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Ante todo Marika

Entrevista a Marika Combativa


Por Paula Rodríguez Cavallo -


Trans Marika, activista y futura licenciada en psicología. Su DNI dice Joel Yamil, pero es conocida por todes como Marika Combativa, su nombre por elección. Decide cortar con el binarismo y navegar entre los pronombres al autodenominarse, aunque preferentemente use el femenino. Es oriunda del conurbano bonaerense (Morón) y desde el 2015 vive en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


A pesar de su popularidad en Instagram y todos los descargos que realiza sobre la coyuntura actual, aclara en uno de sus videos que no es capacitadora, ni se considera comunicadora social o docente. Da su opinión como puede, como le sale y como lo siente. No le interesa educar a nadie con sus historias porque no es su deber. Si alguien quiere capacitarse, la información está accesible en un montón de otros espacios digitales. Es por eso que con un temperamento fuerte y una importante dosis de humor combate los discursos lesbo-homo-trans-odiantes y heterocispatriacales.


Le pregunto sobre el lenguaje, y me dice que apropiarse del lenguaje es muy necesario, y que se tienen que utilizar todas las letras de la sigla LGBTIQPNA+ y las que vayan surgiendo para nombrar nuevas identidades, ya que hay que entender de una vez por todas que el lenguaje se construye y no es algo real y concreto, sino artificial y político”. Y para nombrarse, me dice: “puedo ser un montón de ‘cosas’, argentine, kirchnerista, pero ante todo Marika (como dice la Wayar), y hoy en día en esta sociedad horrible eso cuesta un montón.”


Analizando su historial en Instagram, me cuenta que le resulta una “paparruchada” el contenido que al principio compartía en comparación con lo que hace actualmente. Necesitaba trabajar y lo pedía en sus redes. Fue así que un día una seguidora, ahora amiga, le ofreció trabajo, y tuvo que empezar a barajar los tiempos entre la responsabilidad de un empleo “formal” que le asegure comer, sumado a la demanda y exigencia que generan las redes sociales. Recibe mensajes constantemente, muchos contando experiencias, algunos pidiendo ayuda, y otros con sugerencias sobre lo que debería o no decir y críticas a su contenido. Para eso recomienda que esas personas generen su propio contenido y que le den unfollow en vez de preocuparse tanto por sus publicaciones.





Hace ya varios años Marika se dedica a dar talleres. En un principio eran sobre Educación Sexual Integral (ESI), Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) e Interrupción Legal del Embarazo (ILE), pero actualmente se especializa en masculinidades. Plantea colectivizar el pensamiento y el accionar de las masculinidades de hoy en día para dejar de reproducir la figura de varón cis heterosexual que conforma este sistema que oprime a toda identidad diferente a esa. Propone repensar la masculinidad. Es por eso que cuando comienza el curso les aclara a sus participantes que no le interesa la opinión individual de cada uno sobre temas como el 8M o el aborto, sino que prefiere que se junten entre varios y construyan saberes colectivamente. Y enfatiza: “si no se los decís, no lo hacen”.


Esto también lo busca en los políticos “Dejemos de pensar patriarcalmente como el ‘yo todopoderoso’, todo lo puedo, todo lo sé. No. Por suerte tenemos un presidente que dice ‘che, yo no entiendo una mierda de esto y le consulto a los médicos’. Eso quiero yo, una persona que admite que no sabe y pide consejo. No (como) el otro, que venían, nos rompían todo y decían ‘perdón, estamos aprendiendo con sus vidas, ahora vamos a ir para atrás y vamos a volver a arrasar con todo de otra forma’. Cómo cambia el discurso, ¿no? En mis talleres pongo un audio de Macri diciendo que a las mujeres les gusta que les griten cosas en la calle, ‘qué lindo culo que tenés’, y lo comparo con ahora que tenemos un presidente que habla de la violencia de género, que habla de personas no binarias y de que existen más de dos géneros. Para los que estamos en tema nos puede parecer algo básico y re 2011 pero que lo diga un presidente en cadena nacional me parece… digo gracias [...].


Yo me enamoré ahora de Alberto, no en campaña, no al principio, ahora. Me gusta escucharlo. Cuando dijo lo de la Ley Micaela, que dijo, “empezando por el Presidente” [...]. Y estoy re orgulloso del gobierno que tenemos. Menos mal que tenemos este gobierno en la situación estatal que tenemos. Volvimos a tener Ministerio”.


¿Cuánto confiás en las políticas públicas que está aplicando el Estado? ¿Le tenés fe a futuro?

“Siento que falta muchísimo. En especial con género y nuestra comunidad LGBT. Es una deuda muy grande. Todavía no hay un reconocimiento del Estado del genocidio travesti-trans. Desde ahí, esa es la base, el piso para empezar a hablar; reconocer y reparar. Porque ahí entran un montón de identidades que fueron avasalladas por el Estado como sistema. Por eso la importancia de visibilizar lo de genocidio, porque es el asesinato sistemático. Es un sistema que se encarga de destruir a esa población. Y en esa caemos todas, la más y la menos trans; depende de cuánto se te note, de tu color de piel, de cuánta plata tengas en el bolsillo. Ahí siento que le falta muchísimo. Pero de 2012 a 2020 avanzamos un montón, y eso es conquista de los movimientos sociales y organizaciones por los derechos LGBT.


Yo siento que hay personas que lo están haciendo, se están escuchando voces muy importantes, que son las de las protagonistas, pero también siento que hay una especie de, como yo le llamo, marxismo ortodoxo, que posterga un tema por otro. Y no es postergar tema, como el marxismo posterga el género por sobre el capital, que no existe, porque sino en Rusia y en Cuba no habría patriarcado. Acá me pasa lo mismo, yo entiendo el hambre, pero el hambre, aparte de ser hambre, es hambre patriarcal, racial, religiosa, porque las mujeres son las que más se cagan de hambre. Entender el género como una conciencia, saber dónde estás parade, para entender qué privilegios tenés y qué derechos le faltan a le otre. Porque la conciencia de clase y la de género te permiten decir eso, ‘yo estoy acá’. Acá, y hay un montón de gente abajo, y hay un montón de gente arriba. Tengo que ayudar a las personas que están abajo, porque gracias a esas personas que no tienen derechos yo estoy acá, y después tengo que ir a reclamarle a los de arriba, y yo le reclamo a todos los cis paki. Callate y pagame, callate y contratanos porque la tenés re fácil. De ahí para abajo, no sé a quiénes le reclaman los cis paki (risas).”


¿Qué tanto le creés a les cis pakis que se hacen llamar aliades?


“Imaginate que vivo con mucha extrañeza mi orientación sexual, que podría llegar a definirse como homosexual, ponele. Soy lo más parecido a un homosexual, sin diferenciación de cis o trans. Y no creo en mi sexualidad, imaginate que tampoco le creo a un paki. Ya que (alguien) sea un paki es como… ay… ¿qué estás sosteniendo? Si no, tenemos un hetero en fuga, que no es lo mismo que un paki. La Wayar habla mucho del hetero en fuga, que es una persona sí aliada que sí nos va a ayudar. [...]

Pero no les creo mucho desde el sostener. Como que me suena mucho al discurso del rancio que dice ‘y bueno, yo estoy criado así, son muchos años, te lo dicen a los 20, a los 30, a los 40 y a los 70’. Y hay gente de 80 que tiene la cabeza mucho más deconstruida que yo que tengo 31. Entonces, la edad no es un parámetro, el nivel educativo tampoco lo es. Sí obviamente las preocupaciones que uno tiene en la vida: no es lo mismo la gente que tiene tiempo de pensar que la gente que tiene que pensar en comer. Ahí también tenemos el privilegio de replantearnos cosas. Pero no les creo mucho cuando los cisheterosexuales se nombran aliados. Es difícil.


La crítica a la heterosexualidad es del sostenimiento de prácticas. Ser heterosexual es seguir sosteniendo discursos que tienen que ver con el binarismo, con las etiquetas políticas hombre y mujer, seguir planteándose que existe lo mujer, hombre, lo femenino y lo masculino como único par binario. Hay que empezar a entender que no es lo único que existe, e identificar lo trans que tiene cada une adentro, y sin pensar que todes somos trans, porque no, ubíquense, el/la que es trans es trans, y el resto no. Pero poder ubicar cómo nos formatearon desde chiques para interpretar un rol, femenino o masculino, y dependiendo el marco teórico que tenés vas a tener esas etiquetas de mierda.”


¿Qué cambios sociales notaste en los últimos años y qué grandes consignas creés que nos quedan pendientes como sociedad?


“Yo siento que veníamos generando un cambio social muy importante, pero de verdad en 2015 empezó a retroceder. No sé si tiene que ver con mi marco teórico o mi contexto sociohistórico. Haberme mudado de provincia a CABA me cambió mucho todo; cambia el gobierno. Ahí empecé a sentir una persecución y hostilidad en los espacios públicos que antes no sentía, y no sé a qué se debe, si a mi cambio de percepción o a un cambio realmente en la sociedad. También creo que si algo entendimos con los feminismos es que nuestra vocación es la ESI, primero porque la información de calidad la tienen les niñes. Les niñes que no están ni siquiera formateades y cagades en esta cagada que conocemos. Porque hasta la forma en la que pagamos impuestos está mal. Le preguntás a une niñe de cinco años “che, ¿cómo deberíamos pagar impuestos?” y en dos horas te saca un sistema económico que le vuela la gorra al capitalismo. Pero bueno, niñe, viste. Entonces hay que hacer mucho foco en eso, en la ESI, en la educación de calidad, desde el amor.


Yo lo que trabajo mucho en mis talleres es la falta de la figura paterna amorosa. No existe. Y siempre les digo: no podés decir ‘mi papá era bueno’, es como decir ‘todos los hombres no violan’. Es la excepción a la regla y a la norma. Obviamente que hay casos aislados o no, no soy estadista y no me interesa la estadística. Tampoco de madres que no son amorosas, sí, bueno, puede ser. Pero el concepto de madre es el que besa, que abraza, que acaricia. Y el concepto de padre no. Porque un padre que besa, que abraza, que acaricia ya me está dando miedo, de hecho. (Risas)


Entonces, (es importante) empezar a visibilizar esa falta de amor paterna que hay en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad, por lo menos actual, y poder generar, como dice un texto de Robert Bly, dispositivos de homosocialización, es decir, que los varones se puedan validar entre varones. Para poder suplir esa falta que tienen de una figura paterna que abraza, que valida, que acepta, que no violenta. Los varones son criados a los golpes. La organización de varones antipatriarcales sacó un documental que se llama No me dejaron llorar y es eso, el varón es una cagada, es lo peor de la especie.”


¿Qué opinas de que los varones vayan a las marchas?


“Yo les digo que hasta que ellos no se organicen como varones cisheterosexuales y nos demuestren que son inofensivos no vengan (lo cual es muy difícil). Yo como una marika no voy, pero ¿por qué? Por mi cuerpo político. Mi cuerpo político es un cuerpo leído como una masculinidad, aunque soy NB; mido 1.80, tengo mucha barba. Entonces hay personas que pueden decir ‘esto es un varón’, y de hecho un varón que se parece a quien me oprimió y/o violentó a mí. Entonces, como entiendo eso, no voy.


Yo he visto un montón de cis varones mirando y sacando fotos de maneras no respetuosas en la calle. Incluso los que trabajan en gráfica que sacan ciertas fotos. Nos pasa también en la marcha del orgullo. Vos ves quién viene al zoo, a ver animalitos y tirarnos comida. Y acá pasa lo mismo, con la diferencia de que acá son feminidades poniendo el cuerpo. Y no es que la están pasando bomba. A mí me lo han dicho en la marcha del orgullo cuando subí en tanga a leer un discurso. Yo no me estoy exponiendo porque tengo ganas, esto es una respuesta política. A mi me cuesta un montón salir así a la vida, pero lo tengo que hacer porque es mi forma de reclamar y de hacer ruido. Y porque tengo la bancada de mis compañeres que me dicen ‘dale, vamos, salí, animate’. Ponernos un short cuando no somos hegemónicos es una respuesta política. Entonces es eso, respetar esos espacios y registrar la incomodidad de las personas. Si hay personas que se sienten incómodas no vayas, no es tu lucha.

Fotografía de Santiago Carcamo -

Lo que te decía antes, ‘no me importa tu opinión del 8M, varón’. Hagan una organización. Hasta que los varones no se organicen, no son compañeros ni aliados, son estorbos. Porque nos preguntan ‘¿qué hago?, ¿qué agarro?, ¿qué digo?, ¿qué puedo hacer?, ¿entonces no puedo violar?’, así que hasta que no entiendan lo que no pueden hacer y se organicen como varones, no son mis aliados, son un estorbo a la organización.


En mis talleres los invito a que se organicen y hablen del tema. Son una de las voces autorizadas para hablar de las masculinidades, de varones. Que dejen de hablar de nosotras, de las maricas, las trans y travas y de las cis mujeres y lesbianas. El colectivo LGBT (desde mucho antes de Stonewall) y los feminismos vienen denunciando hace muchos años a las cismasculinidades. Faltan ellos denunciando a los machos y ya está, estamos todos del mismo lado. Pero hasta que no suceda, son una masa peligrosa.”


¿Qué relación hacés entre la sexualidad y las masculinidades?


La sexualidad (es) súper acotada, porque la educación que recibimos es la del porno industrial, hecho por y para cis varones. Pero lo consumimos todes. Entre los 9 y los 12 años les niñes acceden al porno en internet, entonces nos formatean a todes bajo esa sexualidad ‘cis heterosexual masculina’ solo penetrativa. Entonces, siento que la sexualidad y la masculinidad, en estos términos, juntas, son un fracaso. La sexualidad bajo el patriarcado tiene tres pilares: la erección, la penetración y la eyaculación. Si no hay uno de estos tres componentes no hay ‘acto sexual’ para quienes fuimos educados bajo este paradigma. De repente, vienen las compañeras lesbianas con carteles a decir ‘las lesbianas también cogemos’, y encontramos un abanico de posibilidades que van mucho más allá de una forma de tener relaciones que es la penetrativa y al mismo tiempo la de acabar y eyacular. La cultura de acabar, como si acabar garantizara placer. Hay veces que hay muchísimo placer, y no tiene nada que ver con la práctica de acabar, eyacular o tener un orgasmo sino con la práctica en sí de lo que estoy viviendo. Que a veces no tiene que ver con penetración, y a veces incluso ni con contacto.


La sexualidad y la masculinidad tradicional cispaki son dos factores horribles y súper acotados, porque el varón no puede sentir nada. Los hombres no gimen, no hacen ruido, son mudos en el sexo… Además uno de los mandatos de la masculinidad es mantener el mito del varón como proveedor simbólico, económico y erótico. Quiero decir con ‘proveedor erótico’ que el hombre sabe cómo y cuándo. Y (en realidad) no saben ni cómo ni cuándo. Son un desastre, y no pueden decirlo, porque si lo dicen dejan de ser hombres. Yo los invito a preguntarles a cada cuerpo con el que estén cómo y cuándo, por dónde, a qué velocidad, etc. No generalizar. El tema no es romper la práctica sexual, el tema es romper la naturalización y que todos los días sea lo mismo.

Cuando en los talleres les pregunto a los cis varones la diferencia entre vulva y vagina empiezan a entender que no saben nada, y al mismo tiempo se relajan. Porque el no saber es lo que los vuelve más atractivos, a veces. Y que exploren en su espacio privado su propio cuerpo, su analidad”.


¿Qué diferencia podés encontrar entre el origen de la masculinidad y la actual?


“Hay como una guía a seguir que tiene que ver con unos dichos que menciona Bourdieu, en el texto de La dominación masculina, que dice que lo que sostiene a la masculinidad hegemónica es el emblema de la virilidad, y que la virilidad es epocal, es decir, que depende en qué época nos paremos, la masculinidad hegemónica va a ir variando. Siempre les digo en los talleres que si nos paramos en el siglo xv en la sociedad burguesa ser viril, masculino, un macho era usar taquitos, medias de nylon, peluca y maquillaje blanco. Hoy salís así a la calle y te matan. Pero más allá de los cambios que pueda sufrir la masculinidad y las formas de expresión de la virilidad con el paso del tiempo, hay un emblema de la masculinidad que se mantiene que es la de varón proveedor, con limitación emocional, que no llora. Entonces no me parece justo hablar de nuevas masculinidades ahora porque estos varones cis blancos heterosexuales se quieren deconstruir, que a mi entender es porque quieren seguir teniendo sexo. Me parece muy injusto, porque a nosotros no nos decían ‘nuevas masculinidades’, nos decían putos, maricas, maricón, mariquita, etc.

Hay un concepto que es masculinidades híbridas que menciono en mi taller, y que refiere al concepto de masculinidad hegemónica tradicional, al que se le sumen características y elementos de una masculinidad no hegemónica compartiendo los espacios. Las masculinidades tradicionales tienen que ceder el espacio de privilegio y aprender de los relatos de otras identidades masculinas: las maricas, los gays, los putos. Es el concepto en el que más creo, porque es un concepto de socialización. Yo siempre digo: yo no leo un libro de cómo vive una compañera lesbiana, yo tengo amigas lesbianas y lo mismo con el resto de las identidades. Y así y todo solo conozco la vida de esas personas, que un poco podemos colectivizar, pero nunca generalizar”.


¿Cómo te llevas con la tensión que hay en los feminismos entre la postura abolicionista y la que reclama derechos laborales para les trabajadorxs sexuales?


“Es muy difícil pero no es imposible. Entiendo el sistema prostituyente como parte de este genocidio travesti-trans en la que las familias heterosexuales expulsan de sus casas a las feminidades trans principalmente, desde muy niñas, sin dejarles otra opción laboral que no sea vender su cuerpo. Y ahí se entiende el abolicionismo. Pero también escucho el reclamo de personas adultas, que deciden ejercer dicho trabajo, porque es un trabajo, y merecen derechos laborales. (Marco) la diferencia entre el maltrato en la infancia, la pedofilia y las personas adultas que dan su consentimiento para el hecho sexual que ofrecen. El abolicionismo me parece una idea muy romántica. ¿Cómo vamos a hacer desaparecer a toda una clase de trabajadorxs?. Y volvemos a las leyes. Si hubiese una real implementación de la ESI, no habría transodio y no llegarían a expulsar a niñas trans de sus casas, ni a criminalizar a les trabajadorxs sexuales.”


Marika es de esas personas con las que se puede hablar de todo. Es sumamente solidaria y siempre tiene mucho para decir. Pasó del “no me representan” en 2010 con la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario a tomar conciencia de clase y de género y formarse en el activismo disidente hasta llegar al día de hoy con una soltura increíble y un discurso brillante.


Actualmente, por la situación de aislamiento preventivo obligatorio en el país no está dictando sus talleres presenciales, y está trabajando a través de la modalidad online. Te recomendamos seguirla en su Instagram, donde vas a encontrar debates muy interesantes que está generando con otras personalidades sobre diversos temas como el teje solidario de la Mocha Celis, la despatologización de las identidades trans y la salud mental, entre otros.


Acá podés obtener más info sobre su trabajo y sus talleres.

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