmente tuvimos el estreno y ocho semanas que creo que estuvieron buenísimas.


Así que me parece que está buenísimo, que la gente se copa y cuando la ven te etiquetan, y empezás a sentir un poco el feedback, que en la sala es más concreto. Acá es como esperar a que alguien comente algo. Por eso nosotras poníamos mucho “póngannos qué les pareció”. Nos parecía divertido que la experiencia trascienda un poco solamente el verla y te olvidás.


¿Qué redes y organizaciones encontraste que te acompañaron en el proyecto?


Ay, qué pregunta. Jazmín Risé, que pertenecía a Ni Una Menos, se sumó en un momento al proyecto como asistente de producción, y bueno, ella hacía ciertas vinculaciones con distintas mujeres y personas, pero no podría decir concretamente nombres, porque no fue así tampoco. Fue para determinadas cosas que íbamos necesitando. No sé, cuando fue el tema de que quedamos en Mar del Plata, que eso fue como una sorpresa, tratamos de conseguir prensa,ya que en ese momento no la teníamos. Una película tiene que tener prensa en el momento del estreno en el país. Nuestra película se estrenó en Mar del Plata, en un festival, y después tuvo un recorrido de un año hasta que se estrenó en el país real, (que) fue el 7 de noviembre de 2019. Entonces todo ese momento previo Jazmín estuvo laburando mucho. Todas, ¿no? Pero Jazmín, sabiendo y conociendo varias personas, (veía) cómo podíamos hacer para contactarnos con parte de la prensa, para que se vayan enterando de las cosas que iban pasando. Porque en realidad, sino, es difícil que te levanten los medios, las noticias. Salvo cuando quedamos en Róterdam; ahí sí, porque es un festival conocido. Después fueron pasando varias cosas más, y parte de estas redes que fuimos construyendo nos fueron apoyando, pero no fueron nombres concretos de organizaciones. Sí a nivel musical seguimos tratando de involucrar a más bandas, y las mismas bandas también hicieron que se genere nuestra propia red, las de la peli y bandas que apoyaron de afuera. Y también otras personas, que no tienen nada que ver con organizaciones, también apoyaron y ayudaron a la película.

Sasha Sathya -

¿Qué repercusiones sentís que tuvo la película en el público?


No podría decir… Estrenamos en el festival de Mar del Plata y después quedó seleccionada en el festival de Róterdam, entonces el estreno internacional fue en Róterdam, que es un festival bastante importante. Parte del equipo viajó al festival; en la primera fecha de ese estreno tocó una banda de chicas. O sea, todo lo que yo quería, básicamente. Sucedieron un montón de cosas que no sé si las tenía tan claras, porque no sé si conocía el festival de Róterdam así como lo conozco ahora, pero sí sabía que era importante que la película tuviera un recorrido por festivales afuera, porque eso es lo que después te da cierta trascendencia acá. Medio lo mismo que le pasa a las bandas: no te dan bola hasta que alguien se va afuera y dicen algo afuera de vos, y ahí (está) la legitimación ridícula de que “si lo dicen de afuera”… Entonces viajamos, esas fechas estuvieron buenísimas. Yo después volví a viajar, la película quedó en un festival en Suecia y fui a Estocolmo y Malmö. Después fui a Núremberg, en Alemania, otro festival; después a Lisboa, que en Lisboa ganamos mejor documental. Así fue como la película pasó por un montón de festivales. Y sigue pasando, de hecho ahora vienen unas fechas en octubre. Por la pandemia se cambió todo el cronograma de cosas que iban a pasar durante el año y ahora se vienen todas juntas en octubre, en noviembre, en distintos países; más lo que siga pasando acá y por Latinoamérica.


Así que la repercusión fue increíble, hay un montón de anécdotas en relación a distintos públicos. Fue muy hermoso, también, el paso por el MALBA; cuando fui a Rosario, con las salas llenas; la expectativa que había con la película y todos estos mensajes que después nos mandan. Es muy movilizador entender que la película, de alguna manera, está cumpliendo su cometido desde el lugar en que lo puede cumplir. Como que sería mucho más sencillo si a la película la agarrara Netflix. Si Netflix hiciera eso la película va a cumplir su objetivo, porque ya me di cuenta de que gustamos a muchos públicos diferentes. El tema es esto de los canales, ¿no? Con los canales a los que nosotras podíamos acceder hicimos todo lo posible, y lo seguimos haciendo, pero también sigue habiendo una especie de techo. Un público masivo, como los canales que tiene armado Netflix, CINE.AR no le llega ni a los tobillos.


Para mí sería un logro eso, que de repente pusieran una banda de chicas en Netflix, si bien yo odio Netflix, no miro Netflix, no miro series, también odio las series y toda esa cosa de consumo. La obligación de consumo que te mete una serie es algo que rechazo un montón. Por más que estén re bien filmadas, o que los argumentos estén buenísimos, esa sensación de cuando terminás un capítulo querés otro, querés otro, querés otro, la detesto. Es como incentivarme a la drogadicción. O sea, yo quiero ver una película, quiero ver algo entero y que termine y quedarme pensando en una idea, no en que quiero ver el siguiente capítulo para entender qué va a pasar y después por ocho capítulos no pasa nada… Toda esa manipulación la detesto. Y creo que Netflix y las demás plataformas se encargaron de adoctrinar distintas audiencias, que ahora son todas dependientes de esas plataformas. Y después la plataforma empezó a cambiar los contenidos, y te meten basura y basura y basura, y la gente mira la basura en vez de estar mirando nuestras películas.


También es difícil que el cine argentino llegue a Netflix en general.


Sí, pero por ejemplo, esta película —que ya no quiero ni nombrarla porque a mí no me gustó—, es una peli que está en Netflix, y todo el mundo (está) hablando de “qué bien que toca los conflictos, la violencia de las mujeres”. Y yo digo, no sé, una película como la de Andrea Testa, que la pasaron por Encuentro también, Niña mamá, ¿por qué no tiene las mismas posibilidades? Por qué Una banda de chicas no tiene las mismas posibilidades para que después vengan a decirnos que una película… bueno, lo voy a decir, como Crímenes de familia, “ah sí, qué bien que habla”. ¿Qué me importa? No me gusta ni cómo está tratado ni esa ficción. Te da mucha bronca, porque hay un montón de películas que están hablando de ese tema, y la película que ahora representa ese tema es esa.


¿Cómo se armó el listado de las bandas que aparecen al final de la película?


Eso fue también parte de la investigación, siempre estuvo la idea. O sea, desde el comienzo yo quería filmar a todas las chicas de Latinoamérica, que eso no se pudo hacer; a todas las chicas de Argentina, tampoco se pudo hacer. Bueno, todas las chicas de Buenos Aires, tampoco, algunas (risas). Hubo muchos recortes narrativos. Pero también es entender que no se puede contar todo. Y que también, de alguna manera, une se puede ver representade, identificade con los problemas. Tratamos de contar distintas cosas que nos pasan para que todes nos sintamos identificades, más allá del nombre en particular de las bandas, ¿no?


Siempre estuvo esa idea latente, de que estuvieran todas. Y yo en varios momentos a la montajista le decía “metamos”, porque yo tenía un montón de material filmado, con un montón de otras bandas. “Metamos, metamos un clip donde aparecen todas”. Y ese clip no entraba en ningún lugar de la película, porque quedaba como descolgado, no sabía, no le encontrábamos la forma. Entonces, surgió esta idea al final de la película, en los créditos, nombrar a todas las que encontremos. Y ahí empezó la investigación, que la hicimos entre Florencia Jaworowski, Jazmín, Florencia Vogliano (que era mi pareja en ese momento y la asistente de dirección) y yo, y empezamos a investigar cuántas había e hicimos todo lo que pudimos para incluir a todas las que se podían. Obviamente no están todas, porque siempre después aparecen más y más y más, y de hecho una sorpresa fue que cuando fuimos a Mar del Plata nos cruzamos con Ningunas, que son dos chicas que fueron a tocar. Eran directoras de arte de la película La cama, o sea, estaban también con una película en Mar del Plata, y aprovecharon el contexto para hacerse una gira y tocar. Y yo cuando las vi dije: “Pero, ¿cómo no nos conocimos antes?” Entonces, ellas terminaron tocando como cierre del día que estrenamos, en nuestra casa, porque no pude producir que tocaran en un lugar real. Pero sí tocaron las Ibiza Pareo igual, a los días.


¿Cómo ves la escena hoy? ¿Sentís que hubo un después de la peli?


Cómo veo la escena hoy… Yo pienso que fueron cambiando un montón de cosas. O sea, obviamente todavía no cambió todo, pero cambiaron ya un montón de cosas. No sé, en ese 2010, 2011 o 2012, yo preguntaba por bandas de chicas y nadie me contestaba nada. Ahora me parece que eso está más presente. Eso cambió. También cambió esto de que hay más chicas haciendo sonido, hay más productoras; ahí en la película viste que hacemos hincapié en eso de que no hay productoras. No es que no hay, digamos, es lo mismo que nos pasa a todas: están, pero no acceden a los puestos laborales más pagos, por eso no están en los estudios grandes y toda esta historieta que por ahí se ve en la peli. Pero, de a poquito, me parece que eso fue cambiando, que también hay stage mujeres, lesbianas o trans. Nada, me parece que ciertas cosas cambiaron y que está buenísimo. Y que es un proceso lento, y que a medida que la gente se va concientizando y va haciendo acciones concretas como ver las bandas, escucharlas, seguirlas en el Instagram e investigar… Me parece que post-pandemia va a haber muchas ganas de ver cosas, cuando podamos salir. Digamos, ahora ya se pueden ver las cosas, o por lo menos escuchar en las computadoras, qué sé yo (risas).

Kobra Kei -

¿Vos te sentís más cómoda con el género documental? ¿Sentís que te interpela más que la ficción?


Sí, últimamente estuve terminando de definir un poco eso. Para mí, para realizar, siento que es más accesible el documental. El documental tiene una variable que es como el “documental creativo”, y que te da esta posibilidad de ser más experimental. Como yo vengo de Diseño de Imagen y Sonido, en donde la materia troncal que hice —que es diseño— era bastante experimental, para mí el lenguaje más parecido, si tengo que hacer cine, es ese. Digamos, no más parecido: el que más te permite “jugar”. Me encantaría, igual, poder ser narrativamente más clásica, por decirlo de alguna manera, o saber hacerlo. Hice cosas, hice unos cortos en el pasado, más narrativos y de ficción. Pero no es lo que me interesa ahora y no es lo que quiero seguir haciendo. Quiero seguir en esta cosa del documental. Siento que en realidad los documentales también son ficciones, ¿no? Lo que pasa es que tienen otro acercamiento con los personajes, otros presupuestos también (risas). Es para charlar eso, cuál sería la diferencia entre documental y ficción. Pero sí me siento más cercana a lo documental.


¿Tenés algún proyecto? ¿Qué tenés ganas de seguir filmando de ahora en adelante?


El año pasado empecé a desarrollar un nuevo documental que se llama Los chicos de enfrente, en donde yo inicio una búsqueda de nuevos protagonistas para la película, y estos nuevos protagonistas son chicos trans y no binaries. Entonces, hay una historia en relación a esta búsqueda y a los chicos en sí y estoy en desarrollo de esa película. La realidad es que, como la plantée, es una película que necesita plata, y necesito también que se acabe la pandemia, porque la plantée con varios personajes al mismo tiempo, y si no se termina la pandemia no sé cómo o cuándo voy a filmar (risas). Así que un poco estoy en espera con eso, pero bueno, desarrollándola como puedo, y viendo qué sale.


¿Nos querés recomendar alguna película o lectura para esta cuarentena?


De películas pueden seguir Cartelera Feminista, que es algo que iniciamos con el estreno de Una banda de chicas. Nos dimos cuenta de que había muchas chicas, muchas directoras en cartel, entonces armamos esta cuenta de Instagram que se llama Cartelera Feminista, donde están muchas de las pelis que se estrenaron al mismo momento que Una banda de chicas más las que se fueron sumando. Está La botera, está Las buenas intenciones, Mala madre, Línea 137, La protagonista. Después también hablé de Niña mamá, de Andrea Testa. De cosas de afuera… En cuarentena vi una película de una realizadora chilena, Dominga Sotomayor. Vi su primera película, que se llama De jueves a domingo. Me pareció increíble esa película, tiene un level así tipo Lucrecia Martel. Bueno, a Lucrecia no hace falta ni recomendarla, ya se sabe. También está Chantal Akerman, que la recomiendo, si quieren ver algo de historia. Increíble todas sus películas. Las hijas del fuego de Albertina Carri, que yo hice sonido directo de esa película. Muy increíble la peli también. Naomi Kawase, también, una directora japonesa, también muy increíble. Hay muchas cosas interesantes. Y de lecturas… yo ahora en pandemia leí el libro Las aventuras de la China Iron de Cabezón Cámara, me pareció increíble. Ah, se estrenó el jueves pasado Con nombre de flor, que es de la turca Carina Sama, está muy buena. Es acerca de Malva, una trans de 95 años, así que muy interesante, también, esa historia me pareció re copada.


Podés ver la película este sábado en el sitio web del cine MALBA, y también del 17 al 23 de octubre a través de la plataforma Contar, en el marco del Festival Escenario. En noviembre podrá verse en el sitio de Comunidad Cinéfila.




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